La poesía de Kripton
Literatura

La poesía de Kripton

El Testamento de Clark Kent

La portada del libro dice claramente que el autor es Héctor Carreto, pero decir eso no es suficiente. Hay que aclarar también que el libro es de Clark Kent, mejor conocido como Superman. El autor toma prestada la voz del último hijo de Kripton y desarrolla un testamento en el que se despide del manto y se rinde ante su forma más humana. El mundo, entonces, será protegido por alguien, tal vez, menos enamorado.

Carreto, quien ganó el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes en 2002 por su obra Coliseo, nos deslumbra ahora con una voz ajena en la que logra ponerse la capa y las botas, pero también el saco y las gafas. Testamento de Clark Kent fue publicado en 2015 por la editorial Almadía y, curiosamente, vio la luz justo entre los estrenos de las últimas dos películas de Superman: El Hombre de Acero, de 2013 y Batman vs Superman, de 2016. Este libro, además, está ilustrado por Alejandro Magallanes quien, con trazos muy sencillos y simpáticos decora algunas de las páginas.

En esta obra nos encontramos con 66 poemas que orbitan un sólo tema que podría no ser muy usual en la poesía: los superhéroes. Se trata de indagar en las percepciones de uno de los personajes ficticios más importantes de la historia. ¿Cómo es que semejante ícono se enfrenta a las cosas más elementales de los terrícolas? ¿cómo se ve el mundo desde los ojos del mayor de todos los héroes?

Superman es extraído de los cómics y habita un nuevo universo construido por Carreto. Aquí no existen las distinciones entre Marvel y DC, pues el héroe, en muchos momentos, evoca a otros personajes lejanos como los Hombres X y los Cuatro Fantásticos. De algún modo, nuestro protagonista también se asimila como celebridad: sabe que hay películas respecto a él, sabe que hay historietas y series de televisión que lo retratan como un ser divino. Sin embargo, Clark Kent ya está harto de estas ideas, pues también reconoce que no es un alienígena perfecto.

Foto: Alamadía

LUISA LANE

El poemario llega a sostener una subtrama que gira en torno a Luisa Lane, de quien Kent está enamorado. En varios momentos, uno va entendiendo que el héroe cede ante un inevitable enamoramiento, y es entonces cuando el tono del libro se hace erótico. Desde las primeras páginas descubrimos un amor que no es correspondido, que nuestro protagonista ve a Luisa, la periodista, de muy lejos. Desde Kripton la observa en su telescopio cruzar una pierna o en la oficina, detrás de un monitor, la mira caminar y sabe que a pesar de los músculos no tendría oportunidad con ella.

El deseo por conquistar el amor de Luisa es uno de los principales problemas de Clark y, de cierto modo, es uno de los motivos por los que su renuncia se va anunciando. Es a partir de este amor imposible que el superhombre comienza a contemplar su vulnerabilidad: “Los espigados tacones de Luisa L / escalan pisos que llegan al firmamento, / y son tan veloces, que ni Hermes / ni yo les damos alcance”.

De este modo, las posturas de la voz poética comienzan a evocar la tristeza y la soledad, así como distintos cuestionamientos respecto a su razón de ser en un mundo en el que es un extranjero y el último habitante de su planeta: “No sé bien que hago en este planeta, /no encuentro con quien conversar en mi idioma. /Tu sangre y la mía, mujer, no son compatibles / … / Estoy más solo que Dios”.

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La identidad secreta es un tema que con frecuencia se va desprendiendo de los versos de Superman, pues se nos muestra un anhelo muy legítimo por dejar de usar la capa y el leotardo azul. El deseo de vivir con nada más extraordinario que una corbata, un saco y unas gafas de fondo de botella se expone en distintos momentos del libro, incluso, es sorprendente ver este deseo cuando se enuncia desde el espacio exterior.

La paciencia tiene sus límites está escrito con la voz de de Luisa Lane. Foto: dcuniverse.com

Es importante destacar los viajes que los textos nos permiten hacer. Creando un juego de contrastes, presentan poemas que se ubican en lugares como oficinas, departamentos o avenidas y otros que van a los lejanos orientes del universo: “Cuando retorno a casa, / después de la jornada del diario / o de una larguísima gira interplanetaria, / no me aguarda la reportera / con la cena caliente”. También el libro nos asiste a lugares más propios del superhéroe, como su planeta natal, Kripton, o la Fortaleza de la Soledad, donde se encuentra un refugio para los hartazgos del superlocatario.

En Odisea del espacio, además de un clara referencia a la cinta de Stanley Kubrick, encontramos un poema escrito en prosa donde el protagonista relata cómo fue que una película estrenada en Kripton se convirtió en un rotundo éxito de taquilla. El filme trataba de un peatón de vista corta y de músculos flácidos que no tenía más superpoder que su astucia.

BATMAN VS SUPERMAN

Si bien aquí Batman no se presenta directamente como un rival, existen ciertos poemas que se encargan de subrayar la siempre interesante antítesis entre ambos héroes. Se enuncia en el libro que funcionan como perfectos opuestos y que tarde o temprano se complementan, aunque claro, hay versos en los que Superman no logra identificarse con el caballero de la noche: “¿Psicóticos, violadores, / asesinos cereales? / … / Lo mío es combatir delincuentes diurnos”.

En el libro podemos encontrarnos con varias voces. Aunque en su mayoría los poemas parten de Clark Kent, existen otros personajes que lo contemplan y aportan una nueva perspectiva a la temática del poemario. Entre ellos se encuentra su propia madre; su amor imposible, Luisa Lane, e incluso un psiquiatra y un vecino.

Escena de Batman vs Superman (2016). Foto: guim.co.uk

Como ocurre en otro libro de Carreto, La espada de San Jorge (1982), existen algunos poemas que funcionan como un diálogo: uno le contesta al otro. En La madre evoca y en Disfraz nos encontramos con un juego parecido en el que el primero de estos poemas es narrado por la madre de Clark y recuerda la peculiar infancia de su hijo: “Era un niño normal, como todos. / Después de sus labores escolares, / mientras otros hacían rodar su bicicleta / mi hijo volaba muy bien, y muy alto”. Y en el siguiente texto, el hijo responde: “Lo siento, mamá, no puedo salir así. /… / mejor me protejo con anteojos, / me fundo con la masa / y me arrastro calles arriba”.

Más adelante aparece Luisa, quien mantiene posturas bastante interesantes respecto al héroe. En La paciencia tiene sus límites tenemos la primer aportación de este personaje, quien se asume como fastidiada de ser la pareja de Superman: “Estoy harta de verlo volar, / de verlo sostener estúpidos puentes / o apagando incendios / a horas de estar en la cama / … / Estoy a punto de tomar mis cosas / y cambiarme de planeta”. Más adelante también nos explica lo complejo que pueden llegar a ser los compromisos familiares con un novio como Kent: “No, querido, no me importa si tienes que asistir a la marcha del día del maestro […] o salvar al planeta de los vampiros multinacionales. Hoy es el pastel de nuestro niño. Te quiero aquí, a las cinco en punto y sin disfraz”.

La gran culminación del libro es la renuncia del manto de Superman. Parece que las cosas mejoran para Clark después de varias líneas tristes y finalmente obtiene el amor de Luisa. El héroe se despide porque más allá del amor ya no hay villano que le motive a volar: “Anoche una mujer me besó / y con ella sostuve un combate / dulce y feroz, donde ambos salimos vencedores”. Después de tal suceso, Clark Kent se despide de la cruzada contra el crimen y entrega su atuendo, la capa y, sobre todo, entrega la estafeta al murciélago, “el mayor de los huérfanos”.

Testamento de Clark Kent termina con un Superman satisfecho después del recorrido por las emociones más tristes del personaje. El libro resulta ser una experiencia muy divertida, pues ofrece, mediante un lenguaje humorístico, una nueva cara del héroe más popular de todos los tiempos, pero más importante aún, nos regala poesía de otro planeta: poesía de Kripton.

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