Del cacao al chocolate
Nuestro mundo

Del cacao al chocolate

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En un zaguán de Pátzcuaro comí por primera vez granos de cacao. Los vendían tostados. Debido a su hollejo también tostado me parecieron como las habas de las frituras. Disfruté su amargor adecuado a mi adicción al chocolate que lo busco amargo por aquello de los riñones. Una razón más para la delectación del raro manjar es su notable presencia histórica.

Mucho tiempo después descubrí donde venden cacao en grano en Torreón: una tienda frente al mercado Juárez. No lo mercan tostado pero no me importa comerlo crudo. En Pátzcuaro se podía quitar la cáscara endurecida y arriscada por el fuego. Yo no lo hacía. Ahora ingiero cuatro granos cada día con todo y su pielecilla no flexible y sí avara.

El cacao, gracias a Hernán Cortés, salió al mundo de dos formas: en especie y nombrado en las Cartas de relación que el conquistador envió al rey Carlos V. En la quinta carta (1526), Cortés menciona el cacao repetidamente pero de manera circunstancial y más bien como producto que se cultiva.

Es Bernal Díaz del Castillo quien se refiere al cacao por algunas de sus propiedades. Por ejemplo –órale–, como afrodisiaco; pero también como manjar, como mercancía y como moneda. Al describir el ritual con que comía Moctezuma dice Bernal: “Traían en unas como a manera de copas de oro fino con cierta bebida hecha del mismo cacao; decían que era para tener acceso con mujeres […] traían sobre cincuenta jarros grandes, hechos de buen cacao, con su espuma, y de aquello bebía”. Más tarde escribe Joseph de Acosta que “las españolas hechas a la tierra, se mueren por el negro chocolate”.

Ya dueños de Tenochtitlan los conquistadores, Bernal narra que Cortés organiza un gran sarao y entre los lujos del jolgorio se ofrece “cacao con su espuma, y suplicaciones, y todo servido con ricas vajillas de oro y plata”. Y sobre una cena que convida el virrey apunta que entre abundantísimas delicadezas se sirvieron “muchas copas doradas, unas con aloja, otras con vino y otras con agua, otras con cacao y con clarete”.

Pero la primera vez que menciona el cacao es cuando, recién llegados a lo que ahora es Veracruz y ya dominados los totonacas, Cortés conversa con “el cacique gordo de Cempoala”. En eso llegan cinco recaudadores del tributo para Moctezuma y a los totonacas “se les perdió la color y temblaban de miedo”. Por eso dejan sólo a Cortés y pronto a los tenochcas les preparan comida “y les hacen mucho cacao, que es la mejor cosa que entre ellos beben”.

Volvemos a Tenochtitlan. Un día los conquistadores salen del palacio de Axayácatl a ver la grandiosidad de Tlatelolco. Al ir conociendo el mercado se asombran de su tamaño, su orden y la incontable variedad de mercancías. Entre todo el bullicio ven “cacahuateros que vendían cacao”.

Por su parte Cortés, en una carta que el 30 de octubre cumplirá 500 años, cuenta que le pidió a Moctezuma que mandara preparar una estancia para el rey en una provincia. A los dos meses, Moctezuma ya la tenía con muchas siembras, entre ellas “dos mil pies de cacao, que es una fruta como almendras que ellos venden molida y tiénenla en tanto, que se trata por moneda en toda la tierra, y con ella se compran todas las cosas necesarias en los mercados y otras partes”.

Finalmente, Bernardino de Sahagún, quien llegó a México en 1529, registra: “[…] el que lo sabe hacer bien hecho vende el cacao bien hecho y lindo […] a las veces le echan especies aromáticas, y aun miel de abejas y alguna agua rosada; y el cacao que no es bueno tiene mucha masa y mucha agua, y así no hace espuma sino unos espumarajos”.

Yo me lo como en grano.

Del cacao viene el chocolate, ambas voces son nahuas. De cacáhuatl, semilla de cacao: cacao. De xoco, amargo y atl, agua: chocolate. Estamos en el V centenario de que México, mediante Hernán Cortés, entregó el chocolate al mundo.

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