Bombas de lágrimas negras
Ciencia

Bombas de lágrimas negras

La amenaza de los barcos hundidos en los mares

Más de ocho mil buques de guerra y comerciales están hundidos en los mares del mundo, conteniendo en sus tanques millones de toneladas de petróleo y otros combustibles pesados que los convierte en peligrosas bombas ambientales. La mayoría de aquellos barcos proceden de la Segunda Guerra Mundial; algunos, específicamente buques alemanes, utilizaron carburantes sintéticos elaborados a partir de carbón mineral, aumentando la letalidad del combustible. Las miles de naves están en el fondo del Golfo de México, así como en las costas de Estados Unidos, de Inglaterra y de Noruega, oxidándose, pudriéndose ante el paso del tiempo y la negligente pasividad de los gobiernos del mundo. La inminente catástrofe acecha las costas.

Se calcula que el total de los barcos hundidos conservan en sus tanques alrededor de 20 millones de toneladas de hidrocarburos, algo así como dos millones y medio de barriles de petróleo, el doble de la producción diaria de México. En las costas de Noruega, donde se protagonizó una cruenta batalla naval en 1940, comienzan a emerger burbujas aceitosas que aniquilan la vida en su derredor.

Desde el descubrimiento de la amenaza ambiental, sólo en un par de ocasiones se extrajo el petróleo de las embarcaciones, justo en Noruega; en el resto de los casos se espera que broten los mantos de hidrocarburos en cualquier momento.

RESABIOS DE LA GUERRA

En 1999, Benedykt Hac, funcionario del Instituto Marítimo de Gdansk en Noruega, descubrió el riesgo de la fuga de petróleo en uno de los naufragios en las costas de su país; el navío alemán Stuttgart, con la dimensión suficiente para ocupar dos campos de futbol, comenzaba a liberar el combustible fósil. Cada año, desde entonces, Hac monitorea la constante fuga de crudo de los tanques de acero oxidado. Las pesadas gotas aceitosas que llaman “lágrimas negras”, se depositan en el fondo marino de donde obtienen muestras. Las evidencias recolectadas contenían un lodo singular que no poseía arena del mar; era el resultado de la mezcla del hidrocarburo y el agua, lo que supone una dificultad mayor en caso de intentar limpiar el mar.

Foto: Archivo Siglo Nuevo.

El reportaje de Christian Heynen, transmitido por la televisión alemana, muestra las imágenes de las “lágrimas negras” brotando de las grietas en el acero de los buques hundidos hace ochenta años.

La guerra naval que duró seis años en las costas europeas también hundió a navíos mercantes. Entre los protagonistas de las batallas destacan los submarinos alemanes apodados “lobos grises”; de acuerdo a las bitácoras de guerra, hundieron en promedio un barco cada seis horas.

El descubrimiento de Hac llamó la atención de la bióloga Dagmar Schidt Etkin, quien comenzó a indagar sobre la cantidad de buques hundidos en la Segunda Guerra Mundial. Su hallazgo encendió alarmas, aunque no movió a la acción porque succionar el petróleo de las profundidades tiene un alto costo económico que no desea asumir ningún gobierno.

Schmidt Etkin contabilizó solamente los barcos con motores de combustión interna y con un volumen de más de 400 toneladas de peso bruto, así como a los buques petroleros de más de 150 metros. La suma: más de ocho mil 500 navíos hundidos en todo el mundo, de los cuales seis mil 338 corresponden al periodo de la guerra mundial.

Dagmar estimó el volumen de hidrocarburo que aún se halla en las profundidades de los mares en función del tipo de barco hundido. Consideró que los tanques aún contenían al menos el 10 por ciento del petróleo, que resulta en al menos 20 millones de toneladas de combustible.

BOMBA DE TIEMPO INELUDIBLE

Desde la revelación de la bióloga Dagmar hace más de una década, hasta el momento, las fugas de petróleo aumentan constantemente. Los efectos de la oxidación en el acero implican su adelgazamiento a razón de medio a dos milímetros cada década; se proyecta que en veinte años más será peligroso y acaso imposible recuperar el crudo almacenado en los viejos tanques que estarán al borde del colapso a causa de la presión del mar.

Foto: dtf.ru

Del tema se evita hablar en las cumbres gubernamentales, especialmente en Estados Unidos, a pesar de que en las costas de Florida se halla el mayor número de buques hundidos, de los cuales cinco manifiestan una alta peligrosidad debido a la cantidad de combustible que contienen: se hundieron con los tanques llenos.

Las cifras de Dagmar parecían descabelladas, por ello Lisa Symons, funcionaria de la Administración Nacional Oceánica de los Estados Unidos, verificó las condiciones de las embarcaciones y clasificó los niveles de riesgo. Midieron el tamaño de los barcos y calcularon la cantidad de combustible nuevamente; volvieron a clasificar los niveles de riesgo y la conclusión fue similar: el peligro es evidente.

La guardia costera norteamericana posee la lista de los navíos, pero no ha implementado alguna estrategia para prevenir la tragedia.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (de Estados Unidos), está monitoreando y corriendo modelos a futuro, a simple vista se presentan las irregularidades. En el análisis de riesgos aparecen buques hundidos que presentan patrones inusuales, se marcan los derrames, el más pequeño cubre una superficie de un kilómetro cuadrado de daño”, reseña en su reportaje Christian Heynen.

El Coimbra fue un buque petrolero británico construido en 1937 y hundido por los alemanes en 1942 a 50 kilómetros de Estados Unidos. La oficina norteamericana notificó en dos ocasiones a la Guardia Costera que las mareas de petróleo visibles en la costa de los Hamptons, al este de Long Island en Nueva York, posiblemente procedían de los tanques de aquel navío.

La agrupación ambientalista Resolve Marine Group tiene la intención de comprobar que aquel barco, que cargaba 2.7 millones de galones de aceite lubricante pesado al momento en que fue hundido, es el responsable de las manchas de aceite en el mar.

En 1994, el gobierno noruego extrajo la mayor parte del combustible de siete barcos. Foto: EFE / Pointe D’esny

Se creía, teniendo en cuenta lo que sucedió en la noche de enero de 1942, que acaso todo el aceite a bordo (más de ocho mil toneladas) se derramó o se incendió y fue consumido después de que los torpedos lo hundieron. De hecho, este ataque naval fue tan intenso que los residentes de los Hamptons, viendo las llamas y el fuego en el Atlántico esa noche, llamaron a las autoridades para informar que otro barco parecía haber sido hundido. Tales avistamientos no eran infrecuentes a lo largo de la costa Atlántica”, es una de las reseñas de la Segunda Guerra Mundial recuperada por el portal Exordio.

RESCATES EXIGUOS

A lo largo de los 20 mil kilómetros de la costa noruega quedaron hundidos, aproximadamente, novecientos buques que ya presentan fugas en sus tanques. De aquellos, por lo menos 29 son catalogados de alto riesgo por la cantidad de combustible que contienen. Hans Petter Mortensholm, de la Administración Costera de Noruega, aseguró que la gente se está acostumbrando a ver las manchas de aceite por las constantes fugas.

Frente al desastre, el gobierno noruego extrajo en 1994 la mayor parte de combustible de siete barcos, pero aun quedan cientos de kilos porque en algunos casos resulta peligroso aspirar el hidrocarburo debido a que se almacenó cerca de las bodegas de municiones.

Una de las mezclas succionadas llamó poderosamente la atención de los expertos en hidrocarburos, por su fuerte olor y alta toxicidad, mucho mayor a la del petróleo. El combustible provino del destructor alemán Erich Giese. Al analizar descubrieron que se trató de un combustible elaborado con carbón mineral, porque en aquel momento los alemanes pasaban por una escasez de petróleo. La fórmula con carbón resultó mucho más dañina para el ambiente.

Las secuelas de la guerra aún se padecen. En el caso del petróleo que yace en el fondo del mar contenido en los tanques de acero de los barcos, son auténticas bombas cuya destrucción será irreversible.

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