Testimonio de 500 años de mestizaje
Nuestro mundo

Testimonio de 500 años de mestizaje

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En Tlaxcala, Veracruz, Puebla, Guanajuato y la Ciudad de México, hasta donde me he dado cuenta, organizaron mesas redondas, conferencias, paneles, charlas, presentaciones de libros y actividades similares para reconsiderar la Conquista en el V centenario de la llegada de los europeos a lo que ahora es nuestro país. Algo equivalente sucedió en España. En ambas naciones aquellas tareas se concentraron en lo ocurrido a partir de 1519, cuando Hernán Cortés y su flota salieron hacia lo que se creía una gran isla, Yucatán.

Pero ahora se trata sólo de considerar que la segunda de las Cartas de relación de Hernán Cortés, acerca de la conquista de México, misma que ahora está cumpliendo sus primeros cinco siglos puesto que la fechó el 30 de octubre de 1520, entre muchas enseñanzas que puede contener revela que los mexicanos somos el producto del mestizaje de tres poderosísimas fuerzas. La potencia europea invasora, el grandioso imperio azteca que le resistió y la imbatible insumisión tlaxcalteca son los tres poderíos que sustentan, o deberían sustentar, el espíritu mexicano actual.

La carta que vive su quinto centenario revela en sus primeras líneas que Cortés y sus huestes salen de Cempoala hacia la capital del imperio azteca el 16 de agosto de 1519. Cempoala era una población cercana al puerto de la Vera Cruz. Pero antes los conquistadores habían conseguido su primera victoria en Centla (Tabasco), en marzo de 1519.

Al avanzar desde la costa para arrebatarle a Moctezuma su imperio, Cortés y sus aliados indígenas encuentran resistencia de los súbditos de Tenochtitlan, mas ninguna como la de los autónomos tlaxcaltecas comandados por Xicoténcatl el Joven, capitán de los ejércitos del territorio que, rodeado por el imperio azteca, permanecía libre. Pero Cortés ya había escuchado las voces opuestas al imperio de Moctezuma y al pactar la paz con los tlaxcaltecas por consejo de Xicoténcatl el Viejo los suma como aliados. Así quedan unidas la fuerza tlaxcalteca que no había podido someter el imperio mexica y la fuerza del imperio español.

Juntos el poder de los siempre insumisos y aguerridos tlaxcaltecas y el poder de los europeos y sus aliados indígenas se encaminan a Tenochtitlan. Los súbditos del poderoso imperio azteca se les oponen con armas y diplomacia, como hicieron desde que los extranjeros se instalaron en Veracruz. Estas tres fuerzas del siglo XVI, mexicas, tlaxcaltecas y europeos, son las que deberían estar presentes en el espíritu mexicano.

La civilización azteca cuya energía bélica y creadora dejó incontables testimonios en la historia y en la geografía; el poderío tlaxcalteca que sobrevivió insumiso a pesar de estar cercado por el imperio mexica y la potencia europea que había tenido la suficiencia para cruzar el Atlántico y explorar y colonizar vastedades no imaginadas son el trío de fuerzas nutricias que debían alimentar la psicología de los mexicanos.

La experiencia de la conquista revelada por la segunda carta de relación que Hernán Cortés remitió a Carlos V (igual que las otras, con sus datos imprecisos, sus toques de ficción y sus dosis de verdad) es el testimonio del enérgico mestizaje que surgió con el trenzado de las tres potencias que se encontraron, se colisionaron y posteriormente convivieron en los años clave de la historia de México que son los de 1519, 1520 y 1521, por no mencionar sino sólo esa secuencia, aunque la conquista se haya alargado en años posteriores estorbada por la resistencia autóctona.

En celebración de su existencia valdría la pena leer la segunda carta de relación por su V centenario. En sus últimas páginas se asistirá a la batalla en que los mexicas recuperan Tenochtitlan y expulsan a Cortés y sus huestes, quienes se refugiarán en Tlaxcala, donde el conquistador la escribirá.

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