La teoría del apego de Bowlby
Familia

La teoría del apego de Bowlby

Vivencias de infancia que marcan los vínculos afectivos

Déjalo llorar” es un consejo relativamente común que algunas mujeres dan a las madres primerizas. La creencia extendida es que de esta manera el hijo aprenderá rápidamente a valerse por sí mismo, a no tener miedo de estar solo. Pero, en realidad, dejar a un bebé desatendido por tiempo prolongado sólo le provocará ansiedad e inseguridades futuras.

El apego es el vínculo afectivo que se desarrolla cuando una persona tiende a buscar contacto con otra. La primera relación de apego es la del bebé con su madre. Cabe mencionar que no se trata de conductas que se manifiestan de una forma mecánica, sino en relación con el entorno.

El psicoanalista inglés John Bowlby, notable por su interés en el desarrollo infantil y sus trabajos pioneros sobre la teoría del apego, recalcaba que la adecuada salud mental del infante resulta de una relación cálida, íntima y continua con su madre, en la cual ambos encuentran satisfacción y alegría.

La teoría desarrollada por Bowlby entre los años 1969 y 1980, describe el efecto que produce este primer apego en el desarrollo: aporta una seguridad al niño que le permite la exploración del mundo. Cuando se siente separado de la figura de apego, el pequeño experimenta ansiedad, disparando inmediatamente esfuerzos por atraerla; todo esto acompañado de sentimientos de protesta, desolación y abandono frente a su pérdida.

Los investigadores Ainsworth y Bell, en 1970, evaluaron la calidad del apego durante los dos primeros años de vida, mediante un experimento que denominaron “situación extraña”. En él, observaron el modo en que el niño organizaba su conducta, en relación con su madre, durante una serie de episodios estresantes ensayados. Estos incluían una situación extraña, el encuentro con un desconocido y, finalmente, la separación materna por un breve lapso de tiempo.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

APEGO SEGURO E INSEGURO

A partir del estudio, establecieron una distinción fundamental entre apego seguro e inseguro.

En el primero, el niño sabe que puede tener la confianza, la disponibilidad, comprensión y ayuda de la figura parental en diferentes situaciones. Se siente animado a explorar el mundo y busca activamente el contacto con su cuidador, expresándole sentimientos tanto positivos como negativos, pues encuentra una respuesta favorable. Esto evoca sentimientos de pertenencia, de aceptación de sí mismo y de confianza.

Los padres o cuidadores de niños con apego seguro, responden al estado emocional de sus hijos y son capaces de visualizar sus necesidades. Además, son coherentes entre lo que dicen y lo que hacen. No les supone un esfuerzo unirse íntimamente a las personas, pero tampoco les provoca miedo el abandono. Es decir, pueden llevar una vida adulta independiente, sin prescindir de sus relaciones interpersonales.

En cuanto al apego inseguro, se da cuando los niños han asumido que no pueden contar con sus cuidadores, lo cual les provoca sufrimiento. Se conoce también como evitativo porque los bebés presentan conductas de distanciamiento. Por ejemplo, no lloran cuando se separan de su madre, se interesan sólo en sus juguetes y evitan contacto cercano.

La aparente despreocupación por la separación de su madre puede confundirse con seguridad, pero distintos estudios han demostrado que en realidad estos niños presentan signos fisiológicos asociados al estrés. Viven sintiéndose poco queridos y valorados; muchas veces no expresan sus sentimientos ni entienden las emociones de los demás; por lo mismo, evitan las relaciones de intimidad. El menor termina prefiriendo el distanciamiento emocional, pues las conductas de sus padres no le han generado suficiente confianza.

En el apego inseguro, los cuidadores expresan rechazo cuando el bebé manifiesta necesidades que atender. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Los cuidadores se relacionan con el niño con una mezcla de angustia, rechazo, repulsión y hostilidad. Esto se expresa mediante actitudes controladoras, intrusivas y sobreestimulantes. Por ejemplo, se sienten amenazados por el llanto o las necesidades insatisfechas del bebé, pero no actúan para controlar la situación. Por el contrario, toman distancia, forzando al bebé a modificar su estado emocional a uno más tolerable para los adultos.

OTROS TIPOS DE APEGO

La teoría del apego también incluye al ansioso-ambivalente, que se caracteriza por la expresión de sentimientos contrapuestos, lo cual frecuentemente genera angustia. Es el caso de los niños que no confían en sus cuidadores porque a veces están y otras no, pero que frecuentemente buscan su aprobación. La inconsistencia en las conductas de cuidado de los padres es una constante: no responden a los niños, pero tampoco les manifiestan rechazo.

Las emociones más frecuentes en este tipo de apego, son el miedo y la angustia exacerbada ante las separaciones, así como una dificultad para calmarse cuando el cuidador vuelve. Los menores vigilan permanentemente que no les abandonen, lo cual hace que exploren el ambiente de manera poco relajada.

Finalmente, está la ausencia de apego, también llamado apego desorganizado-indiscriminado, que fue estudiado por los psicoanalistas Main y Salomón en 1986. Aquí se produce una vinculación utilitaria; es decir, el niño sólo utiliza a las figuras de apego si es estrictamente necesario y sabe qué puede obtener de ellas. Lo hace para protegerse de experiencias de separación previas, donde hubo frustración y vulnerabilidad.

Es el caso de menores que fueron víctima de abandono temprano. Sus cuidadores poseen incompetencias parentales severas, frecuentemente sin recuperación, como patologías psiquiátricas crónicas o adicciones. La crianza es violenta e impredecible.

Los menores con ausencia de apego tienden a reacciones explosivas, como destruir sus juguetes. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Los menores tienen tendencia a reacciones explosivas e impulsivas, destrucción de juguetes, así como grandes dificultades para entenderse con sus cuidadores y con otras personas. Evitan la intimidad porque no han encontrado una forma de gestionar sus sentimientos, lo que impide la expresión de emociones positivas.

¿SE PUEDE CAMBIAR?

Actualmente existen muchos factores psicosociales que tienen consecuencias importantes en la formación del apego en los niños. Simplemente los padres muy probablemente tengan que trabajar largas jornadas, así que hay varios cuidadores alrededor de un menor. Esto no deja de ser un arma de doble filo, pero siempre existe la posibilidad de adaptarse al medio para adquirir las mejores herramientas que lleven a relaciones saludables.

Asimismo, el apego se puede trabajar en la vida adulta para mejorar. En la infancia, a través de los padres, se construyen las bases para relacionarse con los demás; pero todo individuo, al crecer, se ve involucrado en nuevas relaciones, ya sea de amistad, laborales o de pareja, y esto hace posible modificar cómo se vive el apego.

Se puede aprender de las formas de apego de diferentes personas. Por ejemplo: si un adulto con estilo inseguro tiene una pareja con apego seguro, esta se puede convertir en un ejemplo a seguir, siempre y cuando no se dependa de la validación de esa otra persona.

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