Monumentos de la antigua Yugoslavia
Arquitectura

Monumentos de la antigua Yugoslavia

Las ruinas de una visión futurista

En portada: Complejo Memorial en el Valle de los héroes en Tjentište, Bosnia y Herzegobina. Foto: Flickr / Casey Fox

Bloques rotos extienden sus salientes hacia afuera, dejando un espacio al centro, donde un camino conduce a su interior. Son escombros apartados y acomodados para abrir paso al futuro, conformando así el memorial de guerra Tjentište.

Tras la disolución de Yugoslavia, fueron olvidados monumentos que siguen erguidos entre terrenos naturales solitarios, como si se tratara de un artefacto caído de otro planeta o las ruinas de alguna civilización desconocida. Lo que ocultan es mucho más comprensible desde las épocas más convulsas del modernismo y sus intenciones vanguardistas y reformativas.

LA YUGOSLAVIA Y SU ESPERANZA

La historia de estos monumentos, también llamados spomenik, se intuye cercana a nuestra era, aunque en un sentido estricto pertenecen a un mundo diferente al actual. Fueron erigidos cuando la entidad política conocida genéricamente como Yugoslavia, había cambiado su nombre por cuarta vez después de la Segunda Guerra Mundial. En esta ocasión para convertirse en la República Federativa Socialista de Yugoslavia, su estado de mayor duración hasta su desaparición en 1991. Hoy, la antigua Yugoslavia está dividida en diferentes territorios, entre los que se encuentran los países de Croacia, Serbia, Bosnia y Herzegovina.

Encargados por el presidente Josip Broz Tito en las décadas de los años sesenta y setenta, el propósito de los monumentos es conmemorar los sitios donde tuvieron lugar las batallas de la guerra mundial o aquellos donde se construyeron campos de concentración en los alrededores de la extinta Yugoslavia.

Ligados al brutalismo por su construcción en hormigón y la fuerza de sus formas, mantienen en su intencionalidad una visión al futuro y un interés por comunicar confianza en el régimen socialista, al igual que ocurría con el constructivismo ruso. Sin embargo, las edificaciones soviéticas eran encargadas y supervisadas por el poder gobernante. En los spomenik, la diferencia radica en que tienen un atisbo más marcado de individualidad y libertad creativa. Yugoslavia era un país socialista que promovía la autogestión y permitía los viajes a occidente, y su gobierno de ese entonces ha sido descrito como una dictadura permisiva, una condición bastante anómala.

Monumento a los Tres Puños en el Parque memorial Bubunj, Serbia. Foto: Flickr / Roberto Conte

Sus formas, intrincadas y complejas, y en ocasiones angulozas y fuertes, intentan transmitir, precisamente, la fortaleza de una nueva organización social que, tras la división del mundo en dos bloques, prometería un futuro menos incierto. Pero no se trataba únicamente de un compromiso con la gente, sino que su visión debía competir con la del mundo capitalista, por lo que debía impulsar el progreso tecnológico y situarse como sistema hegemónico.

MEMORIALES DEL PASADO

Es aquí donde, dentro de estos intereses visionarios, surge un tipo de arquitectura y escultura angulosa y monumental, que congeniaba intensamente con la visión que el bloque comunista tenía de sí mismo dentro de un sistema en construcción. La proyección artística de estos monumentos revela una intención futurista que los hace parecer parte de un escenario de ciencia ficción.

La era del brutalismo yugoslavo dejó como resquicios de su ideología los llamados spomenik, que en esloveno significa, llanamente, monumento. El llamado Monumento a los Tres Puños en el parque memorial Bubunj, en Serbia, fue diseñado por Ivan Sabolić en 1963. Representan a los hombres, mujeres y niños que desafían al enemigo, cobrando un sentido de unidad y fortaleza.

Lo constituyen tres formas que, con formas geométricas irregulares, evocan puños levantados. En el lugar, miles de personas, principalmente serbios, romaníes y judíos, fueron ejecutadas por los escuadrones alemanes.

El Monumento Ilinden en Macedonia, es uno de los que pueden ser habitados. Su forma es la de una esfera con ventanas que sobresalen a modo de salientes visibles por toda su superficie. Contiene un museo en su interior.

Monumento Ilinden en Macedonia. Foto: Flickr / Alex

El complejo conmemorativo Kadinjača en Uzice, Serbia, se compone de estructuras de caras rectangulares, escalonadas, y tiene un anfiteatro para sus visistantes. Las dos grandes estructuras de su centro están esculpidas con una serie de bloques que se asemejan a un agrietado circular o impacto de bala estetizado.

En su primera fase (1952 a 1979), fue erigido bajo la cripta en forma de pirámide donde yacen los restos de los miembros del batallón de trabajadores que murieron durante la Batalla de Kadinjača. En una ampliación que tuvo lugar en 1979, a cargo del arquitecto Aleksandar Đokić y el escultor Miodrag Živković, alcanzó su apariencia y extensión actual. Cuenta además con un museo que alberga más de 300 artículos y documentos auténticos del evento conmemorado.

El Monumento a la Revolución del pueblo de Moslavina está ubicado en Podgarić, Croacia, y fue creado por el escultor Dušan Džamonja como homenaje hacia las víctimas de la Segunda Gran Guerra en general, aunque está dedicado especialmente a las personas de Moslavina que murieron por esta causa. Simboliza la victoria de la vida sobre la muerte.

El Monumento a los soldados caídos de Kosmaj se encuentra en la Montaña de Kosmak, Serbia. Se compone de seis extensiones agudas de hormigón de 40 metros, posicionadas en forma de estrella o corona. Está diseñado por el escultor Vojin Stojić y el arquitecto Gradimir Medaković.

El Complejo Memorial en el Valle de los Héroes, localizado en Tjentište y construido en 1971, lo constituyen dos bloques que se yerguen de manera inclinada con 19 metros de alto y 25 de ancho, dejando también un espacio entre ambos. Fue diseñado por el arquitecto Ranko Radović y el escultor Miodrag Živković. Representa, como los anteriores, una batalla más, aquella que se dió en Sutjeska, teniendo lugar en 1943 entre alemanes y partisanos.

Complejo conmemorativo Kadinjača en Uzice, Serbia. Foto: Flickr / Spomenik Database

LA VISIÓN FUTURISTA

La película experimental de ciencia ficción Last and First Men (2020), obra póstuma de Jóhann Jóhannsson, explota los monumentos yugoslavos en un ejercicio narrativo con la voz de la actriz Tilda Swinton. Lo único que aparece en el filme son imágenes en blanco y negro de estas construcciones, mientras se cuenta la historia de una evolución futura de la humanidad.

Que los memoriales sean tomados como inspiración para relatar este tipo de historia, habla de la capacidad evocativa que tienen, pues parten de una idea de renovación. Entre 2006 y 2009, el fotógrafo belga Jan Kempenaers viajó utilizando un mapa de 1975 por los países que antiguamente eran Yugoslavia, para crear una serie de imágenes melancólicas de estas estructuras.

Cabe mencionar que contrario a lo que se dice en Internet, no están completamente abandonadas, aunque sí descuidadas, a pesar de ser famosas en sus países y de que existe un creciente interés por ellas. En 2017, la fotógrafa Sylvain Heraud visitó los monumentos para realizar una serie más de fotografías para National Geografic.

Después de los grandes cambios del siglo XX, de una invasión del territorio yugoslavo por la Alemania nazi y los fascistas croatas, y de riñas internas, el mensaje de paz, memoria y renovación tenía que aparecer, pero también los rasgos que hicieron sobrevivir a dichos pueblos amenazados.

Aunque muchos spomenik están olvidados y algunos de ellos deteriorados, el interés por ellos ha vuelto en la época actual, una que presenta nuevas miras hacia logros bastante futuristas. Tal vez estas construcciones nos recuerdan que, pese a las dificultades más grandes, la humanidad estuvo y seguirá viendo hacia su propia renovación.

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