La ingeniería de un lunes
Literatura

La ingeniería de un lunes

Una propuesta poética de Fabio Morábito

De lunes todo el año no es sólo un libro de poesía hablando de la cotidianidad, es una contemplación del escenario urbano en donde habita, en muchos sentidos, la poesía. En este libro nos encontramos con una serie de poemas con tono anecdótico e incluso biográfico, con los que cualquier lector podría sentirse cercano, pues los versos van de avenidas a edificios departamentales y de parques públicos hasta Egipto.

Fabio Morábito, nacido en Alejandría, ganó el Premio Bellas Artes de Poesía de Aguascalientes en 1991 gracias a esta obra. Además, ha publicado otros poemarios como Lotes baldíos (1985) que lo hizo ganador del Premio Nacional de Poesía Carlos Pellicer y Ventanas encendidas (2012), su último libro publicado correspondiente a este género. El autor también está vinculado con la narrativa, con la cual ha tenido éxito, pues en 1997 y en 2015 ganó el premio internacional White Raven por sus obras Cuando las panteras no eran negras y Cuentos populares mexicanos.

LA ARQUITECTURA

De lunes todo el año frecuentemente habla sobre edificios y casas. A lo largo de sus cinco secciones podemos encontrar una arquitectura analizada desde la visión poética que encierra significados más allá de la ingeniería. El poeta parece detenerse en los ladrillos y construye muros sólidos de palabras y de imágenes.

En los poemas Época de crisis, Miramontes y Ruido existen edificios que están por demolerse, que son ya tan frágiles y delgados que se puede llegar a saber todo de los residentes, que todo se empieza caer, incluso los besos. Es entonces que esta lenta destrucción realmente construye nuevas visiones con la palabra. “quiero una casa que regrese / a la primera piedra cada día / que se despoje de sus muros /… / que sea una casa abierta a toda profecía”.

El escritor italomexicano Fabio Morabito recibiendo el Premio Xavier Villaurrutia en el Palacio de Bellas Artes en el 2019. Foto: Notimex

Un rasgo importante del libro es la perspectiva tan clara que siempre guarda la voz poética. Pareciera que todos los poemas son evocados desde el ojo de un observador que está, por ejemplo, viendo desde la ventana los pequeños sucesos diarios que resguardan una amplia posibilidad literaria. Esos momentos pueden verse, según las líneas de Fabio, en el auto que no enciende en las mañanas por el frío, pero que tarde o temprano recuerda la combustión y prende sus circuitos, volviendo la realidad a su cauce; así como en un parque que se quedó sin alumbrado y de noche se convierte en una fosa negra que traga personas. Desde la ventana se observan los coches, la gente que de pronto desaparece y los pájaros que deciden unirse a una parvada.

Los parques, de hecho, son transitados varias veces en este libro. El poeta acude a este lugar para estar en medio de los enamorados, para escuchar sus súplicas, sus perdones y sus besos. Contempla que el pasto está lleno de salsa cátsup porque los perros han deshecho bolsas de basura. El poema lleva a dar la vuelta al parque y es difícil querer regresar.

LAS PERCEPCIONES

Otro de los tonos que logra De lunes todo el año es la voz reflexiva que se detiene en cualquier fenómeno cotidiano. Se le ofrecen al lector imágenes extraídas de la normalidad. Mudanza es uno de los poemas que hay que destacar. En él, apreciamos una suerte de reflexión sobre el cambio de hogar: “Dejo que la mudanza / se disuelva como una fiebre, / como una costra que se cae, / no quiero hacer ruido / porque los viejos inquilinos / nunca mueren”. Existe una clara preocupación por la permanencia terca de los antiguos habitantes, pues en el poema se explica que nunca se van realmente, que siempre queda algo de ellos en la casa; a veces un clavo, a veces la huella de un mueble en la pared.

La melancolía y la inutilidad de los esfuerzos son temas citados en Los columpios. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Los columpios brilla por su sentido del humor. En él se exclama que estos juegos son parte importante de la vida del humano porque inicia a los niños en la melancolía y la inutilidad de los esfuerzos. Es un aparato que se encuentra en cualquier parque, pero que no cambia tan sólo se pinta para recordar su existencia. “no se investigan nuevas formas / de columpios, / no hay competencias de columpios, / no se dan clases de columpio, / nadie se roba los columpios / la radio no transmite rechinidos de columpio”.

Otros elementos dignos de los análisis poéticos de Morábito son los animales que hacen su aparición en esta obra. Uno de los poemas más interesantes es sin duda La lagartija, en el que se cuenta que este reptil tiene la precisión de escoger un solo rayo de sol y que cada rayo que escoge es como un verano diferente que absorbe en su lomo. Las jirafas, por su lado, no sólo buscan la comida en las ramas. Este animal busca en las alturas el verde más puro de la naturaleza, aquel inalcanzable verde que está más allá de la Tierra. Y los mosquitos, de una lejana sangre, vienen derecho al grano porque son insectos que parece ya lo han vivido de todo.

El tono observador y reflexivo del libro se concentra en las dos primeras secciones. Sin embargo, en la tercera, nos encontramos con un solo poema: Iré a Sao Paulo un día. Este es el de mayor extensión y podríamos decir que se aproxima al lenguaje amoroso. Es en este punto que la poesía de De lunes todo el año cobra un sentido más personal. Aquí nos encontramos con un anhelo de viajar para reencontrarse con una mujer amada, pero opuesta a la voz poética: “yo me arraigué a los libros / y comencé a escribir, / que es como dar por hecho / que todo es reversible / tú, en cambio, que no escribes, que lo mejor que haces es bailar, que bailando / es como te reencuentras, / no das por hecho nada”.

LAS ANÉCDOTAS

Para la cuarta y quinta parte del libro, los versos toman una forma narrativa y van contando pequeñas situaciones del diario. Para empezar, se vuelve a los edificios en donde van ocurriendo, principalmente, temas familiares, como en el caso de Luna llena, donde se describe la manera en que la luna entra por los balcones de los departamentos y protege a dos hermanos.

Foto: Cuartel de Invierno

En Club italiano nos encontramos con una crónica de la infancia en la que el personaje acudía constantemente a un club campestre que poco a poco se fue deteriorando: “y yo, viendo ese paisaje muerto, / y cada vez más solidario con el verde, / sentí que estaba radicando en México / de veras, / que era imposible volver a Italia”.

Uno de los poemas más importantes de este libro es Mi madre ya no ha ido al mar. Por única ocasión, el escenario es la costa y, aunque recurre el tema de la muerte que ya había sido abordado en otros poemas, es interesante ver cómo se profundiza en una despedida sin mencionarla directamente. Una sucesión de imágenes despierta melancolía entre los versos que le dicen adiós a la madre. “…y regresar al día / en que mi risa quedó trunca, / cerrar el libro completar la risa, / cerrar todos los libros y reírme…”.

Sollozos brilla por el tono tan peculiar que alcanza. En él, más que una anécdota, se detalla una costumbre del personaje principal. El llegar tarde a los entierros es casi un placer para esta persona, pues gracias a esto, después de que todos lloraron, él vuelve a llorar y todo el mundo lo acompaña, no hay quien se oponga, pero nadie sabe que el llanto es para otros difuntos y otras desdichas. Los asistentes sólo regalan sus sollozos. “Yo siempre llego tarde a la entierros, /cuando los ojos de los concurrentes / se han secado / y algunos ya olvidaron la cara del difunto…”.

De lunes todo el año es un poemario dedicado a la normalidad que se vuelve extraordinaria. Es hablar de cualquier cosa y encontrar nuevos significados. A pesar de que todos lo elementos evocados pudieran funcionar como una metáfora de la vida diaria, esta obra no se detiene en moralizar ni dar lecciones, pues es una extracción muy pura y asombrosa de la realidad: “Los lunes / … / la realidad vuelve / a su estado más bruto, / a la poesía”.

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