El misterio de Magdalena Mondragón
Nuestro mundo

El misterio de Magdalena Mondragón

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En el número anterior dedicamos este espacio a celebrar los 80 años de Saúl Rosales. Decíamos que además de su valiosa obra, en una comarca sin facultad de letras, el taller del maestro representó para muchos de nosotros un contacto esencial con el oficio. Eso no significa que antes de Rosales no hubiera vocaciones literarias en nuestra región. Las hubo y muy notables. Una de ellas es Magdalena Mondragón. Autora de novelas, poemarios, crónicas, reportajes y obras de teatro, ganadora de muchos premios dentro y fuera del país, Mondragón nació en Torreón en 1913. Se trata de una mujer que abrió brecha: fue la primera latinoamericana que dirigió un periódico (Prensa Gráfica), la primera mexicana en entrevistar a un presidente norteamericano, así como la primera compatriota en escribir un libro seleccionado como “Libro del Mes” por el Club del Libro de Nueva York.

Recientemente la Universidad Autónoma de Coahuila (UAdeC) reeditó hace muy poco tres de sus libros bajo el título El vertical silencio, con un estupendo prólogo de Édgar Valencia. Además convoca a un premio literario que lleva su nombre. Doña Elena Poniatowska y Pável Granados le han dedicado artículos en las páginas de La Jornada y Proceso y han contribuido, sin duda, a su visibilización actual.

Según consta en su hoja de vida, Magdalena inició su carrera periodística en las páginas de este mismo diario, El Siglo de Torreón, con una colaboración titulada Sin Malicia. Más tarde fue corresponsal de La Prensa de San Antonio, La Opinión de Los Ángeles y de Excélsior en la Ciudad de México. Pronto, su vocación le exigió migrar a la capital, donde hizo una Maestría en Letras en la UNAM. Su primer premio lo obtuvo con un poema publicado en Vórtice, revista entonces dirigida por el poeta coahuilense Ricardo Grijalva de León.

Su primer libro, Puede que’l otro año, publicado en 1937, aborda la vida de los campesinos laguneros. Le siguieron otros títulos como Norte bárbaro, Más allá existe la tierra y El día no llega. La obra que más reconocimiento le atrajo es Yo, como pobre. La novela retrata la vida en los basureros de la capital mexicana: las rutinas, el habla y los conflictos de los pepenadores. Los protagonistas son Julia y Damián Rodríguez, pareja con catorce años de casados. Ellos y sus hijos viven de la basura. Se dice que para documentar esta historia, doña Magdalena pasó meses conviviendo en los basurales con las familias dedicadas a ese oficio. La novela, publicada en inglés por Dial Press, fue seleccionada “Libro del mes” por el Club del Libro de aquella ciudad. Era la primera vez que un mexicano lograba esa distinción.

Con Tenemos sed, Mondragón obtuvo en 1955 el Premio Nacional de Novela convocado por el diario El Nacional y bajo el seudónimo Selma Seminoref publicó Habla un espía, cuyo tiraje inicial fue de 30 mil ejemplares. Otros de sus títulos son Los presidentes dan risa, Cuando la revolución se cortó las alas y El dedo en la llaga.

Gracias a Felipe Garrido sabemos que Mondragón hizo también poesía y teatro. Una breve selección de sus trabajos fue publicada en Magdalena Mondragón de bolsillo, publicado por el Teatro Isauro Martínez.

Hoy un misterio liga a doña Magdalena con Torreón: en la biografía que publicó en 1983, Blanca Galván consigna que a inicios de los ochenta, la escritora decidió donar a nuestra ciudad su biblioteca, además de un gran número de esculturas, pinturas y piezas de cerámica. Donó incluso su escritorio y su máquina de escribir, una L.C. Smith Corona en la que escribió buena parte de su obra. Dos tráilers repletos de libros y piezas. Pero el donativo jamás llegó a su destino. Según ella misma dijo, la noticia causó en Magdalena “una profunda amargura”. Nunca se culpó a nadie del saqueo.

Desde hace algunos meses, varias obras de Magdalena Mondragón pueden descargarse sin costo en la página electrónica del Archivo Histórico de Torreón. Una autora que por pleno derecho ya forma parte de nuestra historia literaria y cultura.

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