Freno a la energía
Opinión

Freno a la energía

Jaque Mate

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha abierto una verdadera guerra contra la inversión y operación de empresas privadas en el campo de la energía. Si bien no se han modificado las disposiciones de la Constitución, que permitieron esta inversión a partir de las reformas de 2014 y 2015, el régimen busca frenar la actividad con leyes secundarias, decretos del ejecutivo o decisiones de los reguladores. El resultado es un freno a la inversión, a la competitividad y a la calidad de la energía en nuestro país.

Las medidas que se han tomado contra la inversión privada en energía son amplias y sistemáticas. La primera decisión del gobierno de López Obrador en este campo fue suspender las licitaciones para nuevas inversiones en prospección y desarrollo de proyectos de explotación de petróleo crudo. Con esta medida, los nuevos trabajos en producción primaria de hidrocarburos se dejaron solamente a Pemex, una empresa gubernamental que enfrenta graves problemas financieros. Los pocos recursos disponibles de Pemex, sin embargo, se están encauzando a la construcción de una nueva refinería en Tabasco, el estado del presidente, sin estudios económicos ni ambientales adecuados, y ante la situación del mercado todo parece indicar que la refinería registrará pérdidas importantes y acentuará la difícil situación financiera de la petrolera mexicana.

El siguiente paso fue detener la entrada en operación de ductos de transporte que estaban siendo construidos en el país. Esto llevó a una negociación con los operadores de estos ductos para que se les permitiera entrar en funcionamiento. En este caso hubo un acuerdo, que curiosamente le costó más a la Comisión Federal de Electricidad que los acuerdos originales, pero no ha habido estos acuerdos en otros casos.

El gobierno de México tomó control directo de los organismos reguladores de energía forzando la renuncia de los especialistas que trabajan en ellos y nombrando a incondicionales, con poco o nulo conocimiento técnico, a los puestos que se desocuparon. Estos organismos han buscado también bloquear la inversión privada. Por ejemplo, han elevado en más de 500 por ciento los costos de porteo de la electricidad generada por empresas privadas, incluyendo la de plantas de fuentes renovables. También han emitido reglas que impiden la incorporación de nuevos asociados a los proyectos de autoabasto, a pesar de que la ley lo permite.

De la misma manera, los reguladores han impedido que se lleven a cabo nuevas inversiones en generación de electricidad, ya sea de ciclo combinado o de fuentes renovables. Uno de los casos más lamentables fue la negativa de la Secretaría del Medio Ambiente federal para otorgar autorización a una planta de generación eólica en Baja California Sur, una zona cada vez más urgida de electricidad. La Comisión Federal de Electricidad anunció que ella construiría una planta de gas, pero después la canceló por falta de recursos. Los reguladores han anunciado que van a dar preferencia a la generación de la CFE, aunque sea más cara y contaminante.

México está dando un enorme paso hacia atrás en materia energética. Estamos regresando a los tiempos del viejo PRI. Se descartan el mercado, la competencia, la protección del ambiente, la competitividad y el beneficio de los consumidores para proteger a los grandes monopolios gubernamentales. No es una buena noticia para los mexicanos.

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