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"Serpentine Prison", de Matt Berninger

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Dos décadas como líder de la banda The National no bastan. Tampoco es suficiente haber colaborado con Phoebe Bridgers en el melódico tema Walking On A String; ni siquiera sobra que lo llamen rey de la música melancólica. Con asombrosa calma, en el nuevo álbum de Matt Berninger convergen dos identidades decisivas para las 10 canciones que conforman Serpentine Prison (Concord Records, 2020).

Pienso, por un lado, en la identidad de Berninger como promotor musical, artístico y creador; por el otro, en el papel que ha desempeñado frente a The National, sobre todo como letrista. Pienso en Berninger como artista en toma de conciencia, y en sus temas como parte de un repertorio que aspira a su propio arte. No contradigo que alguien califique a este álbum de ser un avatar de letras y sonidos similares a The National, mas no suscribo esta opinión, y reconozco desde luego que este disco es un heredero muy meritorio de Leonard Cohen, Nick Cave, Neil Young, Bob Dylan, Willie Nelson, pero a su vez de otros: Bruce Springsteen, David Bowie, Iggy Pop.

Me importa destacar la música y letras más puras al estilo Berninger. No hay pues en Serpentine una continuación bajo la sombra The National, más bien Berninger decidió publicar un disco manifiesto. El artista delicado, pero divertido; culto y partidario de la expresividad, llega en Serpentine Prison a una especie de lugar donde uno espera con tranquilidad a que los minutos avancen mientras se fuma un buen tabaco o se bebe refinado whiskey, un lugar como la propia casa. Este álbum también agrupa y abraza.

No me extraña saber que Walter Martin (fundador y letrista de la banda The Walkmen) participara en el intenso segundo sencillo titulado Distant Axis. Aparecen también Scott Devendorf y Brent Knopf, cómplices del proyecto alterno ELVY. No extraña por eso que durante una entrevista Berninger haya comentado que este nuevo material debió llamarse Berninger And Friends.

Serpentine Prison es el primer álbum de Matt Berninger solista, o al menos, se supone; por supuesto, esta aseveración se aleja de la realidad. En este disco han participado, por lo menos, una decena de músicos. A manera de agradecimiento, Matt publicó en su cuenta de Instagram un breve video en el que aparecen esos colaboradores, y en la barra de comentarios remata que si uno quiere ser solista, necesitará a dichas personas. Esta demostración de agradecimiento público y reconocimiento a quienes intercambian su arte con él ocurre a lo largo de su carrera.

Lo que quiero decir es que la relación creativa entre sus proyectos aporta mucho a este Berninger solista. Serpentine Prison posibilita la continuidad artística, al contrario de lo que ocurre por ejemplo con otras bandas o cantautores: la colaboración se convierte en el núcleo del proyecto.

En cuanto a letras y música escribe sobre sí mismo: un hombre que cavila mientras recorre las calles en bicicleta, deambulando con una sonrisa pero sin dejar la preocupación que le causa no volver a la normalidad. Hay alegría, sentido del humor y palabras que tranquilizan en las letras de este disco.

Pero también conviven el miedo, la frustración y el olvido. Aunque de repente escuchamos en este disco frases que intensifican nuestra desolación, asimismo laten con vehemencia otras que nos lanzan a un futuro lleno de esperanza. Para comprender a Berninger hay que escuchar y pensar en términos poéticos.

No es casualidad que su compañero Scott Devendorf haya mencionado en entrevistas que Matt transmite su estado de ánimo mediante sinestesias (cambios de sentido), por ejemplo cuando dice que algo debe sonar nublado. Ahora bien, para mi gusto, en este disco sobran las baladas. Me habría gustado más escuchar canciones de intensidad variable, de ritmos acelerados y tiempo irregular. Disfruté escuchar temas como la súplica que alude a las relaciones interpersonales titulada One More Time; la armoniosa Silver Springs a dueto con Gail Ann Dorsey; la sombría Distant Axis; o la intensa balada de piano Take Me Out Of Town. En definitiva, Serpentine Prison es un álbum que cautiva a quienes seguimos los proyectos de Berninger, pero también es un disco que merece estar en el catálogo de quienes aprecian el rock luminoso y a la vez melancólico.

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