Sexualidad vikinga
Sexualidad

Sexualidad vikinga

Vivir una necesidad humana sin tabúes

“En el año 922, un emisario del califa de Bagdad se encontró con un grupo de comerciantes vikingos en el curso alto del Volga. Como parte de su misión diplomática, Ahmad Ibn Fadlan recogió por escrito todo lo que observó y vivió durante su viaje, describiendo lo más fielmente posible las costumbres de diversos pueblos como los saqaliba y los jázaros. En el caso de los vikingos, Ibn Fadlan nos habla de su religión y de otros aspectos de su cultura”, así introduce el historiador Mario Martín Merino la crónica del embajador árabe, uno de los escasos testimonios que describen a la cultura de los pueblos escandinavos, aún desconocida, a la que se le han atribuido un sinfín de mitos, entre ellos la conducta bárbara y su relajada sexualidad.

Ibn Fadlan fue apresado por los vikingos durante su expedición al río más largo de Europa, por esta razón se presume que presenció diversas ceremonias (luctuosas y guerreras), así como fiestas y orgías. En su crónica detalló: “En una sola de estas casas (de los vikingos) se reúnen 10 y 20 personas, más o menos. Cada una tiene un lecho en el que se sienta. Con ellos están bellas jóvenes esclavas destinadas a los mercaderes. Cada uno de ellos, ante los ojos de sus compañeros, tiene relaciones sexuales con su esclava. A veces todo un grupo de ellos se unen de esta manera, unos frente a otros”; las orgías derivaban del carácter pagano profesado por los pueblos nórdicos, juzgan algunos historiadores al abordar el tema sexual de los vikingos.

La carencia de testimonios escritos abre la puerta a interpretaciones elaboradas en contextos distantes en el tiempo. El paganismo, afirmó el maestro en historia Edmundo Fayanas Escuer, es un mundo de simbolismos donde la sexualidad es protagónica. “El sexo para los paganos no suponía ningún tabú, ni generaba ningún tipo de pudor”, escribió el estudioso para el diario digital Nueva Tribuna de España, quien reconoce la escasez de escritos vikingos, aunque considera a las sagas (narraciones fantásticas) como una fuente para acercarse a las sociedades nórdicas.

Los vikingos solían obtener esclavas sexuales de las regiones que conquistaban. Foto: muddycolors.com

DIOSES DEL FIN DE LA TIERRA

Noruega, Suecia y Dinamarca son los reinos identificados como la región de Escandinavia, aunque depende de quién la describa, porque otras versiones incluyen a Islandia, las islas Feroe y Finlandia en esta geografía gélida. Son las tierras nórdicas, donde florecieron los pueblos vikingos entre los años 700 y 1100 de la época actual; a ellos se les atribuye un espíritu guerrero, aventurero y bárbaro, desde la óptica cristiana.

Fayanas Escuer plantea que por su condición pagana, los vikingos asumían el sexo como un modelo único con dos formas de representación: las mujeres y los hombres, quienes “compartían la misma estructura reproductiva, siendo la única diferencia que los genitales masculinos quedaban fuera del cuerpo y los femeninos dentro”.

En torno al sexo giraban los rituales, incluso el de la agricultura. No resulta exclusivo de los vikingos esta asociación de la fertilidad de la tierra con la humana. En América las culturas ancestrales también efectuaban ritos donde los falos y las vulvas protagonizaban las ceremonias. Entre los escandinavos resaltaba la desinhibición por mostrar sin tapujos su sexualidad.

Los dioses Freyr y su hermana Freyja, destacaron por representar el amor y “la sexualidad desbordante”. Al primero se le representó con un gran falo erecto; fue una figura patriarcal de la cual se conservan algunas figurillas de madera y barro. Respecto a la diosa “anulada totalmente por representar una sexualidad morbosa”, no se tienen vestigios. La censura, reiteró Edmundo Fayanas, la propició el cristianismo que fue capaz de conquistar la región nórdica, a veces con rezos, a veces con guerra.

Freyr y Freyja, dioses del amor y la sexualidad. Foto:docplayer.ru

De los vikingos surgió el dios Thor ampliamente conocido en la actualidad por las series de superhéroes. Era el más poderoso entre los dioses, gobernaba el trueno y el relámpago blandiendo su cetro representado como un pesado mazo; también trascendió Odín, el dios de la guerra. Sin tener la atención de las producciones cinematográficas actuales, sentado junto a aquellos, se describe a otro dios silencioso y sonriente, el dios de la paz y el amor, Freyr, quien se alisa con su mano la barba y muestra a todos su desproporcionado falo.

MORAL VIKINGA Y EL FESTÍN DE SANGRE

“En la sociedad vikinga el papel de la mujer era muy activo, siendo su figura muy respetada. Era considerada como la dueña de la casa, manteniendo el control de todas las propiedades y no tenía que contar con la aprobación del marido en sus decisiones. La mujer vikinga gozaba de total libertad y no dependía del marido”, sostiene el historiador español, quien se basa en “lo dicho, lo contado” por las sagas, narraciones o leyendas sobre seres históricos o mitológicos de los pueblos escandinavos, escritas alrededor del año 1000. Acaso por aquella descripción se ha supuesto que las mujeres también eran guerreras, postulado que rechaza por su parte la historiadora Laia San José Beltrán, quien sostiene que la mujer se quedaba en casa para cuidar a la familia y procurar alimento. Por estas responsabilidades dominaba el uso de las armas, empleadas para cazar y cortar leña durante el tiempo que el hombre salía a la guerra.

Por otra parte Fayanas Escuer escribió con certeza respecto a la homosexualidad vikinga, incluidos juicios de valor; la homosexualidad, aseguró, “era habitual. Los vikingos no la consideraban mal, especialmente si se practicaba de forma activa”.

El Dísablot es una festividad que, según la tradición nórdica, fue encomendada por Freyr a los humanos. Foto: Archivo Siglo Nuevo

En su artículo para Nueva Tribuna el profesor en historia resaltó lo que catalogó como proverbio vikingo: “Todos se hacen homosexuales cuando llegan a la vejez”, y lo corroboró refiriéndose a una especie de grupo sacerdotal al servicio del dios Freyr, el cual fue descrito en las sagas como “homosexuales, pues se vestían y peinaban como las mujeres”. La afirmación se desprende de escritos procedentes del siglo XIV, 300 años después del final de la cultura vikinga.

Cuando el dios Freyr arribó a Uppsala, una provincia colindante con el Mar Báltico, conminó a los vikingos a celebrar el Dísablót, la fiesta de los dioses donde se sacrificaban durante nueve días a nueve machos de cada especie, incluida la humana, para satisfacer a las deidades. En Uppsala, actualmente vecina de Estocolmo, en Suecia, quedan escasos vestigios de un templo donde Freyr blandió su falo para garantizar la fertilidad del pueblo vikingo, un pueblo que ha inspirado diversos mitos debido a los escasos vestigios que se preservan.

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