El duelo en la pandemia
Familia

El duelo en la pandemia

Tiempo de cambios y pérdidas

La pandemia implica un momento delicado para ejercer cualquier actividad cotidiana, por lo que influye en la psicología de las personas en diferentes formas. La adaptación a los cambios es sólo una parte, puesto que, si se pierde a un ser querido, la dificultad se acrecenta.

Las redes de apoyo, es decir, la ayuda de las personas cercanas, son de importancia para superar distintos obstáculos. Pero en tiempos en que se debe tomar distancia para protegerlos, el terreno se vuelve complejo.

¿Qué habrá que tomar en cuenta entonces? ¿Qué sobreescriben los expertos ante una situación como esta, que no ha tenido un precedente próximo?

DUELO COMO PROCESO

La muerte es un tema que constantemente se reserva para el tabú. Es común hablar de ella en foros científicos o en medios tanto serios como no tan comprometidos, pero sobre todo es posible mencionarla mientras se perciba lejana y sea menos probable que afecte a los allegados.

Lo que ocurre en momentos como este es que, en definitiva, la muerte y la enfermedad son inquietudes que se hacen más apremiantes, y el exceso de información hace su parte en esta vorágine de preocupaciones.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los casos confirmados en el mundo abarcan un 10 por ciento de la población mundial. Según la Universidad Johns Hopkins, hay 1.04 millones de muertes y 24.6 millones de personas recuperadas.

El clima de incertidumbre, donde no se puede saber con exactitud si se contraerá la enfermedad en algún punto o si afectará gravemente, junto con la recomendada cuarentena, es lo que eleva el estrés y otros padecimientos.

Foto: Behance / Adam Q

Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el miedo a enfermarse o morir es una de las preocupaciones más importantes para la población general y más aún la que está en mayor riesgo. A lo anterior se suman el temor a perder su medio de vida, a la separación de sus seres queridos y, finalmente, a la exclusión social.

La posibilidad latente de estar en peligro afecta en gran medida a la mente. Al llegar la noticia del fallecimiento de un ser querido, confirmamos que la muerte puede ser cercana.

Las etapas de duelo, bastante conocidas y en las que no es necesario detenerse demasiado, son la negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Es decir, son formas en que las personas suelen responder al dolor causado por la pérdida, y que resultan en una aceptación de esta.

Mediante este proceso, el individuo se encuentra de frente con la relación que guarda con la muerte y, si se maneja adecuadamente, esta relación puede mejorar. Ser conscientes de la propia mortalidad es, en suma, una mayor apreciación de la vida.

Los profesionales de la salud mental suelen coincidir en que las etapas no se presentan de la misma manera en todas las personas. No deben admitirse como regla general y dependen de las vivencias del doliente. El psicólogo William Worden, miembro de la Asociación Americana de Psicología, añade que existen tareas por superar ante lo que es un cambio de vida. Estas son la aceptación de la realidad de la pérdida y el procesamiento de la misma.

La aceptación coincide como paso de suma importancia puesto que en él termina el duelo, pero se trata de un camino un tanto difícil. La aceptación puede aparecer en el pensamiento como algo que ha sido alcanzado, para luego tener recuerdos del fallecido y encontrarse con la realidad de que es un paso que no ha sido del todo logrado.

Es importante recalcar que estas sensaciones son normales. Se pueden padecer síntomas parecidos a la depresión, tales como falta de energía o motivación, pero no se deben a una condición que se perpetúe más allá del duelo y del manejo de éste.

Foto: nyt.com

Lo anterior constituye pasos, a veces pequeños y en ocasiones bastante importantes y grandes, hacia la completa aceptación. Mantener el contacto y la comunicación sobre este tipo de sentimientos con personas allegadas puede hacer una diferencia positiva.

Una recomendación en torno a esto, es buscar ayuda con profesionales de la salud, que podrán guiar el duelo. 

ACOMPAÑAMIENTO

El duelo es una etapa de dolor por la que es necesario pasar, y no se trata forzosamente del proceso de pérdida de un ser querido, sino de todo aquel cambio con el que se debe lidiar.

Se puede padecer duelo por estar lejos de quienes se ama, del lugar de origen o por otras cuestiones relacionadas a un cambio sustancial en la vida, y se atraviesa por él para adaptarse a la nueva situación. La contingencia por la COVID-19 ha cambiado aspectos de la vida por los que se puede sentir este duelo; sea estar lejos de familiares o amigos o la pérdida de un estilo de vida o trabajo, cada cambio influye en la manera en que se transita por la crisis.

El duelo debido a la pérdida de un ser querido afecta de manera física, emocional, relacional, mental y espiritual. Es importante evitar evadirse con alcohol, tabaco o drogas ilegales, ya que se puede caer en un uso abusivo. Se puede recurrir a actividades que despejen la mente, como cualquier entretenimiento ligero, así como actividades físicas.

Durante la nueva normalidad ha sido bastante notoria la transformación de aspectos de la vida social e individual. Qué desafíos y duelos habrá y cómo se enfrentarán, son cuestiones a las que nos debemos adelantar como sociedad.

El duelo por pérdida de seres queridos ha sido modificado. Las restricciones necesarias para evitar aglomeraciones, han hecho que los funerales signifiquen un nivel añadido de estrés para las personas que pasan por este proceso.

Es recomendable expresar las emociones y mantener contacto con amigos y familiares, aunque sea a distancia. Foto: Behance / E Brown

El funeral y entierro son rituales que forman parte importante del proceso de aceptación y sobre todo son encuentros sociales donde se comunica la noticia y se hace consciente de la situación a la comunidad.

Los cambios fuertes en este ritual arraigado pueden implicar dificultades en el duelo que no se conocen aún. Mientras mejor se acepten las nuevas condiciones y mejor informados estén los implicados, se espera una mayor recuperación. Sin embargo, no se conocen a profundidad los efectos psicológicos que esto traerá consigo.

Algo que puede ayudar es el compromiso de familiares y amigos de seguir con reuniones a distancia, así como mantener la expresión de sentimientos respecto a la pérdida. Los obsequios y conmemoraciones son también apropiados.

Ante todo, hay que tener en cuenta que pese a la situación de vulnerabilidad, hay cosas que se pueden hacer al respecto. Según los consejos que reúne la OPS, ante cualquier situación estresante es necesario mantener hábitos saludables, tales como el ejercicio, una dieta nutritiva y dormir las horas adecuadas, pero sobre todo hay que recalcar que la actitud puede tener un efecto enorme. Las frases que no ayudan en estos casos son las que le exigen al doliente: “sé fuerte”, “anímate”, “distráete”, “trata de no pensar en eso”, “no llores”. Es más útil guardar silencio y mantener una escucha atenta. Según la maestra Paola Hamui Amkie de la Asociación Psicoanalítica de México, se puede decir en cambio: “me gustaría mucho poder decir algo que alivie tu dolor, pero no encuentro las palabras. Quiero que sepas que estoy aquí y que pienso en ti muy a menudo”.

La evasión del sentimiento doloroso y la respuesta fácil o el ofrecimiento de una solución rápida, no se recomiendan. La empatía y el respeto pueden ser las herramientas que más ayuden tanto a quien acompaña en el dolor como al que lo siente.

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