Estadios desarmables
Arquitectura

Estadios desarmables

Justas deportivas en el marco de la sostenibilidad

En portada: Fachada del estadio Ras Abu Aboud. Foto: infobae.com

El 10 de marzo de 1975, el periódico El Siglo de Torreón publicó la crónica de la inauguración del estadio de béisbol armado al oriente de la ciudad, que fue por seis años la casa del equipo Algodoneros del Unión Laguna. Armado, porque se trató de un inmueble de acero desmontable que procedía de Texas, Estados Unidos, donde jugó el equipo Houston Colt .45s, antecesor de los actuales Astros de la liga estadunidense. Las reseñas de entonces aseguran que la sede de acero y tuercas se armó en tres meses; por sus características fue nombrado el “mecano” y también el estadio del “millón de tuercas”. Después de aquel sexenio de altibajos del equipo local, el inmueble se desarmó y se volvió a montar en Monclova, al norte de Coahuila, donde se aprovechó durante un año. Posteriormente se trasladó a la ciudad de Tampico, Tamaulipas, donde se convirtió en la casa del equipo Astros de aquella ciudad.

El mecano de entonces tuvo una capacidad para 16 mil aficionados, aunque llegaron a entrar 20 mil, según las reseñas periodísticas, o más personas si se contabiliza a quienes improvisaron gradas en el exterior: “En las afueras del parque estaba estacionado un tráiler con gruesos postes, y quienes lo tenían a su cargo, pusieron su tribuna (no sabíamos qué nombre darle, pero por la ubicación era algo así como preferente), y cobraron tres pesos a quienes desearan ver el juego desde arriba de sus postes”, narró el reportero de la sección de deportes César Marina Miravalle, en esa edición de El Siglo de Torreón.

Sesenta años después de aquel antecedente, la opción de diseñar estadios desarmables se presenta como una alternativa para abatir los costos de construcción y para la reutilización de los materiales; medidas consideradas a partir del abandono de estadios construidos exclusivamente para la celebración de fiestas deportivas efímeras y cuyos costos son exorbitantes.

Estadio de béisbol Mecano Unión Laguna, después trasladado a Monclova y finalmente a Tampico, Tamaulipas. Foto: La Laguna

RUINAS DEPORTIVAS

Para el mundial de fútbol de Brasil en 2014, se invirtieron cientos de millones de dólares para construir estadios que después de la justa mundialista se convirtieron en sedes de equipos de cuarta división. En la Arena de Amazonas en Manaus se jugaron solamente cuatro partidos durante aquel evento; las gradas fueron suficientes para recibir a 44 mil asistentes sentados. Aquel recinto lo aprovecha actualmente el equipo de cuarta división que congrega algo así como mil aficionados en cada encuentro.

Casos más extremos son el de Arena das Dunas en Natal y el nuevo estadio nacional de Brasilia, cuyo costo fue de 900 millones de dólares. En ambos se celebraron solamente once partidos; se aprovecharon en 2016 durante los Juegos Olímpicos y ahora son enormes construcciones subutilizadas.

Acaso el ejemplo más frustrante sea el de Atenas, anfitriona de los Juegos Olímpicos del 2004. De acuerdo a la BBC, “el presupuesto total de los proyectos alrededor de la capital ascendió, según diversas estimaciones, a los 12 mil millones de dólares (...). Se construyeron 36 espacios para albergar las distintas disciplinas, pagadas de los impuestos”, reseñó la fuente periodística. La mayoría de los inmuebles que se construyeron para aquel propósito quedaron abandonados.

El portal arq.com.mx confirmó la equívoca decisión de levantar enormes estadios que en poco tiempo se abandonarían, desmantelarían o derrumbarían: “Las instalaciones de Río 2016 se cayeron a pedazos, y no son las únicas. Las antiguas ciudades anfitrionas como Sarajevo, Atenas y Pekín tuvieron la misma suerte”; y para eludirla, en Pyeongchang se diseñó el estadio olímpico que fue desmantelado al finalizar los juegos.

Pyeongchang, en Corea del Sur, diseñó un estadio desmontable para la inauguración y clausura de los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno en 2018. El inmueble costó 44 millones de libras esterlinas, con un rasgo a su favor: las gradas fueron desmontables y el edificio se transformó en un centro de exposiciones de usos múltiples y un museo deportivo. Este ejemplo se retomará ahora en Qatar, con el estadio Ras Abu Aboud, una estructura desmontable que reducirá los costos, el impacto ambiental y, lo mejor, que podrá utilizarse una y otra vez en diversos encuentros deportivos.

Estadio desmontable de Pyeongchang. Foto: ge2018.k

ESTADIO MODULAR DESARMABLE

Qatar es una de las tres reservas de gas natural más grandes del planeta. La venta de aquel recurso le posiciona como uno de los países de ingresos altos según las categorías del Banco Mundial; pero, o no está satisfecho con el ingreso obtenido por la oferta del energético, o se anticipa a las crisis que puedan surgir y busca diversificar su economías, de tal forma que le está apostando al turismo y por ello será el anfitrión de la Copa Mundial de la FIFA dentro de dos años.

En este mundial sobresaldrá la edificación del estadio Ras Abu Aboud, “uno de los más innovadores de la historia de la Copa Mundial FIFA”, aseguran los organizadores, porque empleará asientos desmontables y bloques modulares que podrán armarse y desarmarse.

“Además de su innovadora estructura, el estadio se desmontará completamente una vez concluido el Mundial, y sus diferentes partes se reutilizarán en otros proyectos, lo que proporcionará al legado mundialista un sentido totalmente novedoso, según los planes del Comité Supremo para la Organización y el Legado”, constata la página oficial de la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA).

En cuanto a los terrenos, se pretende que al final de la competencia se conviertan en una “deslumbrante urbanización junto al paseo marítimo para disfrute de la comunidad de la bahía occidental de Doha”, continúa la reseña oficial.

En un buque se transportarán los cientos de cubos y vigas de acero que sostendrán el graderío: una vez que termine el mundial las piezas, se aprovecharán para construir otros estadios de menor capacidad, cubrir canchas deportivas o se incorporarán a auditorios. El terreno se integrará a la mancha urbana considerando un parque.

Camellódormo en Qatar. Foto: tamkeen-group.com

La firma de arquitectos responsable del diseño es la española Fenwick Iribarren, la cual asegura que “el diseño modular del proyecto es sinónimo de arquitectura sostenible, una construcción con un menor requerimiento de materiales, un diseño que consigue crear menos desechos, y por consiguiente, reducir la huella de carbono del proceso de construcción”. Por este diseño se afirmó que el modelo recibirá la certificación de cuatro estrellas del Global Sustainability Assessment System. El parque se situará al sureste de Doha, equidistante a las diversas estaciones de aviones y trenes.

Respecto a la firma arquitectónica, se fundó en 1990 por los arquitectos Mark Fenwick y Javier Iribarren, quienes construirán tres de los ocho nuevos estadios para Qatar. El despacho se adjudicó las obras después de construir un extravagante diseño: el camellódromo, una pequeña “ciudad” sacada de la ciencia ficción, donde los árabes disfrutan de las carreras de camellos en un lugar cerrado y refrigerado artificialmente.

Este modelo de refrigeración lo llevarán al estadio desmontable, ya que en Qatar las temperaturas pueden alcanzar los cincuenta grados centígrados. “Puedo asegurar que no se va a pasar calor en el mundial de Qatar. A través de la creación de una serie de flaps (o alerones), hemos conseguido manejar la velocidad del viento y, con ello, regular la cantidad de aire caliente que entra en el estadio. A partir de ahí hemos diseñado un sistema de aire frío para que los jugadores estén en el campo a 26 grados centígrados, y en la grada, uno más. Incluso se están preparando sistemas para enfriar la calle”, declaró el británico Mark Fenwick.

Tras el balón de futbol no sólo corren 22 jugadores, también la economía de países y el desarrollo de modelos arquitectónicos que marcan el futuro de la construcción, aunque haya ejemplos ancestrales.

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