I, Daniel Blake
Cine

I, Daniel Blake

Un sistema que “desnuda” a los menos favorecidos

–Buenos días señor Blake, le haré unas preguntas para saber si tiene derecho a la prestación: ¿Es capaz de andar más de 50 metros? –le preguntó la joven doctora al paciente sexagenario.

–Sí.

–¿Puede levantar un brazo para introducir algo en el bolsillo?

–Sí… Eso ya lo contesté en la página 59 de su cuestionario… ¿Le puedo hacer yo una pregunta? ¿Usted está medicamente calificada? –reviró Daniel, un viejo carpintero londinense, viudo, amable, pero que frente a la despersonalizada burocracia gubernamental está exasperado, frustrado, enojado.

–He sufrido un infarto. La doctora me ha dicho que aún puedo trabajar…–continuó el señor Blake.

–Tendrá que seguir buscando empleo, o perderá su subsidio- Le responde por otra parte la trabajadora social a un desesperado Daniel, personaje central del filme de Ken Loach en el cual refleja el frío desprecio del sistema gubernamental hacia su población vieja y en desventaja económica.

La película I, Daniel Blake resume en una hora con cuarenta minutos el calvario que atraviesa la población desfavorecida frente a la red burocrática que el sistema inglés tiende sobre los desempleados y los ancianos desposeídos de riquezas materiales.

La producción inglesa de 2016 es dirigida por Ken Loach, nacido en Nueneaton, Inglaterra en junio de 1936, director apegado al realismo social quien ganó en dos ocasiones la Palma de Oro en el Festival de Cannes, la primera en 2006 por su filme The wind that strakes the barley, y hace cuatro años con I, Daniel Blake.

La cinta retrata la frustración por las diferencias socioeconómicas que propicia el sistema inglés. Foto: dvdbeaver.com

Daniel Blake “se ve obligado a acudir a la asistencia social. Sin embargo, a pesar de que el médico le ha prohibido trabajar, la administración le obliga a buscar un empleo si no desea recibir una sanción. En la oficina de empleo, Daniel se cruza con Katie, una madre soltera con dos niños. Prisioneros de la maraña administrativa actual de Gran Bretaña, Daniel y Katie intentarán ayudarse mutuamente”, reseña la página Filmaffinity de México.

De su película, Ken Loach comentó en rueda de prensa previa al famoso festival francés: “Nos interesamos en el personaje de Daniel Blake porque es un hombre que ha contribuido a lo largo de toda su vida a la economía local, y la derecha en mi país siempre está diciendo: ‘tienes que contribuir antes de tener algún beneficio’, pero este es un hombre que ya ha hecho eso, así que no les queda esa respuesta fácil. Por su parte, Katie tiene un problema en particular que es muy común en Londres, porque los alquileres son tan altos que resulta mucho más caro que las ayudas a la vivienda; entonces las autoridades locales son muy propensas a sacar del centro a todo aquel al que puedan expulsar a las zonas más baratas; así que tenemos desde hace algún tiempo lo que llamamos limpieza social. Y sólo la gente rica es la que puede vivir en el centro de Londres”.

DEL STAND UP AL DRAMA

El británico Dave Johns es el protagonista de la cinta, la primera para él, puesto que su carrera ha sido la comedia desde hace treinta años, por lo menos. Dave gusta de los teatros pequeños donde pueda ver a los ojos a sus espectadores para medir el impacto de sus bromas, “aunque siempre habrá alguien al que no harás reír”, ha dicho en entrevistas televisivas el actor de 65 años, quien posee su propio club donde se presenta.

En el filme, nada hace suponer que Dave es un comediante de stand up, exitoso al parecer, puesto que en su pequeño escenario, muy cercano a su público, las carcajadas inglesas salpican la atmósfera iluminada artificialmente. Las bromas, muy al estilo sajón, distante del humor latino, las va construyendo con la interacción constante con el público. Como Daniel, logra, a pesar de la distancia entre el actor y el espectador que supone una película, el efecto contrario al humor: la frustración perenne en todos los espacios de la fría ciudad.

Daniel Blake es interpretado por Dave Johns, y Katie, madre soltera, es recreada por la actriz Hayley Squires. Foto: nyt.com

El joven vecino negro traficante de tenis pirata; Katie, la madre soltera de dos pequeños hijos; la empleada del gobierno que intenta ayudar al desempleado, pero que al final sabe que eso la pone en riesgo de quedar fuera del sistema, y el sistema mismo, son los personajes que se van entrelazando en la historia de Loach hasta atrapar por completo al espectador. No hay manera de abandonar la cinta ni por instantes, porque cada detalle (el anciano que transita las calles en una silla de ruedas, las personas que esperan su turno en la oficina de desempleo, las promotoras de ayuda de carácter templado ante la adversidad del desposeído), robustecen el drama representado en el tiempo actual.

Katie, recreada por la actriz británica Hayley Squires, nacida en Londres en 1988, vive un capítulo terrible frente a uno de sus hijos y David: en el dispensario social de comida y medicamento pierde el control; su languidez es evidente, aunque lleva el cabello recogido las ojeras pronunciadas delatan su miseria. Se sostiene de los estantes para no caer, mira las latas de comida y cierra los ojos para pasar saliva con dificultad; en un instante da la espalda a la trabajadora social, abre una lata de salsa de tomate y la vierte en su mano de donde la come con desesperación. –¿Qué haces, cariño? –le preguntan. Ella rompe en llanto.

Pero la dignidad es una fuerza que los mantiene en pie. Y David lo hará saber por medio de esta expresión urbana común en todas las minorías sociales: a través del grafiti. Frente al muro del edificio gubernamental, con aerosol de color negro, con letra mayúscula, con su pulso firme, escribirá: I DANIEL BLAKE, porque no es un número del seguro social, porque no es una estadística para los informes de gobierno, porque es Daniel Blake, porque es la voz de la población que ha sido marginada por el sistema capitalista salvaje que desprecia a sus ciudadanos cuando éstos pierden fuerza para producir riqueza.

Foto: dvdbeaver.com

POBREZA Y DESIGUALDAD EN EL PRIMER MUNDO

Ese término, primer mundo, es una falacia, un engaño para quienes no padecen la polarización social que se vive en países como Inglaterra o Estados Unidos, hogar del capitalismo salvaje. El corresponsal Leonardo Boix, de la agencia informativa Apro (Agencia Proceso), reseñó: “Mark y su hermano David, de 10 y ocho años, viven en una pequeña vivienda de una habitación ubicada en la localidad costera inglesa de Clacton-on-Sea, en el condado de Essex, una de las zonas más pobres de Inglaterra. Los hermanos, que apenas tienen dinero para ir al colegio, comparten la única habitación de la casa con sus padres, quienes actualmente están desempleados y han registrado una merma de sus ingresos por la decisión del actual gobierno conservador de reducir los subsidios públicos por desempleo y ayuda por hijo […] Esa dramática situación se está repitiendo en cientos de miles de familias de bajos recursos en sitios con altos índices de pobreza en el país, incluidos suburbios de Middlesbrough, Knowsley, Hull, Liverpool, Manchester y Blackpool. También en Gales, Irlanda del Norte y Escocia”. Y la película de Loach lo ejemplifica.

I, Daniel Blake recibió nueve premios internacionales. El guión es de Paul Laverty, la música de George Fenton y la fotografía de Robbie Ryan. Actualmente puede reproducirse a través de Netflix. Como han escrito los críticos, se mantiene fiel a la visión social y crítica de su director.

Estrujante, melodramática, agridulce, maniquea o simplista, son algunos de los adjetivos de la crítica mexicana hacia la película inglesa; y es en México, precisamente, donde las historias de los desposeídos suelen ser abominables por el abandono absoluto del gobierno, de sus instituciones y de la sociedad, ¿acaso se requerirá de la producción cinematográfica para hacerlo ver?

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