Niños salvajes
Reportaje

Niños salvajes

La infancia aislada

El ser humano vive en grupos masivos y subgrupos. A pesar de los problemas que trae consigo la convivencia, no parece haber opción. El aislamiento deja secuelas intensas, incluso la locura. Pero, ¿es posible que alguien viva de esta manera desde la infancia?

Más importante aún, ¿qué diferencias mantendría con respecto a los individuos que viven en comunidad? ¿Tendría una moral y sería capaz de reintegrarse a la sociedad? Los dilemas éticos y filosóficos, así como la psiquiatría, deben explicaciones a lo que es, a todas luces, una excepción a la regla.

Los niños salvajes, fuera de toda civilización, han existido a lo largo de la historia, y son objeto de estudios y teorías que ayudan a comprender más sobre lo que conlleva ser entes sociales.

EL NIÑO SALVAJE

El ser humano convive con otros de su misma especie de forma inevitable. Restringe su acción por medio de decisiones que se deben tomar de forma colectiva. Las leyes y las autoridades que las ejercen y castigan a quien no las sigue, son clave para la vida comunitaria. Cuando estas estructuras fallan, aparecen problemas.

La convivencia, incluso en sus formas más intranscendentes e inofensivas, está regida por reglas no dichas. Cuando un invididuo las rompe, se activan mecanismos de reprobación social o exclusión, para reprimir el comportamiento no deseado. Pero lo que pasa con aquellos que no tienen opción, que nunca han vivido bajo este entramado social, rompe con toda posibilidad antes vista.

Los niños salvajes, también conocidos como niños lobo, son descritos como infantes que han vivido fuera del ambiente social y que presentan ausencia o dificultades en el lenguaje, siendo esta característica una de las principales y más notorias, entre otras, como la marcha sobre las cuatro extremidades, insensibilidad a las inclemencias del clima o agudeza visual nocturna.

Según el reverendo Joseph Amrito Lal Singh, propietario de un orfanato que recibió a dos niñas salvajes en Bengala Occidental en 1930, y quien definió las características anteriores, se pueden presentar sólo algunas de ellas.

Las reglas sociales activan mecanismos de exclusión y rechazo para reprimir los comportamiento erróneos. Foto: newyorker.com

Lo que define en su totalidad a un niño salvaje es sin duda su separación prolongada de la civilización para ser entregado al mundo salvaje, sea desde la infancia o la adolescencia. Han sido abandonados al medio o encerrados sin ninguna clase de contacto humano.

El resultado es la animalización. Una vuelta a un estado en el que el aprendizaje social se pierde y, por lo tanto, el comportamiento está moldeado por lo instintivo, aquellos rasgos que no son precisamente aprendidos o imitados, sino que se encuentran en el inconsciente.

La forma en que entienden el mundo es un misterio. Si generan creencias para comprenderlo o si su cerebro no se desarrolla de manera adecuada para tener una cosmovisión parecida a la del individuo socializado, son preguntas realizadas a partir de estos casos.

El escepticismo al respecto no se ha hecho esperar, puesto que un niño realmente apartado de todo contacto humano sería un caso sumamente inusual. El psicoanalista y psicólogo austriaco Bruno Bettelheim, consideró que estas características se presentaban también en menores autistas que sufieron abandono. Se cree también que infantes con deficiencia mental podrían presentar algunos rasgos “salvajes”.

Y es precisamente en este punto en que se admiten algunas variantes más. Es posible encontrar estas características en niños que han sido separados de todo contacto con el exterior, encerrados. Sin embargo, se añade un factor de abuso y hostilidad que podría significar variantes en sus comportamientos: una disminución de las funciones mentales y secuelas por una mala alimentación.

La variabilidad que se ha encontrado en los casos conocidos, puede dividirse en tres tipos básicos: aquellos que han vivido largos periodos de soledad en la naturaleza sin contacto siquiera animal, los que han sido tomados como crías por especies salvajes de animales, o aquellos que han sido abusados por medio del confinamiento durante gran parte de su vida.

El origen es diferente, pero las consecuencias siguen una línea semejante.

Escultura de Rómulo y Remo, personajes del mito de la fundación de Roma, quienes fueron criados por lobos. Foto: Archivo Siglo Nuevo

EL IMAGINARIO POPULAR

El hombre salvaje es un tema que ha fascinado a la humanidad a lo largo de su historia, precisamente porque habla sobre los límites del contrato social y de la persona misma.

La prueba de este interés está en la mitología y la literatura. El hombre salvaje es una figura arquetípica que aparece en obras de arte y literatura medieval europea, cuyo origen puede remitirse hasta el Enkidu de la epopeya sumeria de Gilgamesh. Nabucodonosor es también un referente: se trata de un rey que, en el Libro de Daniel de la Biblia, cae en la locura y es expulsado de la sociedad. Le crece vello en el cuerpo y se animaliza.

En general, el arquetipo del salvaje se basa en criaturas como el fauno, con partes de cabra u otro animal. Dionisio es el dios del vino y la desmesura, y su contacto con la parte animal es aquello que lo hace ceder a sus impulsos. El salvaje suele ser contrario al ideal cristiano gobernado por el orden.

En la tradición romana se encuentran figuras como Silvanus, espíritu tutelar de los bosques y campos. En el mito de Rómulo y Remo, la fundación de Roma se encuentra en las manos de estos dos niños que han sido amamantados por una loba.

En 1550 se publicó uno de los grandes referentes para la creación de los cuentos de hadas: Las noches agradables, que influyó en escritores tan importantes como Charles Perrault, Jeanne-Marie Leprince de Beaumont o los famosos hermanos Jacob y Willhem Grimm. En el libro se incluye el cuento Guerrino y el hombre salvaje, donde un salvaje de barba verde es visto como amenaza y encerrado; pero tras ser liberado por Guerrino, lo ayuda a convertirse en rey. Los hermanos Grimm describen en Juan de hierro a un hombre que vive en el fondo de un pantano, mismo que luego se descubre como un rey que estaba bajo un encantamiento.

El salvaje ha sido recibido de manera ambigua por la imaginación popular: es motivo de temor, pero también de expectativa de tranformación; el diferente es impulsado a convertirse en una pieza más del complejo mundo social.

De la misma forma, los relatos de la cultura popular tienen distintos objetivos. Pueden ser historias de aventura, viaje y descubrimiento, y tratar de llegar a un público infantil para ofrecer lecciones, pero también, y sin que esto excluya lo anterior, pueden tratar rasgos problemáticos del ser humano como lo es el poder.

Juan de hierro, un hombre que descubre a un rey encantado en el fondo de un pantano. Foto: linternasybosques.files.wordpress.com

En El Libro de la Selva (1894), escrito por el ganador del premio Nobel de Literatura Rudyard Kipling, el protagonista Mougli es criado por lobos y se relaciona con distintos animales. Pronto se da cuenta que, a pesar de ser un niño, tiene algunas ventajas sobre ellos y descubre el fuego. Gracias a esto vence al tigre Shere Khan, su antagonista, pero además se evidencía la avidez de poder de los monos, quienes buscan también dominar el fuego para hacerse tan poderosos como Mougli.

En Tarzán de los monos (1914) escrita por Edgar Rice Burroughs, la historia tiende asimismo hacia la aventura, y los conflictos de su protagosnista van en un sentido parecido. Es hijo de una pareja que ha naufragado y sobrevivido a la selva gracias a que construyen una cabaña cercana a la costa para refugiarse. Ellos mueren al ser atacados por gorilas, quedando vivo Tarzán, quien crece criado por ellos siendo parte de su manada.

Todo cambia cuando se encuentra con la cabaña y los objetos de sus padres donde, aprendiendo de encicplopedias y nuevos instrumentos como el cuchillo, se convence de la superioridad del humano. A partir de ese momento se enfrentará con oponentes cada vez más poderosos entre los animales, para probar su poderío y reclamar su lugar en la selva.

Las historias de personajes salvajes ponen en cuestión el lugar del humano en la naturaleza, pero sobre todo su aparente ambición casi sin límites hacia un estatus mayor desde el cual ejercer su poder. La comparación entre las personas de la civilización y aquellas que no tienen contacto con ella, hace posible imaginar los dilemas a los que se enfrenta un personaje descubriendo su pasado, y lo que cambiará una vez que se asuma como parte diferenciada del reino animal.

En Los jóvenes náufragos de Black Lake Island (1901), escrito por J.M. Barrie, los personajes cooperan en un medio natural y sobreviven viviendo en las raíces de un árbol, lo que sirvió como influencia para crear a los niños perdidos de Peter Pan.

Este motivo no se quedó en esta tradición, sino que fue revisado en la segunda mitad del siglo XX con una visión más pesimista. La división de la civilización es un gran punto de partida para hacer conjeturas sobre la separación entre lo humano y lo animal, así como los mecanismos que detienen a la bestia que persiste dentro de las personas.

En El Señor de las moscas (1954) de William Golding, se relata la historia de un grupo de niños sobrevivientes a la caída de un avión en una isla desierta. Para sobrevivir crean símbolos de autoridad (una caracola que encuentran y suenan para reunirse), acuerdan una jerarquía social y establecen reglas.

El libro de la selva cuenta la historia de Mougli, un niño criado por lobos y que vive en la jungla junto con otros animales. Foto: Behance / Megan Murell

Sin embargo, el ambiente alejado de la civilización hace que los jóvenes, que por su madurez apenas estaban comprendiendo los límites de su comunidad, vuelvan a un estado de animalidad que sume al grupo en la violencia, movidos por la lucha de poder. Los comportamientos que exhiben son más cercanos a los que tendrían individuos que viven en una sociedad con normas laxas.

John es un personaje que presenta una de las caras más interesantes del hombre salvaje, ya que vive en la distopía de Un mundo feliz (1932) de Aldous Houxly. Él vive al margen de un mundo donde reina el placer, mismo que es suministrado mediante drogas para programar toda acción humana y así erradicar problemas sociales como la pobreza.

Para alcanzar estos logros, sin embargo, fue necesario eliminar un sinfín de libertades y, con ellas, un espectro amplio de posibilidades y diversidad propias del ser humano. John está más cercano a las personas como hoy las conocemos, y sin embargo es un ser marginal, visto como un salvaje en comparación con la sociedad de aquella distopía y como una excentricidad que merece las miradas morbosas.

LOS VERDADEROS NIÑOS SALVAJES

Víctor de Aveyron es el nombre del niño salvaje más conocido. Fue encontrado por cazadores en 1799 con 11 años de edad y con las características clásicas: marcha cuadrúpeda y resistencia a las inclemencias del clima. Presentaba cicatrices y mordeduras, y en intentos de protegerlo era notable que no soportaba la ropa con que lo vestían. Al comer rechazaba los alimentos cocidos, únicamente aceptando los crudos. Antes de ser capturado recolectaba raíces o granos, y robaba comida de los lugareños.

Debido a que no parecía entender el lenguaje, se consideró que sufría retraso mental, pero pronto su maestro, el pedagogo y médico Jean Itard, quien se hizo famoso por este caso, matizó la conjetura señalando que se trataba de un déficit en el desarrollo del lenguaje. El periodo largo que el niño pasó sin contacto humano fue el causante de la supreción de esta vital herramienta.

Por su parte, para Kaspar Hauser las preguntas sobre su origen comenzaron en 1828 en Nuremberg, Alemania, cuando las conductas que exhibía no eran propias de una persona de 16 años. No contaba con la habilidad del habla, puesto que pasó sus primeros años de desarrollo al interior de una celda. Extrañamente, fue mantenido con vida pero desaparecido del ojo público debido a que era un hijo no reconocido del emperador Napoleón Bonaparte. Su fascinante historia fue llavada al cine por Werner Herzog bajo el título El enigma de Kaspar Hauser (1974).

Kaspar Hauser, supuesto hijo no reconocido de Napoleón Bonaparte. Foto: Amazon

Más recientemente, el español Marcos Rodríguez Pantoja, rescatado en 1953, es uno de los pocos casos auténticos documentados. Vivió en pobreza extrema, quedando solo durante once años en que su compañía fueron los lobos. Tras una vida de maltratos y pérdidas, a los siete años fue vendido a un tratante que tiempo después murió, dejándolo a su suerte. El tiempo que duró en abandono no fue suficiente para menguar hasta el extremo su recuperación. Las habilidades que había aprendido antes de ese episodio fueron clave y, aunque olvidó el lenguaje humano, pudo recuperarlo tras su rescate.

En el caso de Genie, descubierta en la década de los setenta en California, fue encerrada en un intento de protegerla de los peligros del exterior, puesto que su desarrollo intelectual se vio afectado por su difícil situación familiar, marcada por la enfermedad. La cuestionable forma de hacer frente a sus problemas fue mantenerla fuera del contacto de cualquier ser humano, lo que ocasionó una involución de sus habilidades. Finalmente logró escapar y recuperarse con dificultad.

Rochom P’ngieng, una niña de Camboya, fue encontrada en 2007 tras ser perdida en la jungla a los nueve años de edad. Se presume, por sus múltiples cicatrices, que sufrió de abusos y encierro. Al escapar y ser rescatada fue internada en un hospital, siendo encontrada por sus padres 10 años después de su desaparición.

RAÍCES FILOSÓFICAS

Publicado en 1762, el contrato social de Jean-Jacques Rousseau teoriza sobre la forma en que se establece una comunidad. Si bien sentó las bases políticas de reformas y revoluciones, contiene reflexiones filosóficas que analizan una reconciliación entre la naturaleza y la cultura.

El ser humano puede ser libre y vivir en comunidad siempre y cuando esta sea igualitaria. La voluntad del colectivo se suma para generar un contrato mediante el cual se domestica al individuo a través del contacto con otras personas, quienes igualmente han cedido algunas de sus libertades por un bien superior.

La moral, lo relativo a los usos y costumbres, según su origen del latín, es el conjunto de normas, creencias, valores y costumbres subjetivas a las que cada quien está sujeto. En la definición ampliada por el biólogo de Harvard Edward O. Wilson, es un entramado que se produce a partir de la oportunidad de sobrevivir.

Marcos Rodríguez. Foto: mysterious-times.com

Por supuesto, lo anterior quiere decir que no existe una sola moral y que, siendo seres que se han extendido por todo el mundo, la moral de los humanos depende de cada contexto sociocultural, pero atiende a ciertos valores universales que se defienden de diferentes formas. Sin entrar en detalle, la moral es aprendida del grupo y tiene un sentido adaptativo.

En el fenómeno del niño salvaje confluyen reflexiones en torno a lo anterior, en cuanto a la noción del bien y del mal. Es decir, si por medio de la moral se puede definir, aunque sea a groso modo, un sentido de lo idóneo para el grupo, entonces aquel que está fuera de esta noción será dañino.

Para Thomas Hobbes, filósofo de la Ilustración, el progreso y la ciencia transforman al hombre y lo adaptan. Esta idea podría tomarse como obvia sin previo análisis, pero teoriza esto sobre la base de que el ser humano es malo por naturaleza, y lo que domestica y mantiene los límites que conoce es la civilización.

En contraposición, el ya mencionado Rosseau sostiene que el ser humano es corrompido por la civilización. En este entorno es que se encuentran males tan intrínsecos como la indiferencia o el odio. Es por eso que su manera de acercarse a esta problemática es llamada “el mito del buen salvaje”, que ha sido relacionado con los dilemas propios del fenómeno del niño salvaje. Sin embargo, Rousseau sólo lo hace para señalar la corrupción originada en las sociedades.

En conclusión, el niño salvaje simplemente está fuera de la norma, por lo que le será difícil establecer todo tipo de contacto con las personas pertenecientes a una civilización.

LA EXCEPCIÓN DE LA REGLA

La psicología se encargaba anteriormente del estudio del alma humana. La traducción de lo que se entiende por alma actualmente, es la mente y sus expresiones; la más significativa y que tiene una consecuencia más palpable es el comportamiento.

Es posible que los niños salvajes no se puedan reintegrar a la sociedad o que, lamentablemente, mueran en el proceso de una nueva adaptación. ¿Es acaso porque viven dentro de una normalidad que han encontrado a pesar de los ambientes hostiles en que se desarrollaron? En ese estado, su vida depende de pertenecer al entorno salvaje, aunque la realidad es que la mayoría de estos casos se unen con el abuso.

Sentineleses, tribus que rechazan cualquier tipo de contacto externo. Foto: tecmundo.com.br

Es imposible negar que estas personas sufren dificultades y que su rescate supone un dilema ético enorme. En cada caso ha sido importante reintegrar a estos individuos aunque se sepa de antemano que su pronóstico no es bueno.

El ambiente del ser humano actual podrá no ser el mejor, pero es aquel que nos es necesario hoy en día. El niño salvaje se encuentra en un estado poco idóneo: lejos de sus iguales.

Cabe mencionar que este aislamiento poco tiene que ver con las tribus que no han tenido contacto con el resto de la humanidad, como los llamados sentineleses que habitan el Golfo de Bengala, de quienes se debe respetar su autonomía. Las redes de apoyo entre ellos existen, y los intentos por “civilizarlos” suelen relacionarse con actos de colonización cuyo objetivo no es su protección.

Existen aspectos que el individuo comparte con el colectivo y que, como entes sociales, hacen a la persona funcional. Si bien la normalidad es una repetición de características, en el caso de los niños salvajes no hay una adaptación adecuada al medio.

Ellos presentan alteraciones graves en aspectos conductuales, como es de esperarse, pero también su cognición se ve afectada. El cerebro se ve marcado por la falta de adquisición de conocimientos debido a que debe enfocarse en un aspecto crucial: la supervivencia.

La plasticidad cerebral es el medio por el cual este órgano se transforma conforme obtiene conocimientos y habilidades. Una vez que estos son aprendidos, el cerebro se adapta a ellos, por lo que se convierte en un fenómeno de suma importancia para el desarrollo. Las etapas tempranas son las más difíciles de recuperar en términos de plasticidad.

La participación en un grupo de iguales es aún más crucial para el niño, pues es mediante esta interacción y el juego que adquiere sus primeros conocimientos y habilidades.

Respecto a los niños salvajes confluyen preguntas sobre lo innato de las herramientas humanas. No hay un cosenso en lo referente al lenguaje, pero queda claro que es en gran parte aprendido.

Rochom P’ngieng. Foto: news.sky.com

Es durante el llamado periodo crítico (comprendido entre los tres y cuatro años de edad), propuesto por los psicólogos Wilder Pendield y Lamar Roberts (1959), que habilidades complejas como el lenguaje tienen un impulso importante. La estimulación apropiada durante esta etapa se da con el contacto paternal u otras personas del entorno y, de no ser así, se pierde esta oportunidad de desarrollo.

Lo más preocupante es que el desarrollo suele ser escalonado y un aprendizaje influye en otro. Si falla en su etapa inicial, otras capacidades se verán afectadas más adelante. Por ejemplo, la adaptación al entorno social se relaciona íntimamente con el lenguaje, pero también las habilidades de representar y relacionar un objeto en la mente (pensamiento abstracto), e incluso la construcción de una identidad personal: el responder a la pregunta de qué nos define.

El complejo entramado de habilidades sociales conecta también con la empatía, que se ve afectada al no lograr relacionarse con iguales. La deficiente o nula socialización hace casi imposible la participación en una comunidad .

Mediante los conocimientos que se van heredando de generación en generación, además de todo lo anterior, las personas agregan aprendizaje sobre múltiples caminos ya recorridos por la humanidad. Por lo tanto es sólo en el entorno social que es posible desarrollar las capacidades del ser humano (y esto podría ser una mala noticia porque al parecer no nos soportamos entre nosotros).

La vida de hoy separa al ser humano del entorno hostil y crea cada vez más comodidades, pero no se trata exclusivamente de eso, sino que es posible que no sea imaginable, siquiera, precindir de los hallazgos que han hecho a nuestra especie vulnerable al ambiente físico, pero poderosa en su medio. El ser humano construyó su mundo a partir de este gran cúmulo de avances, un mundo del que ya no es posible salir.

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