El síndrome metabólico
Salud

El síndrome metabólico

Otra epidemia peligrosa

Sin tanto estruendo y con menos reflectores que la COVID-19, el síndrome metabólico (SM) es la otra pandemia que, de manera silenciosa y potencialmente letal, recorre el mundo.

Los médicos familiares y generales lidiamos con él de forma frecuente, de ahí que insistamos, ante los pacientes y de cara a la sociedad, en la necesidad de adoptar una buena y variada alimentación para conservar en buena condición nuestro organismo.

El síndrome está muy esparcido entre la población e incide directamente en las opciones que tienen las personas para hacer frente a los agentes nocivos que amenazan su bienestar.

Engloba trastornos que coinciden en un individuo: presión alta, azúcar elevada, obesidad, triglicéridos descontrolados y colesterol bueno, que brilla por sus bajos niveles. En lo individual son malos indicadores; en conjunto, aumentan el riesgo de sufrir alguna enfermedad cardíaca, un accidente cerebrovascular o diabetes tipo 2.

Tener a un solo integrante de esta quinta no significa que padeces el síndrome. No obstante, implica un mayor riesgo de contraer alguna enfermedad grave.

Salvo la desaparición de la cintura, el SM no suele mostrar signos o síntomas evidentes. Guarda vínculos estrechos con la falta de actividad física y con una afección denominada resistencia a la insulina.

El sistema digestivo descompone las viandas y las transforma en azúcar. La insulina es una hormona que libera el páncreas. Con su ayuda, el dulce es transformado, a nivel celular, en combustible para nuestras actividades.

Por un lado, la resistencia a la hormona dificulta la obtención del energético, por el otro, aumenta los niveles de glucemia (azúcar en la sangre). La elevada carga acaramelada en el torrente escarlata ocasiona daño a los nervios, problemas renales y los ya mencionados males del corazón y de la cabeza.

El colesterol alto y la hipertensión arterial contribuyen a la acumulación de plaquetas en las arterias. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Andar con el colesterol y la hipertensión arterial altos puede contribuir a una acumulación de plaquetas en las arterias. Si estas células que contribuyen a la coagulación de la sangre se estrechan, los vasos sanguíneos sufren un proceso de endurecimiento, lo que conduce, otra vez, a fallos en los órganos que dispensan latidos o pensamientos.

ALACENA

Los alimentos que acostumbramos consumir, la cultura de lo frito o aceitoso, o muy dulce o muy salado, se sitúan en el extremo opuesto a una dieta adecuada.

Una mala comida, entendida como de baja o nula calidad nutricional, allana el camino de la enfermedad. En combinación con uno o varios de los elementos del síndrome, estimula que la condición de una persona empeore.

Resulta indispensable permanecer atentos y no caer en los engaños de la publicidad. Por ejemplo, entre los productos que se anuncian como opciones saludables, los cereales suelen vender el trigo o el aporte vitamínico que contiene el producto, pero no mencionan su carga azucarada.

La calidad nutricional es la capacidad de los comestibles para satisfacer las necesidades del organismo en términos de energía y nutrientes. Entre esas necesidades se incluye la salud.

Cuidar lo que se come representa alzar escudos contra los riesgos sanitarios. Lo contrario es exponerse en demasía a terminar en unidades de cuidados intensivos.

ESENCIAL

En sus pasillos y anaqueles, las tiendas exhiben tanto alimentos de verdad como productos que aparentan ser comida. Hortalizas, carne, pollo, pescado, huevos, productos lácteos y grasos pertenecen a la primera categoría.

Es indispensable permanecer atentos y no caer en los engaños de la publicidad. Foto: Unsplash/ Nathalie Rose

En la segunda aparece la extensa gama de tentempiés o platos fuertes con altos contenidos de grasa, azúcar o sal, como bebidas dulces, botanas y comida rápida. A veces hasta adquirimos productos cuyos principales atractivos son el precio y el sabor sintético. En esos casos, llevamos a la mesa simulaciones de alimentos verdaderos.

Invertir en comida de calidad vale la pena y se paga solo. Representa ahorrar en idas al médico, tratamientos y tiempos de recuperación.

A veces, basta con leer el empaque de un producto para darse cuenta de que un alimento es sólo un producto de laboratorio con sabor y textura artificial.

Al formar el hábito de la nutrición inteligente se fortalece el sistema inmunológico de niños, jóvenes y adultos de todas las edades.

PRECISIONES

No todo lo natural es saludable. Un jugo de la fruta favorita, por ejemplo, puede disparar los niveles de azúcar en la sangre. Es mejor dar cuenta de esos caramelos de la naturaleza en su forma original que beberlos.

Eso de tomar conciencia de lo que das a tu cuerpo demanda información. La guía de un asesor en temas de salud y nutrición es indispensable porque el organismo sabe cómo producir el azúcar que necesita y cómo vivir sin comer carbohidratos.

El cuerpo sabe, de algún modo, que comer dulce todo el tiempo conduce al consultorio.

Además, debe considerarse que la alimentación afecta tanto nuestra química cerebral como nuestro comportamiento.

La gente sabe que debe alimentarse bien, pero prefiere las otras opciones, las fritas o bañadas en sacarosa o que han sido procesadas.

Es importante favorecer los alimentos no procesados en la dieta. Foto: Behance / Magali Polverino

Una conciencia que fomenta la salud desde las citas con la mesa arroja beneficios mayúsculos, quizá los más atractivos sean retrasar la inevitable despedida y permitir que la vida se desarrolle sin dolores ni complicaciones.

Más allá de los hospitales, la pandemia de COVID-19 ha ocasionado dificultades laborales, sociales y económicas. Mucha gente ha quedado atrapada en la inseguridad alimentaria o bien la ha visto reforzada. El asunto es difícil de resolver. Poco ayuda que, como pueblo, nos decantemos por consumir bebidas azucaradas y bocadillos salados antes que opciones benéficas para el organismo.

Así llegamos a una realidad donde los pobres de la nación presentan, al mismo tiempo, cuadros de desnutrición, una alta prevalencia de sobrepeso y obesidad (siete de cada 10 adultos en el país sufren alguna de estas condiciones).

Garantizar el acceso a viandas saludables es un pendiente que la amenaza del coronavirus, de un modo retorcido si se quiere, invita a resolver.

Mientras la constante sea mantener a mano el producto con baja o nula calidad nutricional, el síndrome metabólico, la COVID-19 y cualquier agente nocivo en el porvenir, nos hallarán con la guardia baja, listos para besar la lona.

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