El principio de Peter
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El principio de Peter

La teoría de la incompetencia laboral

En 1969 apareció la primera edición del libro El principio de Peter, obra escrita diez años antes de su impresión por el canadiense Laurence J. Peter, profesor en educación quien desentrañó los motivos de la incompetencia laboral. La obra fue rechazada por más de una decena de casas editoras que no entendieron su propósito (y parece que aún continúa el misterio sobre su contenido) porque tardó una década en divulgarse.

Si ha pretendido usted escribir una comedia, no debería incluir tantos estudios de casos trágicos”, fue una de las respuestas; otra resultó más agresiva: “Reconsideraré la publicación de la obra si hace usted un reajuste mental y se decide a redactarla de nuevo en forma de un libro humorístico o de un trabajo científico serio”, le contestaron hace sesenta años por carta. Hoy en día, si se teclea en Internet el título, aparecerá una breve reseña del contenido y en la clasificación del género se asienta que se trata de una obra de humor.

El principio de Peter explica el origen de la incompetencia de individuos en su desempeño laboral. “Aunque algunos hombres trabajan de una manera competente, he observado a otros que han alcanzado su nivel de competencia de una manera precaria; realizan su trabajo deficientemente, frustrando a sus compañeros y erosionando la eficiencia de la organización”, escribió el propio Laurence en el libro donde reúne sus observaciones de casos de ineptitud laboral.

INCOMPETENTES POR DOQUIER

Los estudios del profesor canadiense le permitieron promulgar lo que desde entonces se conoce como “El Principio de Peter”, el cual asevera que: “En una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. Desentrañar este principio no fue un acto de revelación fortuita, sino de recopilación de casos que, por absurdos, parecían cómicos.

Foto: Archivo Siglo Nuevo

En todas las conferencias pronunciadas entre 1960 y 1964, así como en los artículos que siguieron a las mismas, se usaron ejemplos con referencias humorísticas y se emplearon nombres imaginarios, tras los que se ocultaban los verdaderos personajes. La estrategia la continuó utilizando en la obra escrita y por ello la confusión de los editores, desorientación que el propio Peter calificó como incompetencia laboral: “El mundo editorial no estaba preparado para lanzar mi trabajo en forma de libro”, dedujo el autor, por lo que decidió comenzar con la publicación de breves artículos periodísticos que causaron un efecto inmediato en los lectores. La recepción del público le abrió las puertas al mundo editorial.

La incompetencia ocupacional se halla presente en todas partes. ¿Se ha dado usted cuenta? Probablemente todos nos hemos dado cuenta. Vemos políticos indecisos que se las dan de resueltos estadistas (…). Es ilimitado el número de funcionarios públicos que son indolentes e insolentes; de jefes militares cuya enardecida retórica queda desmentida por su apocado comportamiento, y de gobernadores cuyo innato servilismo les impide gobernar realmente”, comienza el primer capítulo del texto.

La incompetencia, continúa Peter, corre en dos vías: desde el clérigo inmoral y el juez corrompido hacia el ciudadano afectado quien sólo se encoge de hombros como respuesta. “En las universidades vemos anuncios redactados por administradores cuyos propios escritos administrativos resultan lamentablemente confusos, y lecciones dadas por profesores con voz inaudible e incomprensible. Detectando incompetencia en todos los niveles de todas las jerarquías, políticas, legales, educacionales e industriales, formulé la hipótesis de que la causa radicaba en alguna característica intrínseca de las reglas que regían la colocación de los empleados. Así comenzó mi reflexivo estudio de las formas en que los colaboradores ascienden a lo largo de una jerarquía y de lo que les sucede después del ascenso”.

Foto: DeBolsillo

EL ESPEJO FRENTE A SÍ MISMO

El mecánico E. Diestro (nombre ficticio usado por Peter para ejemplificar) fue un trabajador excepcional por su habilidad e inteligencia. En poco tiempo se convirtió en el mecánico especialista. “En ese puesto demostró una extraordinaria habilidad para diagnosticar oscuras averías”; sumados su empeño y paciencia para arreglarlas, al poco tiempo fue ascendido a encargado del taller. Fue cuando empezaron las calamidades.

E. Diestro no supo cómo administrar el taller, no fue capaz de delegar funciones y de organizar a su equipo; apasionado por componer las averías mecánicas, seguía metiendo las manos en los motores, desplazando al resto del equipo y retrasando las entregas. Los problemas surgieron al interior del taller, con los clientes y con el dueño del negocio por el desplazamiento de personal y el incumplimiento en las entregas. E. Diestro “era un mecánico competente, pero ahora es un encargado incompetente”.

Como éste, Peter desmenuza más ejemplos de la ineficiencia provocada por ascensos impulsados equivocadamente; como el del superintendente Cortés, quien era incapaz de negarse a cualquier encargo que se le pidiera. A todos respondía que “sí” aunque el cometido fuera solamente llevar un mensaje. “Nominalmente es superintendente, pero en realidad hace el trabajo de un mensajero”; la mal interpretada cortesía de Cortés, se tradujo en incompetencia.

Hace un año, un grupo de investigadores de la Universidad de Minnesota, del Instituto Tecnológico de Massachusetts y de la Universidad de Yale, estudió a más de 130 empresas de Estados Unidos “en las cuales los empleados que mejor desempeño tuvieron en su rol fueron promovidos a cargos de gerente”, reseñó la BBC de Londres. Cuando aquello ocurrió “esos jefes no fueron competentes en un rol de liderazgo”, descubrieron, lo que les llevó a concluir que “los mejores trabajadores no siempre son los mejores gerentes”; es decir, se comprobó el Principio de Peter.

El libro El Principio de Peter intenta ser el espejo en el cual se refleje el individuo, incapaz de reconocerse a sí mismo e identificar sus limitaciones en un primer vistazo. “Cuando el hombre comprende lo que está haciendo, es cuando se produce el verdadero progreso hacia el entendimiento”, confía Peter en su obra, aún vigente sesenta años después de concebida.

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