La octava maravilla
Nuestro mundo

La octava maravilla

Nuestro Mundo

Misteriosos los caminos del señor, dice el Eclesiastés. Vaya que sí. Juzguen ustedes: a inicios de 2018 coincidí con mi amiga Ave Barrera en una mesa en la Feria del Libro de Minería. Se trataba de nombrar algunas entre nuestras novelas favoritas. Yo hablé de La octava maravilla, de Vlady Kociancich. Nadie más en la mesa había siquiera oído hablar de ella. Mi esposa Iliana Olmedo y yo conocíamos ese libro gracias a un ejemplar que encontramos en una polvorienta librería de Buenos Aires en 2013. De inmediato nos hicimos seguidores de la autora.

Días después de aquella mesa, le obsequiamos un ejemplar de la novela a Ave. Se trató de un regalo muy bien aprovechado, pues hace unas semanas nos enteramos de que el libro acaba de reeditarse en la colección Vindictas, de la UNAM, con Ave como coordinadora editorial. Dicho sea de paso, Vindictas ha resultado un estupendo trabajo lidereado por Socorro Venegas, pues ha puesto en las mesas de novedades a una decena de autoras olvidadas. No se trata de un esfuerzo aislado: en el mismo sentido, destaca la labor de Liliana Pedroza en su Historia secreta del cuento mexicano, así como las páginas web Nuestras voces (de Abigail Mendoza) y Escritoras mexicanas (de Cristina Liceaga). Aunque suene a cebollazo, la misma Iliana ha contribuido de manera importante a visibilizar autoras olvidadas al rescatar la obra de Luisa Carnés. Así pues, con la certeza de saberme cómplice involuntario de esta aventura, y para celebrar que el libro de Kociancich vuelve a estar en las librerías, comparto con ustedes fragmentos de una reseña que hace siete años publiqué en este mismo diario:

La octava maravilla es una ficción estupendamente armada que mereció el siguiente elogio de Adolfo Bioy Casares: “una construcción lógica, posible pero prodigiosa, una aventura de la imaginación filosófica, una historia de amor, de amistad, de traiciones, una búsqueda infinita”. De Kociancich podemos decir que nació en Buenos Aires, en 1941, y que además de escritora ha sido periodista, crítica literaria y traductora.

En 268 folios, la autora nos relata la historia de Alberto Paradella, joven que desde sus primeros años da señas de ser muy inteligente, lo que genera altas expectativas en su familia y sus amigos. Con los años esas expectativas van creciendo y se cargan sobre la conciencia de Alberto hasta convertirse en un equipaje difícil de arrastrar. Matriculado en la carrera de leyes, duda sobre la conveniencia de continuar con sus estudios, pues desembocarían en una vida de competencia para la cual no se siente calificado. La mejor salida es decir que su verdadera tarea es la literatura. Cuando en el horizonte aparece cualquier situación que lo compromete, Paradella se zafa con una cómoda frase: “estoy escribiendo”. La situación al principio parece chusca, y la autora aprovecha para desarrollar cuartillas con un tono ligero y al mismo tiempo cargado de ironía hacia los jóvenes talentos que saturan los ambientes literarios.

Pronto, los lectores advertimos que el joven Paradella comienza a vivir una doble vida que le exige cada vez mayores esfuerzos: no tiene idea de cómo escribir, pero ya se ha ostentado frente a todos como un joven autor que prepara su primera novela. Encerrado en su estudio, se dedica a copiar un refranero sólo para que su joven esposa escuche el tecleo de la máquina y no descubra su impostura.

Hasta allí la parte ligera del libro, que coincide con la juventud de su protagonista. Pero como advierte uno de los personajes, el mundo es un sitio muy complejo: la vida de Paradella resulta muy distinta de lo que indicaba el plano original. Con mano muy firme, Kociancich nos lleva hacia una historia que va revelando traiciones, desengaños, dolores inesperados empujan al protagonista a emprender una fuga tratando de evadirse de su país, incluso de su propia vida, sólo para terminar varado en un terreno en el que se mezclan la realidad y la ficción en forma hábil, podríamos decir magistral. Publicada por primera vez en 1982, La octava maravilla es un rompecabezas que se arma frente al lector sin que éste lo perciba, y que al final se revela como un artefacto bien embonado, en el que cada pieza cumple una función.

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