Cortés, conquistador de la Historia
Nuestro mundo

Cortés, conquistador de la Historia

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Hernán Cortés, conquistador de México, lo menos que hizo fue conquistarse un lugar en la Historia con su hazaña mesoamericana. Por lo demás, ganó uno de los lugares más prominentes, aunque en su altura se colisionen los vituperios con los encomios.

En su carta al rey Carlos V, del 30 de octubre de 1520 (en 2020 cumple cinco siglos), Cortés se nos puede aparecer con muchos y diversos rasgos develados por su yoísmo precisamente renacentista, es decir, de autovaloración como ser humano. La catadura que primero se nos presenta en el escrito es la del soldado conquistador, no de poco brillo para su efigie histórica. Pasa igual con su cara de fundador de pueblos y la de creador de una burocracia administradora de la cosa pública, de las cosas materiales y de las del espíritu; ejemplos: cuando organiza cabildos y erige templos católicos los que fueron de divinidades autóctonas. Por lo menos con eso conquista la Historia. Habría que añadir sus otras cartas y documentos, fuentes primarias para la observación histórica.

La carta del 30 de octubre de 1520 la escribe en Segura de la Frontera, localidad cercana de Tlaxcala. Ha ido a refugiarse allá después de la Noche Triste. En el documento recuerda su propósito de conquistador. En términos actuales, exhibe su “resiliencia”. Le recuerda al rey que en otra carta le decía tener noticia de un “gran señor que se llama Moctezuma”. Lo de gran señor implicaba que el señorío debía ser conquistado y subyugado, como lo habían sido ya muchos señores y sus dominios. Así el conquistador, con decisión ya templada en muchos combates, dice que a Moctezuma “lo habría, preso o muerto, o súbdito a la corona real […]”.

Para la fecha en que data su carta, Cortés ya había vencido en Centla, sometido a Cempoala, luchado con otros pueblos y con los tlaxcaltecas y negociado la alianza con estos últimos; ahora que escribe vive en una región sometida por él. Había combatido con las huestes autóctonas en las inmediaciones de la gran Tenochtitlan y luchado por ella hasta la llamada Noche Triste. Conocía la calidad de los adversarios. Está preparándose para entrar a la ciudad que lo había alojado del 8 de noviembre de 1519 al 30 de junio de 1520 (día de la Noche Triste).

En la carta de hace 500 años recuenta sus hazañas camino a Tenochtitlan, a partir del 16 de agosto de 1519 en Veracruz, cuando empieza el ascenso hacia la capital mexica, hasta que, derrotado, se refugia en Tepeaca. Evoca acontecimientos que hacen verlo como un hombre resiliente. Con tenacidad de idealista, movido por la fe católica, cuando una noche sale a combatir, se le “cayeron cinco de los caballos y yeguas que llevaba”. Sus soldados ven eso como mala señal y le piden regresar. Decide seguir porque “Dios es sobre natura”. Luego, antes que amaneciese “di sobre dos pueblos, en que maté mucha gente”.

Pero meses después, y después de que Moctezuma lo recibió con honores y lo instaló en Tenochtitlan el 8 de noviembre de 1519; de que combatió a Pánfilo de Narváez que venía a apresarlo o matarlo; de que en fin, enfrentó la rebelión mexica y sufrió la Noche Triste, cuando derrotados se reponen en Tlaxcala, sus hombres le requieren retirarse hasta Veracruz, y escribe: “Y yo, viendo que mostrar a los naturales poco ánimo, en especial a nuestros amigos, era causa de más aína dejarnos y ser contra nosotros, acordándome que siempre a los osados ayuda la fortuna […] acordé y me determiné de por ninguna manera bajar los puertos hacia la mar […]”.

Con esa determinación regresará a la reconquista. Mientras tanto, avasalla las inmediaciones insumisas de Tepeaca y más poblados en el camino hacia el final sobre Tenochtitlan. Reconquistará la gran ciudad, hecho que será fundacional para una patria. Cortés asentará su posición en la Historia.

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