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Catacumbas de París
Arquitectura

Catacumbas de París

Las entrañas de la ciudad de la luz

A mediados del siglo XVIII, París mostraba un gran crecimiento en la actividad mercantil y, por lo tanto, también en el paso de personas y la construcción de nuevos edificios y viviendas. Por la ciudad se expresaba la vida de manera tan vertiginosa que pronto habría que hacerle frente a su contraparte: la muerte.

En un vuelco inesperado, los cementerios estaban excediendo su cupo habitual, por ende los cuerpos se desbordaban poniendo en peligro la salud de sus habitantes. En respuesta, se les dio un nuevo hogar: las catacumbas de París. Se trata de un complejo de túneles que alojan gran cantidad de huesos, nacido para convertirse en una de las atracciones más singulares y escabrosas del mundo.

PROBLEMAS Y OPORTUNIDADES

Los habitantes podían tener contacto un tanto directo con los restos humanos debido al desborde que había. Además los hedores contaminaban la ciudad, llegando a lugares como el Mercado Les Alles, el más importante en el abasto de alimentos. El fenómeno se convertía ya no sólo en una molestia, sino en un posible y grave problema de salud.

Las autoridades de París resolvieron reubicar los restos. Los primeros traslados se realizaron entre 1785 y 1787 hacia el cementerio más grande de París, el de los Santos Inocentes, pero pronto habría que tomar medidas distintas porque este lugar, junto con otros panteones con sobrecupo, contaba con seis millones de esqueletos. Había que moverlos a un sitio cuyo acceso estaba ubicado fuera de la capital: las antiguas canteras de Tombe-Issoire bajo la llanura de Montrouge.

París se encontraba construida sobre 200 millas de túneles de piedra caliza que habían sido cavados para conseguir este material con el que se contruyó la ciudad.

La tarea de mover los cuerpos no fue fácil, tomando en cuenta que los túneles tenían un amplio historial de problemas. En el 1700, el arquitecto Charles-Axel Guillaumot se encargó de estabilizarlos, pero en el siglo XIX habían provocado sumideros.

Foto: timeout.com

Durante dos años de trabajo árduo, se reubicó la mayor parte de los restos; aunque se continuó con la labor, de manera mucho menos intensa, hasta ya comenzada la segunda mitad del siglo XIX.

El lugar fue nombrado Osario Municipal de París el 7 de abril de 1786. El siguiente nombre con el que sería conocido es el de Catacumbas. Así se hizo referencia al fascinante descubrimiento de las catacumbas romanas, galerías subterráneas utilizadas para enterrar los cuerpos de judíos, paganos y los primeros cristianos del siglo II al siglo V. A partir de 1809, las Catacumbas se abrieron al público.

EL PROYECTO

Las catacumbas parisinas cuentan con 20 metros de profundidad, es decir, como un edificio de cinco pisos de altura. Tienen 243 escalones camino abajo y el recorrido para turistas, de aproximadamente una hora, es de 1.5 kilómetros.

Sin embargo, en realidad su extensión total es de 11 mil metros cúbicos distribuidos en 300 kilómetros de túneles. Las partes cerradas al público en general se consideran peligrosas debido a que no están preparadas para su acceso. Las personas podrían perderse en la intrincada red o sufrir algún accidente en el escabroso recorrido.

El proyecto de las Catacumbas de París es extendido y por lo tanto ha pasado por varias modificaciones. Actualmente se puede acceder a ellas mediante un recorrido virtual en la web catacombes.paris.fr.

Durante los dos años de trabajo duro mencionados, se realizaron las primeras reubicaciones, pero hubo interrupciones importantes. La Revolución Francesa, por ejemplo; ese periodo de inestabilidad fue seguido por una reconstrucción.

A partir de 1809, las Catacumbas se abrieron al público. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Al llegar Napoleón al poder, las catacumbas adquirieron su carácter de atracción turística. De hecho, es por ello que se dispusieron los huesos a la vista y se ordenaron de forma decorativa. Un bonito detalle que sorprendentemente funcionó para atraer al público.

El encargo de convertir en un atractivo turístico el recinto fúnebre, fue para Nicolas Frochot, entonces prefecto del Sena, y Louis-Étienne Héricart de Thury, inspector general de canteras. Este último tomó la decisión de acomodar los huesos en forma de muralla. En ellas se pueden encontrar placas que identifican su procedencia y pequeños altares.

Los túneles fueron convertidos así en un laberinto que sería recorrido por los visitantes más valientes, lo que significó una mayor entrada de turistas pero también el cierre de sus sitios más recónditos y ostiles. Hoy también hay valientes que los recorren, como aquellos visitantes que en 2017 se perdieron por tres días y sufrían hipotermia cuando fueron rescatados.

ACTUALIDAD

Los restos de Jean de La Fontaine, autor de cuentos como La Cenicienta o Caperucita Roja se encuentran en el laberinto, al igual que los del pintor Simon Vouet. Sus rincones han sido el escenario de historias importantes para la humanidad como El Fantasma de la Ópera de Gastón Leroux o Los Miserables de Victor Hugo. Forman parte del imaginario colectivo y los misterios que encierran nos llaman, porque su atractivo principal es uno de los grandes temas universales: la muerte.

En la Segunda Guerra Mundial, la resistencia francesa utilizó las catacumbas y los soldados alemanes establecieron búnkeres en sus túneles debajo de la Lyceé Montaigne, una escuela secundaria.

Sus paredes se encuentran cubiertas por grafitis que datan desde el siglo XVIII a la actualidad. Foto: Flickr / Morgane Augustin

Los atractivos turísticos de París suelen ser vistos como hermosos y románticos. Puede parecer extraño que esta imagen tenga una especie de reflejo siniestro en las entrañas de la tierra, pero lo cierto es que, de la misma forma en que los conceptos de vida y muerte se relacionan constantemente, las catacumbas albergan bastante actividad humana, lejos de ser únicamente un sitio solemne o silencioso.

La visita de las galerías fue prohibida en 1955, pero era común que se realizaran visitas ilegales. La ciudad de la muerte tiene sus paredes cubiertas por grafitis que datan desde el siglo XVIII hasta la actualidad. Es tan grande e imponente, que su uso para distintas actividades es un tanto difícil de controlar.

Una subcultura entera opera en las profundidades. Los conocidos como chatapilles, son exploradores urbanos que buscan entradas desconocidas a las galerías subterráneas y se apropian del espacio público de esta manera arriesgada, pasando los límites de lo establecido. Realizan grafiti, esculturas, fiestas rave y festivales enteros, además de performances e instalación artística en las profundidades. Todas actividades clandestinas, ya que el acceso a estos lugares es ilegal y está restringido por policías de las catacumbas, una división especial para estos casos.

En 2004 también se descubrió dentro del laberinto un cine en funcionamiento, formado por 500 metros cuadrados de área, electricidad y líneas telefónicas. Contaba con lo necesario para sus proyecciones, además de una sala de estar y un bar.

Las catacumbas nos enseñan que hay límites que los humanos esperan romper en cualquier momento, pero también, que existe una gran fascinación por la muerte y sus misterios. Cualquier persona siente respeto por lo que para algunos es una entrada a un mundo diferente y para otros el paso hacia la no existencia. La muerte nos pone en un lugar extraño y recóndito de la imaginación, que no siempre se está listo para explorar, al igual que las catacumbas. Es una expresión del imaginario colectivo que se convierte acaso en un reflejo del mundo de los muertos.

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