Habitantes modernos del Desierto Chihuahuense
Ciencia

Habitantes modernos del Desierto Chihuahuense

En búsqueda de la identidad

Foto de portada: Gamaliel Castañeda

Sólo podemos dominar la naturaleza si la obedecemos

Francis Bacon

La identidad es una muestra de cuan inmersa está una persona en su entorno, de lo que significa para uno y de cuanto valora o considera su existencia. Este concepto, de acuerdo con las ciencias sociales, es fundamental para comprender la situación intercultural; es un conjunto de rasgos, símbolos y valores específicos de un individuo o grupo, que guían el actuar y el grado de apego con distintas cosas a lo largo de su vida.

Por ejemplo, el sentimiento de identidad se puede conectar con movimientos musicales, equipos deportivos, políticas y desde luego tradiciones y paisajes de un lugar. Por lo tanto, se esperaría que la población, en general, reconociera y se identificara con el entorno que le rodea; sin embargo, en la región Laguna sucede un fenómeno particular. ¿Sabía usted que existen laguneros que no saben que habitan en el desierto? ¿Y que hay quienes asocian más a un león, a una cebra o un camello como un animal representativo de un ecosistema como lo es el semidesierto?

La falta de identidad con nuestro entorno la podríamos calificar de grave, porque nos hace caer en errores de su uso e, incluso, llegar a pensar que se han derrotado los estándares y procesos ecológicos como si se tratase de una batalla del humano contra la naturaleza (como el famoso dicho “vencimos al desierto”), siendo que no somos más que otro de sus habitantes y ávidos usuarios.

Desde hace 21 años se festeja en octubre el mes del Desierto Chihuahuense, celebración que lleva por objetivo difundir la importancia de la biodiversidad y de los paisajes de este ecosistema. Pero, también busca de manera central concienciar sobre la problemática actual de esta ecoregión, pobremente valorada y de la que finalmente dependemos todos sus habitantes (incluidas plantas y todo tipo de animales). En las próximas líneas trataremos de describir algunos datos interesantes de este ecosistema, especialmente en la región Laguna.

¿QUÉ ES UN DESIERTO?

Un desierto se describe como una región en la que las precipitaciones son escasas, la humedad es baja y las temperaturas. En conjunto, estas características describen la aridez, por lo que suelen ser condiciones hostiles para muchas especies, forzando a unas cuantas a adoptar estrategias específicas para vivir y prosperar intermitentemente.

Se estima que cerca de un tercio de la superficie terrestre es árida o semiárida; se reconocen 23 zonas desérticas para el mundo. La clasificación de estas regiones incluye desiertos fríos como el Skardu en Pakistán, que llega a registrar temperaturas menores a los 25 grados centígrados en los meses de invierno, y desiertos extremadamente áridos como el de Atacama en Chile, considerado el más árido del mundo con una precipitación promedio anual de sólo 15 milímetros.

Dunas de Bilbao en Viesca, Coahuila. Foto: Gamaliel Castañeda

En cuanto a sus dimensiones también varían mucho. El sistema desértico más pequeño es el desierto de Lut en Irán con 52 mil kilómetros cuadrados, mientras que el más extenso es el del Sahara en África con nueve millones de kilómetros cuadrados.

Para definir el nivel de aridez, los desiertos se evalúan de acuerdo a criterios climáticos (como las precipitaciones y la humedad). Las condiciones bioclimáticas definidas por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), señalan que una región semiárida o árida es aquella en la que la evapotranspiración (evaporación más transpiración) supera la cantidad de precipitación.

La palabra desierto proviene del latín desertus que significa despoblado, solo o inhabitado, y también se conoce como un lugar arenoso o rocoso que, por la falta de lluvias, se encuentra desprovisto de vegetación o la tiene muy escasa.

Si bien la diversidad encontrada en un desierto no es equiparable en número a la de ecosistemas como las selvas, ciertamente sí podemos hablar de una magnífica gama de formas de vida y adaptaciones para subsistir y prosperar en las condiciones que ofrece este tipo de paisaje bioclimático.

Un desierto no es llano como lo pintan en algunos paisajes. Consta más bien de cuencas y valles enmarcados por montañas y lomeríos de diversas alturas. Estas variaciones altitudinales y diversidad de serranías juegan un papel muy importante en los procesos ecológicos de los desiertos, especialmente durante las temporadas de lluvias, cuando gota a gota se van formando los riachuelos que aprovechan los torrentes aluviales para aumentar su fuerza y emprender camino arrastrando tierra y nuevas oportunidades de vida hasta las partes más bajas.

EL DESIERTO CHIHUAHUENSE

Es considerado el más grande de Norteamérica, tiene más de 630 mil kilómetros cuadrados que se extienden en México a través de los estados de Coahuila, Durango, Chihuahua, Nuevo León, Tamaulipas, Zacatecas, San Luis Potosí, Aguascalientes, Querétaro e Hidalgo.

En Estados Unidos, el Desierto Chihuahuense se extiende por los estados de Arizona, Texas y Nuevo México. Debido a sus condiciones climáticas, este es considerado como una zona mayormente árida y es uno de los desiertos con mayor riqueza de especies; de hecho, está considerado como el segundo más biodiverso del mundo. Cuenta además con una gran cantidad de especies únicas que no se encuentran en otra zona del mundo (endémicas). Lo anterior se debe a que esta ecorregión está bordeada tanto por la Sierra Madre Oriental como por la Sierra Madre Occidental, lo que mantuvo aisladas a diversas especies de flora y fauna tanto en sus valles como en sus lomeríos más altos.

Polígono del Desierto Chihuahuense en México. Foto: Francisco Arellano

La vegetación predominante en el Desierto Chihuahuense consiste en arbustos perennes leñosos con espinas, hojas pequeñas o sin hojas, así como pastizales amplios de importancia internacional en la zona de los valles. Además, en esta ecorregión se ubica una gran diversidad de plantas suculentas como las cactáceas, muchas de ellas endémicas, que desafortunadamente están amenazadas por las actividades de origen antrópico.

LA LAGUNA EN EL DESIERTO CHIHUAHUENSE

Los municipios de la Comarca Lagunera se localizan en medio del Desierto Chihuahuense. Aunque resulta paradójico, esta región tuvo un par de lagunas en una de las regiones más áridas de México. Al ser una cuenca endorreica (cuenca sin salida al océano), el agua de lluvia acumulada a lo largo de lomas y arroyos encontró su mayor fuerza en los ríos Nazas y Aguanaval. Ambos se encontraban en las lagunas conocidas como Laguna de Viesca y Laguna de Mayrán. Esto representó un verdadero oasis en medio del Desierto Chihuahuense

Así, La Laguna tuvo uno de los paisajes más contrastantes constituidos por cerros, lomas y montañas de todos tamaños; desde unas decenas de metros, hasta más de tres mil 100 metros sobre el nivel del mar (msnm), intercalados por llanos con suelos profundos. El cerro más alto de nuestra región lo constituye el Picacho en la Sierra de Jimulco (tres mil 120 msnm), mientras que los llanos más bajos apenas se alzan a los mil 150 msnm en la región de Viesca y San Pedro de las Colonias.

Este escenario constituye un paisaje típico del Desierto Chihuahuense, pero con un par de lagunas que además alimentaron uno de los acuíferos más abundantes de México. En ese sentido, La Comarca Lagunera fue un sitio de gran contraste y diversidad, y aún lo es, sólo que actualmente ya muestra indicios de elevado disturbio con una pérdida considerable de cobertura vegetal y diversidad biológica.

ADAPTACIÓN DE ORGANISMOS

Existen varias adaptaciones que permiten que se desarrolle la vida en el desierto: evitar condiciones extremas; características fisiológicas y morfológicas que reducen la pérdida de agua; respuesta rápida a la disponibilidad de agua, y mecanismos para conservar nutrientes esenciales.

Gopherus flavomarginatus en la reserva de la biosfera de Mapimí, Durango. Foto: Gamaliel Castañeda

La mayoría de las especies que habitan en el desierto son bastante selectivas respecto a sus sitios de establecimiento. Por ejemplo, la mayoría de los animales buscarán siempre un refugio en el cual permanecer durante las horas más intensas de calor: en las grietas, debajo de rocas o en las madrigueras encontradas en los suelos del desierto.

En estos sitios, por ejemplo, es posible detectar temperaturas agradables dentro del rango de los 30 grados centígrados, mientras que en la superficie la temperatura puede fluctuar cerca de los 60 grados centígrados. Los animales suelen además modificar sus horas de actividad para permanecer refugiados durante los periodos más calientes, y así exponerse a la búsqueda de comida y pareja únicamente cuando las condiciones son más favorables, por lo que es posible que usted no vea ni detecte ningún animal si realiza una caminata a las dos de la tarde en un día caluroso. Pero si decide regresar al mismo sitio durante el atardecer, por la noche o en las primeras horas del día, habrá una mayor oportunidad de toparse con más de una especie.

Un ejemplo característico de estas adaptaciones es la tortuga del Bolsón de Mapimí (Gopherus flavomarginatus), la especie de tortuga terrestre más grande de Norteamérica. Habita en la confluencia de los estados de Coahuila, Chihuahua y Durango, principalmente dentro de la Reserva de la Biosfera de Mapimí. Para protegerse del clima extremo construye madrigueras que llegan a alcanzar una profundidad de más de un metro y una longitud de más de tres metros. Dentro de estas, las temperaturas son muy estables tanto en verano como en invierno. De esta forma salen únicamente a buscar comida, y en temporada de lluvias, cuando el alimento es más abundante, exploran el territorio en búsqueda de pareja. De hecho se estima que estas tortugas pasan cerca del 90 por ciento de sus vidas dentro de sus madrigueras.

Por su parte, las plantas del desierto presentan algunas adaptaciones y características como poseer hojas pequeñas, menor cantidad de estomas (esto evita la pérdida de agua por evapotranspiración) e incluso, al igual que los árboles caducifolios en invierno, algunas plantas del desierto son capaces de quedarse completamente sin hojas durante los periodos de sequía y generar hojas hasta que se presentan los periodos de lluvia.

Además, las semillas de las plantas del desierto presentan germinación retrasada; esto quiere decir que no germinarán inmediatamente con las primeras lluvias, sino hasta que las condiciones de humedad del suelo sean suficientes para el establecimiento de las plántulas. En el Desierto Chihuahuense los ocotillos (Fouquieria splendens) tienen una apariencia de rama seca espinosa color gris con un poco de verde, durante la primavera y el verano; pero a la llegada de las primeras lluvias se llenan de hojas pequeñas y comienzan la producción de flores que resaltan en el paisaje por su color rojo brillante.

Vegetación en la cima de Jimulco. Foto: Sara Valenzuela

IDENTIDAD Y DESIERTO

Si hablamos de los lugares icónicos de la región que nos generan sentido de identidad (o deberían) tendrían que estar en la lista de obligados las Dunas de Bilbao en Viesca, Coahuila. Este lugar fue creado por el material de cuarzo arrastrado por las antiguas corrientes de los ríos Nazas y Aguanaval. El material más ligero (los granos de arena) fue depositado por el viento y la acumulación generó las dunas que han sido testigo de grabaciones de películas tanto nacionales como extranjeras.

Además, las dunas albergan especies altamente adaptadas a esos ambientes, como la lagartija de arena de Viesca (Uma exsul), que únicamente habita en esta zona y que, para mantenerse alejada de las temperaturas altas, se entierra con la ayuda de unas escamas especiales en forma de peine que posee en las patas traseras. Este lugar se ha vuelto un atractivo turístico y desde el 2014 se declaró como Reserva Natural Voluntaria como iniciativa de los propietarios para proteger el lugar con el objetivo de conservar sus recursos naturales.

Otro lugar representativo en la región lagunera es el Cañón de Fernández, declarado Parque Estatal desde el 2004 y ubicado en la parte de la cuenca baja del río Nazas. La vegetación riparia nos hace olvidar por un momento que nos encontramos en el desierto, pues debajo de la copa de los árboles encontramos temperaturas agradables, mismas que sirven de refugio para una gran diversidad de especies. En esta zona se encuentran cerca de 25 especies endémicas, entre las que destaca la tortuga Jicotea del Nazas (Trachemys gaigae hartwegi) considerada como vulnerable en la Lista Roja de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza. Este reptil se distingue por la presencia de una mancha ovoide color roja o naranja en la parte posterior de los ojos.

Además, el Cañón de Fernández fue declarado como sitio RAMSAR, por su importancia para la biodiversidad. Se obtuvo el nombramiento por tratarse de un corredor biológico entre la sierra madre y el Desierto Chihuahuense para especies de aves migratorias, además de ser considerado el humedal más importante para toda la Comarca Lagunera.

En Torreón se encuentra un espacio natural aún más desconocido para la mayoría de los Laguneros: la Reserva Ecológica Municipal Sierra y Cañón de Jimulco, que abarca poco menos de la mitad de Torreón (el 44.7 por ciento) y se encuentra ubicada en el segundo polígono de este municipio.

Cima del Centinela en Jimulco. Foto: Sara Valenzuela

La particularidad de este sitio es que en la parte alta de las montañas se presenta vegetación de tipo chaparral submontano e, incluso, de bosque templado, consistente en pastizales en las laderas con parches de encinos y pinos de porte bajo. Los escurrimientos aluviales de esta montaña desembocan en el Río Aguanaval, de suma importancia para la región lagunera por la biodiversidad que abarca, así como por la recarga de los mantos acuíferos de la zona.

El desierto es, pues, un conjunto de elementos de gran significado con especies fuertes que han sabido adaptarse y proliferar en un entorno de contrastes; escenarios que han moldeado formas, tamaños, comportamientos y tolerancias de gran amplitud. Es por ello que vivir en el desierto es sinónimo de resistencia, de tolerancia, de confrontamiento a condiciones adversas donde solamente unos cuantos, los más adaptados, han sabido perdurar.

Estas características bien pueden ser cualidades de cualquier especie del desierto, rasgos que atestiguan una estrategia de vida singular. Es por ello que pensar en este escenario y en sus elementos, nos debe hacer reflexionar sobre el nivel de adaptación que ha alcanzado la vida en este sistema. Los paisajes, sus contrastes, las formas de aquellas plantas sin hojas o espinas, o de aquellas sin hojas pero sí con tallos suculentos, o los animales de esbeltas figuras y de hábitos sigilosos y astutos, no son más que el reflejo de todo ser vivo que ha existido por milenios dentro del desierto.

El entorno ofrece entonces una gran cantidad de atributos que pueden fácilmente ganarse nuestra admiración, que pueden incluso describirnos como seres del desierto. Características por las cuales debemos sentir emoción y satisfacción al ser parte de la biota en un entorno altamente demandante. La vida en este ambiente tiene el mérito de generar la más alta identidad a cualquier lagunero que se jacte de pertenecer a un ecosistema donde la vida se gana con la lucha diaria y con la constante respuesta al cambio. Todo con el firme propósito de pertenecer a él y de preservar su esencia.

Cañón de Fernández en Lerdo, Durango. Foto: Sara Valenzuela

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