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Oficinas vacías
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Oficinas vacías

El nuevo orden laboral

La historia registra que la primera oficina, como las conocíamos hasta antes de la pandemia, caracterizada por instalarse en un sitio físico con escritorios y sillas, se creó el 31 de diciembre del año 1600. Fue la Compañía Británica de las Indias Orientales la que la estableció para trabajar sobre la contabilidad del comercio de entonces. El modelo material se mantuvo por siglos, hasta que se presentó la combinación de dos variables al comienzo de esta centuria que cambió el concepto de oficina: el desarrollo de las tecnologías de la información y la presencia de la pandemia de COVID-19.

Como en otras pandemias que han abatido a la población en diferentes momentos históricos, en ésta no hay diferencia en la estrategia adoptada para reducir los contagios: el encierro, voluntario o forzado, en casa. Sólo que el ingrediente tecnológico ha permitido la continuidad de actividades de orden económico, incluso social. La primera de ellas, el desempeño laboral, se puede realizar desde casa para diversas ramas productivas. El trabajo a distancia o teletrabajo está modificando algunos aspectos cotidianos en las relaciones personales y laborales, e incluso en términos económicos en áreas como la de bienes raíces.

No me parece indicado compartir mi intimidad y la de mi familia con el trabajo en casa ¿por qué tendría que someterme a esa exigencia?” protestó a quien escribe, Carlos R., funcionario gubernamental en México, cuando se le solicitó una entrevista a distancia a través de una de las plataformas de Internet que permite el contacto con imagen y sonido. Prefirió, pese a las restricciones sanitarias, establecer un punto de contacto físico, personal, sin las herramientas de la telecomunicación de por medio.

La resistencia de Carlos (nombre ficticio porque el entrevistado no autorizó la revelación del real) iba a contracorriente de las disposiciones oficiales, porque no le fue permitido entrar a su oficina en un turno ajeno al suyo. A pesar de su protesta, el trabajo desde casa está ocurriendo, acarreando gastos extra para el trabajador y trasformando también los espacios físicos.

Muchos trabajadores han expresado que preferirían mantenerse en modalidad de teletrabajo. Foto: Unsplash/Standsome Workstylelife

Desde el primer modelo de oficina del siglo XVII, las modificaciones a las áreas laborales tienen el propósito de brindar al colaborador un espacio favorable para el desempeño de sus actividades. Los desarrolladores de las tecnologías disruptivas propusieron también nuevos modelos de oficina, incluyendo áreas recreativas, de descanso y amplios jardines para reducir el estrés.

Google y Facebook no sólo marcaron la pauta en las comunicaciones, también propusieron estilos en el diseño de la oficina: el uso de colores vivos, el establecimiento de mobiliario cómodo y de vanguardia; además de la inclusión de áreas prioritarias antes desdeñadas, como la creación de espacios para amamantar a los hijos, o la instalación de tarimas para cambiarlos dentro del baño, así como áreas para comer, gimnasios y zonas de juegos de mesa; espacios que están en desuso desde los tiempos de la COVID-19.

RADIOGRAFÍA DEL TELETRABAJO

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) elaboró la guía del teletrabajo durante la pandemia y después de ella. Reveló que “antes de la pandemia sólo una fracción de la fuerza laboral trabajaba ocasionalmente desde casa. En la Unión Europea (UE), la incidencia del teletrabajo regular u ocasional (en el hogar y móvil combinados) variaba alrededor del 30 por ciento o más en Dinamarca, en los Países Bajos y en Suecia; y del 10 por ciento o menos en la República Checa, Grecia, Italia y Polonia. Según los estudios, hasta un 20 por ciento de la fuerza laboral de los Estados Unidos trabajaba regular u ocasionalmente desde su casa u otro lugar alternativo; un 16 por ciento en el Japón y sólo un 1.6 por ciento en Argentina (Eurofound y OIT, 2019)”.

En el caso de América Latina, según Laura Ripani, especialista en la División de Mercados Laborales del Banco Interamericano de Desarrollo, Brasil era el país con más empleados trabajando desde sus casas, con 12 millones, seguido de México con 2.6 millones, Argentina con dos millones y Chile con 500 mil personas. Cifras que se están modificando por el confinamiento.

Oficinas de Google en Washington, Estados Unidos, un espacio armónico y con áreas para actividades de esparcimiento. Foto: Gettyimages

De acuerdo a la encuesta difundida por la BBC de Londres, en Estados Unidos se reveló que el 59 por ciento de quienes trabajan desde casa “quieren continuar haciéndolo más allá del confinamiento (y por tanto) empresas internacionales como Twitter y Barclays ya han adelantado que los amplios espacios de oficinas tal vez sean cosa del pasado: ambas compañías han dado señales de que sus empleados ya no tendrían que trasladarse hasta una oficina a diario y que planean una política a largo plazo para que estos ejecuten sus labores desde casa una vez que la pandemia acabe”. Y cómo no, si el teletrabajo ha representado ahorro para las empresas, y mayores costos para los colaboradores.

CAMBIO DEL PARADIGMA

A Jack Nilles se le considera el padre del teletrabajo debido a que, en 1973, conectó diversas estaciones a distancia de una empresa de seguros. En medio año, con este esquema tecnológico diseñado por el ingeniero de profesión, la compañía incrementó su producción en un 80 por ciento, redujo la tasa de deserción laboral y ahorró cinco millones de dólares.

Cuarenta años después y una pandemia más, se reprodujo el modelo que acarrea beneficios para las corporaciones. La trasnacional IBM confirmó ahorros superiores a los cien millones de dólares al año desde el 2000 gracias al teletrabajo en Estados Unidos. De la misma forma, AT&T reportó en el 2005 que había reducido sus costos anuales en 30 millones de dólares y había tenido una ganancia que rondó los 150 millones de dólares; American Express informó que sus teletrabajadores ingleses generaban alrededor de 40 por ciento más de negocios que sus colegas de la planta.

En tanto, el portal Colombia Digital publicó que el teletrabajo reduce el ausentismo laboral en un 63 por ciento, así como la deserción e índices de rotación que implican gastos de entrenamiento e inversión en nuevo personal. Por lo anterior, regresar a las oficinas después de la pandemia, puede ocurrir parcialmente.

El home office es una medida que podría disminuir los gastos de las empresas, así como desahogar la saturación del transporte público y el tráfico de cada día. Foto: Unsplash/Víctor Rodríguez

EL MERCADO INMOBILIARIO

El periodista Mattew Haag, del diario The New York Times, publicó en mayo de este año que los ejecutivos de las empresas financieras Barclays, JP Morgan Chase y Morgan Stanley consideraban poco probable el regreso de sus trabajadores a sus oficinas en los grandes rascacielos; lo mismo prevé la firma Nielsen. Las decenas de miles de colaboradores de aquellas organizaciones creaban en el distrito de Manhattan un ecosistema urbano sumamente dinámico. Restaurantes, hoteles, tiendas de todo tipo y el sistema de transporte cobraban vida por el ir y venir de los oficinistas, hasta marzo de este año en que se anunció el confinamiento.

Con la posibilidad de la creación de vacunas y con ello el retorno a la cotidianidad previa, las empresas neoyorquinas “se preguntan si vale la pena seguir gastando tanto dinero en las exorbitantes rentas comerciales de Manhattan”, escribió Haag, quien agregó en su texto la declaración de David Kenny, director ejecutivo de Nielsen, en la cual anunció la transformación de sus oficinas en áreas de reuniones ocasionales sólo para planear la ruta de trabajo, y considerar como una posibilidad permanente el desempeño a distancia para reducir el costo de la renta: “tenemos contratos de arrendamiento que vencen y eso está impulsando absolutamente este tipo de decisiones”.

El trabajo a distancia trasladará los costos de las empresas a los hogares de los colaboradores, además modificará el entorno urbano. Edificios de oficinas quedarán desocupados y los comercios que sobrevivían de los oficinistas se vendrán abajo. El marco legal también está cambiando, con él se intenta una transición tersa hacia el nuevo orden laboral para cubrir los huecos (en todos sentidos) que dejarán las oficinas vacías.

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