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Investigaciones de ultratumba
Nuestro mundo

Investigaciones de ultratumba

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Muerte en el Jardín de la Luna es la más reciente novela de Martín Solares. Se trata de la segunda entrega de una trilogía protagonizada por Pierre Le Noir, joven investigador de la policía parisina. Antes de comenzar esta trilogía, Solares había publicado dos impecables novelas negras: Los minutos negros (2006) y No manden flores (2015), ambas proyectos narrativos de gran calado que abordan la descomposición del estado de Derecho en las comunidades del norte de México. Tal como lo han hecho otros autores del género en Latinoamérica, bajo la etiqueta de novela Solares esbozó auténticas crónicas que se concentraban más en retratar la lucha por el poder, la violencia y la falta de estado de Derecho que en plantear adivinanzas intelectuales. Si en Estados Unidos la crisis de 1929 resultó un caldo de cultivo propicio para dar origen a una literatura realista, crítica, que con lenguaje seco y directo retrataba las experiencias del ciudadano promedio, la convulsa y violenta historia reciente de América Latina ha propiciado una literatura igualmente crítica, punzante, realista y descarnada.

Pero volvamos a Muerte en el Jardín de la Luna. Ambientada en la capital francesa de 1927, la trilogía es un proyecto que nace derivado de los años que el autor vivió en París mientras cursaba un doctorado en La Sorbona. Con Catorce colmillos, publicada en 2018, el autor incursionó en lo que podría llamarse thriller de ultratumba. Su protagonista, Pierre Le Noir, es un investigador asignado a la Brigada Nocturna, división de la policía parisina encargada de lidiar con espectros, monstruos, vampiros y otras pesadillas.

El tema de este autor, lo sabemos, es el de los monstruos. Más concretamente la convivencia con los monstruos. Aquí aparece muy bien expuesto, en un ambiente en donde la cooperación entre lo onírico, lo subconsciente y lo racional se antoja natural y hasta necesaria. No me extrañaría que en la Francia de la primera mitad del siglo XX hubiese existido una división nocturna como la que propone esta trilogía. El deslizamiento de los monstruos etéreos a los monstruos reales, esos que habitaron las sociedades del siglo XX, y que no se acaban de ir del todo, es valiosísimo. Aunque se trata de una continuación, esta nueva entrega puede leerse sin haber leído la novela anterior. Pierre Lenoir ha perdido su alma y se entera de que una cuadrilla de monstruos le buscan para matarlo. De perseguidor muta a perseguido. La aparente sencillez que Solares obtiene en el relato es envidiable. Concisión de tono, de anécdotas, acción constante pero equilibrada con descripciones, diálogos y datos históricos.

El asedio de sicarios de ultratumba no es el único problema que Lenoir enfrenta: uno de sus compañeros en la brigada ha sido asesinado en el Jardín de Luxemburgo. Todo indica que el asesino no es de este mundo. Como ocurre en sus primeras novelas, Solares engancha al lector y le mantiene interesado. A lo largo de más de doscientas páginas, vamos de pasmo en pasmo, de sobresalto en sobresalto: barcos encallados, playas infestadas de tiburones, presencias fantasmales, gárgolas que hablan, crímenes en hospitales, un escritor argentino obsesionado con laberintos y espejos, una bruja tan seductora como impredecible e insólitos viajes al lado oscuro de la luna. Así, no es difícil advertir que más que responder a la tradición noir, este libro se inscribe en la tradición de las novelas de aventuras. No puede ser casual que uno de los personajes clave sea un tal Monte-Cristo, antes conocido como Edmundo Dantés.

En resumen, se trata de una novela poderosa, ágil, con imágenes muy bien construidas y personajes vivos (y de los otros).

Nacido en Tampico en 1970, Martín Solares recibió el Latino Book Award a la mejor novela de misterio en USA, el Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas, y ha sido finalista de los premios Rómulo Gallegos, Antonin Artaud y Bibliothèque des Littératures Policières. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

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