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¿Google nos escucha?
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¿Google nos escucha?

Conversaciones al alcance del algoritmo

La información de cada usuario de redes sociales y buscadores es recogida y utilizada por las empresas para llegar rápidamente a potenciales clientes. Mediante los datos personales, se reconoce a quién se le puede hacer llegar cierta publicidad, lo que no es novedad en este mundo hiperconectado.

Si bien hay controversias sobre el conflicto ético que implica tener el poder de estos datos, se llegó a un nuevo nivel en esta discusión luego de que Google reconociera que escucha las conversaciones de sus usuarios a través de los dispositivos móviles, pero ¿eso afecta realmente la privacidad del usuario?

MACHINE LEARNING

En esta era, junto con la tendencia de analizar cúmulos enormes de información, ha aparecido como evolución natural la realización de esta tarea mediante herramientas cada vez más sofisticadas. El resultado es uno de los fenómenos más recientes: la escucha y recolección de datos a través de dispositivos móviles.

Entonces, Google escucha las conversaciones de los cibernautas, y es así como les presenta información que les podría resultar atractiva para asegurar su constante uso. Al tener usuarios cautivos, el siguiente paso es hacerles llegar los anuncios necesarios para reportar ganancias.

Esta multinacional utiliza la tecnología que tiene disponible. En 2019 reportó ganancias de hasta 160 mil millones de dólares, dedicándose mayormente a la publicidad: hacer llegar información de consumidor a vendedor, y viceversa.

Es más fácil llegar a quien ya se sabe a ciencia cierta que ha mencionado una marca o producto. Por esta razón el navegador accede a sus búsquedas, las monitorea y además acciona el micrófono incluso segundos antes de que el usuario active el lector de voz.

Foto: hushapp.io

Pero, antes de continuar y para no generar alarmismo, esta acción no se realiza todo el tiempo. Analizar todas las conversaciones privadas implicaría demasiados recursos, por lo que Google se concentra en datos más delimitados que el usuario deja en procesos que de todos modos realiza gran parte del día: sus búsquedas de voz o escritas, sus clicks y el tiempo que se queda observando una publicidad u otra.

Pero, ¿cómo es que esta información llega al poder de Google? La respuesta no es simple, pero cabe analizarla. Hay que tomar en cuenta que, para que los datos puedan servir a la compañía, debe transformar voz en textos, en tiempo real y sin errores.

Lo anterior lo que hace con la ayuda de inteligencia artificial (IA) basada en deep learning, es decir, algoritmos que imitan funciones cognitivas como razonar, percibir y, por supuesto, resolver problemas. De esta manera se mantienen activos motores que encuentran soluciones y aprenden de sus errores. No significa que tengan conciencia propia, pero han sido habilitados para seguir caminos por su cuenta y encontrar información útil.

Las economías de los datos, propias de esta época, producen la tendencia de analizar a detalle toda base de datos, predecir comportamientos y así obtener información que pueda tener algún valor para las empresas. Es por eso que cada vez más compañías con la suficiente capacidad de inversión buscan estudiar estos campos, obtener la mayor cantidad de datos posibles y así hacer efectiva su publicidad.

FUNCIONAMIENTO

Los lectores de voz que responden a las preguntas del usuario son una herramienta predicha por la ciencia ficción y que se ha llevado a la realidad. Pero parece que ha llegado a nosotros de maneras bastante torpes: los asistentes virtuales Cortana o Alexa no siempre comprenden lo que se busca y, si tenemos suerte, lanzan un resultado adecuado teniendo en cuenta nuestro patrón de búsquedas.

Se podría pensar que apenas están de camino a mejorar, pero la realidad es que ya existen las inteligencias artificiales que hacen esto mismo de manera mucho más efectiva. Sin embargo, el usuario común no tiene acceso a ellas, ya que se han restringido.

Google admitió que escucha aproximadamente el 0.2 por ciento de las conversaciones que los usuarios mantienen en su asistente visual. Foto: dailydot.com

La herramienta para generar texto coherente y creíble, llamada GPT-2, tiene el potencial malévolo de ser utilizada para producir noticias falsas a una velocidad nunca antes vista y, con ello, una polarización política aún más intensa de la que ya son partícipes los usuarios de Twitter u otras redes. Este último invento no se hizo de dominio público para evitar estos efectos.

Pero como todo en este mundo, se puede acceder a este tipo de herramientas (no a la GPT-2, pero sí a algunas otras) si se paga por ellas. Blender Bot, hecho público por Facebook en abril de 2020, es un robot de chat que lee los patrones en el lenguaje de forma más avanzada que sus predecesores. Genera contenido respondiendo a los mensajes que se le han introducido, al igual que la GPT-3.

El lenguaje ya es un tema de dominio más amplio para el campo de la inteligencia artificial. No sólo se pueden adquirir datos mediante el lenguaje escrito, sino que se “escucha”; es decir, es posible recoger información hablada.

Google posee esta tecnología y la utiliza para alcanzar sus objetivos. Emplea inteligencias artificiales que, entre otras cualidades, pueden distinguir la voz humana del ruido ambiental que hay en el sitio en que se encuentra el usuario, y puede discriminar una voz de otra, aunque todavía no es capaz de inferir la entonación de cada frase, las diferentes emociones expresadas y otras variaciones.

Los datos de conversaciones privadas son recolectados por los micrófonos de distintos dispositivos móviles, sean bocinas portátiles, tabletas o teléfonos móviles. Cerca del lector debe haber alguno de estos aparatos que, de hecho, nos escuchan.

El micrófono se activa, analiza y registra las interacciones que se han tenido con el comando de voz. Nuevamente, no necesariamente lo hace con cada conversación. Al final el usuario puede elegir utilizar otros motores de búsqueda como Metager, Ixquick o DuckDuckGo para no ser leídos o escuchados.

Motores de búsqueda como Metager o DuckDuckGo impiden que la privacidad del usuario se vea comprometida. Foto: nyt.com

PROBLEMAS ÉTICOS

Conforme más herramientas se desarrollan, más comodidades y más velocidad se podrá ofrecer para el funcionamiento cotidiano de este tipo de motores. Sin embargo, lo que se ofrece a cambio es la privacidad. Forzosamente la velocidad de respuesta personalizada requiere información que el usuario debe ofrecer.

La siguiente pregunta que cabe hacer es si este mismo proceso se puede utilizar en otros campos y con efectos bastante más adversos que la simple venta de Gansitos. De hecho, no es más un secreto que compañías como Facebook y Google pueden vender esta información a algunos de sus clientes más poderosos, como Donald Trump para la campaña electoral en que resultó ganador.

Es de esperarse que cualquier campo que necesite de la estadística o la lectura de tendencias se vea beneficiado con estas tecnologías, puesto que se trata de lo más avanzado en herramientas que procesan bases de datos.

Google admitió a mediados de 2019 que un grupo de expertos contratados por la compañía escuchan aproximadamente el 0.2 por ciento de las conversaciones que los usuarios mantienen con su asistente virtual. Por supuesto, este porcentaje podrá parecer mínimo, pero lo que es escuchado por sus algoritmos es superior. La justificación plausible es que se trata de máquinas que no pueden hacer un uso más allá de sus objetivos programados.

En el mundo hiperconectado es difícil mantener secretos. Sin embargo, cada vez más personas están interesadas en lo que se hace con sus datos. Es importante la difusión respecto a los más recientes avances tecnológicos, ya que dan y continuarán dando forma a la vida cotidiana. Lo que se está gestando es, si se tiene éxito y no nos devora la falta de pensamiento crítico, una sociedad más adecuada y más cuidadosa en cuanto a su privacidad en línea.

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