Arte paliativo
Reportaje

Arte paliativo

La expresión creativa en primera línea

La imagen mental que se forma de una época es, casi forzosamente, por medio de su arte más representativo. Los sucesos trascendentes están plasmados en obras que, más que una clara recreación de los hechos, exponen un punto de vista profundo y personal.

El arte ha estado presente durante las pandemias que más han marcado a las sociedades. En el caso de la última por COVID-19, la actividad artística, tan intrínsecamente relacionada con la humanidad, mantiene una gran presencia.

LA TRAGEDIA

La Danza de la Muerte o Danza Macabra es un género artístico de la Baja Edad Media cuyo argumento se hace en torno a la universalidad de la muerte, recordando que sin importar la posición social, la muerte une a todos. El Vanitas es un tipo de bodegón que reza sobre la finitud de la vida, mostrando objetos que son arrastrados por el tiempo. La tradición en torno a la muerte es una constante en el arte y es utilizada por grabadores mexicanos como Manuel Manilla o José Guadalupe Posada. El tema, ya de por sí difícil, adquiere las notas del desastre, como en La Balsa de la Medusa (1819) de Théodore Géricault.

El triunfo de la muerte (1562), del aclamado pintor del renacimiento flamenco Pieter Brueghel, llamado El Viejo, es una de las obras más célebres del autor y una de las representaciones más famosas sobre la peste negra. En ella usa el motivo recurrente de la muerte como desastre a gran escala, pero con el añadido de convocar a un ejército entero de esqueletos autómatas que se escabullen con distintas estrategias, unas más brutales y directas que otras, para llevarse a los vivos.

Aparecen osamentas rodeando a los vivos en una táctica de guerra. Ellos intentan escapar y, conforme están más cerca de sus captores, más se deforman, palideciendo y convirtiéndose en figuras cadavéricas. Los atacantes surgen en túnicas y tocando largas trompetas como las que aparecen en el Apocalipsis, sentados en un jurado o tendiendo trampas astutas a los vivos. Dos jóvenes enamorados parecen ignorar lo que ocurre en su entorno, sin saber que su destino se acerca.

Las calaveras, algunas más descompuestas que otras, usan máscaras de carne o montan a caballo. Entre la confusión se cierne la que parece la máxima expresión de la muerte, que ocupa una parte central del cuadro montando un animal esquelético y empuñando una enorme guadaña con la que alcanza a cuantos puede, en un guiño al jinete de la peste descrito en el libro bíblico.

El triunfo de la muerte (1562) de Pieter Brueghel. Foto: m.nyest.hu

Brueghel pinta orcas y ruedas en el cielo, pero también una tormenta flamígera que torna oscuro el cielo. La escena desoladora funge como representación de la impotencia ante fuerzas imposibles de controlar en la época, mismas que en la actualidad hemos comprendido y enfrentado con mayor ventaja.

En el texto La máscara de la muerte roja (1842) de Edgar Allan Poe, una suntuosa fiesta de antifaces se realiza en el castillo de un rey, mientras la ciudad que éste rige es asolada por una epidemia que causa hemorragias.

Un misterioso personaje surge entre los invitados disfrazado con salpicaduras rojas para hacer alusión a la enfermedad. El rey recrimina esta burla en un claro doble estándar; el gobernante puede divertirse durante la crisis denotando su poco interés por ella, pero no admite burlas respecto a la tragedia.

Al alcanzar al personaje de rojo tras una persecución, cae su disfraz, revelando que este adornaba en realidad una figura hueca. La epidemia se escabulle de esta forma al interior del castillo para matar a los nobles. De esta forma se entabla uno de los temas que surgen alrededor de todo desastre a gran escala: la diferencia de clases y la indolencia de los más pudientes.

Durante la pandemia de gripe de 1918, conocida como gripe española, un Egon Schiele golpeado por este evento pintó al también simbolista Gustav Klimt. Pero, yendo aún más allá en su registro emocional y personal del evento, tras la pérdida de su esposa embarazada, Schiele se retrata junto a la familia que no llegará a formar en una estrujante imagen donde se muestran la carne y su fragilidad (Familia, 1918).

Asimismo, en Autorretrato con gripe española (1919), el expresionista noruego Edvard Munch se coloca sobre el lienzo durante su cuarentena por contagio, para sobrevivir después y continuar su carrera.

EL HUMOR

El simbolista James Ensor, en Máscaras confrontando la muerte (1888), presenta figuras enmascaradas vistiendo sombreros y lentes, además de suntuosas y estridentes decoraciones que rodean a la muerte vestida de blanco. Un enfrentamiento de lo carnavalesco, la risa y la fiesta, como alicientes contra la muerte, tema que además se repite en Muerte y las máscaras (1897) y El gran jurado (1898).

Todos juntos podemos parar el sida (1988) de Keith Haring. Foto: europapress.es

Durante la epidemia de sida, Keith Haring realizó un graffiti con un mensaje opuesto al clima adverso vivido por la comunidad gay afectada, misma de la que formaba parte. “Todos juntos podemos parar el sida”, reza el muro, con la frase que da título a la obra (1988) que muestra sus característicos personajes sencillos, tomándose de las manos y bailando. No siendo una mera expresión simple o inocente, recuerda a la danza macabra, pintada además con el color rojo del peligro o la sangre.

Por la pintura, preponderante en siglos pasados y aún presente, y por todo arte, han pasado epidemias. Las obras surgen de la necesidad imperante de expresión. La catarsis es descrita por Aristóteles como una purificación emocional, corporal, mental y espiritual; la manera en que las presiones se liberan en un proceso que, debe señalarse, no es sencillo y muchas veces parece calar más de lo esperado. Es un modo de liberar la carga que a veces nace de la necesidad de hablar del mismo conflicto.

La risa y el carnaval se plantan ante la muerte y la tragedia, ambas caras en constante pugna. Pero la tragedia, como bien lo dijo Aristóteles, tiene un objetivo moralizante, el de purificar el alma a través de la catarsis.

La risa ha sido relegada durante gran parte de la historia al vulgo, a lo que sucede en las calles y a la cultura popular, asociada a lo demoníaco y la subversión del orden, según autores como Henri Bergson (La Risa, 1900) o Simon Critchey (Sobre el humor, 2002). Un ejemplo de esta contraposición entre idoneidad y moralidad está en la Biblia, cuya mayoría de personajes se envuelven en tragedia, pero casi ninguno ríe. Abraham es el único personaje que, tras saber que su esposa de avanzada edad tendrá un hijo milagroso, celebra con risa, misma que será apagada con la petición de Dios de sacrificar al niño.

Ha habido momentos sumamente extraños en que la humanidad se topa con ambas caras, tragedia y comedia, incluso en la realidad. La epidemia de baile de 1518, ocurrida en Estrasburgo, hoy noreste de Francia, inició cuando una mujer llamada Frau Troffea salió a la calle y comenzó a bailar descontroladamente.

El problema fue que continuó por un aproximado de cuatro a seis días, con algunas pausas para dormir, por supuesto, mientras que unas pocas decenas de vecinos se unieron a ella en un inicio y, conforme continuaba el episodio, se sumaron cerca de 400 personas. Les sangraban los pies e incluso morían mientras bailaban, en lo que se explicó con más aceptación como un caso de histeria colectiva, posiblemente provocada por presiones y miedo acumulados debido a dificultades como las sequías y la escasez de alimentos.

En la epidemia de baile, cientos de personas se unieron a danzar sin descanso durante días. La mayoría murió a consecuencia de infartos, derrames y agotamiento. Foto: medium.com

Casos tan raros ocurrían en la antigüedad y siguen sucediendo porque la vida, además de trágica, es sumamente cómica y absurda. Sólo que hoy se documenta todo, elevando la sensación de extrañeza.

El humor es un motivo cada vez más relacionado con el arte moderno y contemporáneo. Su efectividad para liberar tensión es visible en la comunicación actual. Los memes aparecidos desde el principio de la pandemia por la COVID-19, como lo es el Coffin dance y un sinfín de bromas que se refieren a la muerte y la enfermedad, bien pueden catalogarse como humor negro.

NUEVOS PROYECTOS

Los museos y galerías cerraron sus puertas, los conciertos fueron cancelados y las producciones cinematográficas entraron en pausa. Pero antes de la contingencia por COVID-19 había esfuerzos artísticos que abordaban la importancia de repensar este tipo de amenazas.

El proyecto Contagious cities (Ciudades contagiosas, 2018) exploró las dimensiones psicológicas y emocionales de la enfermedad y el contagio, en particular en relación con las formas de vida de las personas. Fue coproducida por los equipos del Centro Tai Kwun para el Patrimonio y las Artes de Hong Kong, intentando inspirar conversaciones acerca del desafío global con motivo del centenario de la gripe española, uniendo a artistas de Nueva York, Berlín y Hong Kong en eventos y exposiciones al respecto. Entre películas, instalaciones y otros tipos de expresión, se convocó a que cada uno inspirara su trabajo en una epidemia.

Entre esas exhibiciones, Koexistenz (Coexistencia), en el Museo de Historia Natural, fue una colaboración entre artistas y científicos que exploró la relación entre humanos, animales y los virus, por medio de encargos a los artistas Simon Faithfull y Sybille Neumeyer.

Ciudad Germen. Microbios y metrópolis, volvió a contar la batalla de Nueva York contra las enfermedades infecciosas por medio de planificaciones urbanas, profesionales médicos, empresas y activistas.

La participante Miriam Ghadi reconoció que encontrarse con una pandemia real hizo que se reflexionara sobre qué tan poco preparada estaba la humanidad para lo que se avecinaba. Confiamos en el futuro, pero en el peor de los casos esta confianza puede cegar.

Medallón de penicilina Fleming exhibido en la galería Ciudad Germen. Microbios y metrópolis. Foto: mcny.org

Frente a las dificultades aparecen personas que intentan alegrar el día o dejar mensajes de aliento, no tan reflexivos pero muy necesarios para mejorar el clima de incertidumbre.

Por ejemplo, el artista urbano Banksy pintó una obra inspirada en la pandemia por el coronavirus en el metro de Londres, utilizando el color de los cubrebocas y los estornudos de sus personajes para hacer su firma. Mostraba ratas que no seguían las medidas de sanidad y hacían un desastre. En la pared del vagón aparecía la leyenda “I get lock down” (me encierro) y al cerrar las puertas del transporte se leía “but I get up again” (pero me levanto de nuevo). Una obra divertida con un mensaje de aliento al inicio de la cuarentena, que de hecho fue borrada al no saber que se trataba de un Banksy. Se le pidió al artista realizar nuevamente la obra, lo que no ocurrió.

El italiano Blu, esta vez aligeró su característico humor sagaz. Pintó una invasión de pandas destruyendo una ciudad, nombrando a su obra Pandemia.

El arte urbano se caracteriza por enviar un mensaje visual directo del que pueda apropiarse el transeúnte. Su esmero por generar una respuesta a la situación pandémica se vio reflejada en esta naturaleza inmediata. Entre sus intereses apareció la gratitud sentida por la sociedad hacia quienes forman la primera línea de ataque: el personal de salud. Ejemplo de esto es la obra Super nurse (Super enfermera) del artista Fake. Esta relación entre el héroe y su profesión se representó en otras obras convirtiéndose en un mensaje genérico en fotomontajes, dibujos y otras disciplinas.

Por otro lado, los mensajes políticos y la crítica social, como es de esperar en una situación global, también aparecieron. El comprador compulsivo se vio representado en una pared de Berlin a manos de EME Freethinker como Gollum. El personaje de El señor de los anillos que ambicionaba tener el anillo en la saga, ahora atesora un rollo de papel higiénico.

En Bristol, John D’oh ironiza sobre la declaración de Donald Trump acerca de los remedios pseudocientíficos, por no decir ridículos, que proponía (una inyección de desinfectante).

Bolsonaro, otro de los presidentes que no usaba cubreboca, también fue plasmado en un muro en Brasil, citando su frase “¿Y qué? ¿Qué quieres que haga?”. Sus declaraciones sobre la COVID-19 como una “simple gripa”, habían sido respondidas con el rechazo de la población.

Héroes del Covid-19 de Víctor Ochoa. Foto: victorochoa.com

Pero la actitud de oportunismo y de voracidad por alistarse en el tema de moda, terminó cargando algunos espacios de obras sin sentido alguno. En España, una escultura instalada por la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, es un reciclaje de otra obra a la que se le colocó una máscara de gas, lo que parece una columna torcida y más detalles en la base que hacen un conjunto francamente horrendo. Se comprobó que el autor Víctor Ochoa ya había hecho una figura similar en el pasado, la cual nada tenía que ver con la pandemia.

Existen la cultura popular y la cultura erudita como fenómenos separados, pero ambas son necesarias y se sirven de la comedia. La comunicación masiva también ha dado resultados tan variopintos como, por ejemplo, el rap hecho a base de una predicación del tele-evangelista Kennet Copeland, donde le ordena al virus alejarse, soplando los “vientos de Dios”.

Como un gesto de nostalgia por las caras descubiertas, se hizo viral el trabajo de Jorge Roriz, quien retrata la boca y barbilla de las personas de forma realista en sus cubrebocas. Esto sería compartido como enternecedor, pero en realidad pisa el terreno de lo siniestro y extraño.

El director de cine de acción Michael Bay produce Songbird, una distopía donde el virus mutó para quedarse en el planeta. El cineasta elige hablar de esto directamente, sin metáforas, exagerando las consecuencias pandémicas en un trailer que, por cierto, tiene pocas explosiones.

FUNCIÓN SOCIAL DEL ARTE

Para el sociólogo francés Pierre Bourdieu, el artista debe enfrentarse con la definición social de su obra, la manera en que interviene en su contexto cultural, así como la interacción con las problemáticas de su época.

Las ventajas en torno al arte son el ejercicio de la capacidad comunicativa e intelectual; así como, en muchos casos, lo que tiene que ver con la liberación catártica de un mensaje, por ejemplo, la denuncia de un problema social.

Es cierto que la utilidad no es tangible, sino mental y comunicativa, por lo que se le ha dado a la actividad creativa un carácter de terapia ocupacional. Mediante ella, el individuo se puede sentir mejor e incluso liberarse de algunos males propios de su contexto social, como lo son la violencia y la drogadicción.

Las actividades artísticas reducen los síntomas psicológicos y biológicos del estrés, mejoran la respuesta inmune y la atención a los hábitos saludables. Foto: Archivo Siglo Nuevo

La investigadora chilena especializada en memoria cultural, identidad y representación María Victoria Guzmán, afirma que el fenómeno anterior se debe a una herencia del periodo de la política inglesa de Margaret Thatcher, donde hubo una obsesión por la economía. El arte se vio en cifras duras y en el impacto social que generaba: empleo, prevención de la delincuencia y cohesión social. La visión histórica del arte como un medio educativo y civilizatorio, había cambiado en miras de su utilidad más objetiva. La visión que hoy tienen gobiernos de América Latina con respecto a los proyectos culturales, se relaciona fuertemente con esta visión.

Para portales como Líder Empresarial, el arte actúa durante la pandemia para liberar tensiones, lo cual es cierto, pero añade: “funciona como una especie de calmante que figura como alimento del espíritu”. Una reflexión, no siempre objetiva, que se repite.

Para el coleccionista de arte y columnista del sitio El Librero, Gabriel Carvajal, “el arte tiene que dar cuenta de este episodio que estamos viviendo y los artistas tendrán un rol clave, ya que deberán necesariamente verse enfrentados al desafío de ‘transformar’ esta realidad en algo distinto”. El artículo adjudica virtudes propias de la concepción renacentista a los artistas de hoy: “con esa cualidad nacieron”.

La revista YBCA realiza sus proyectos artísticos en el tema de la crisis sanitaria convenciendo a sus participantes de que “es para lo que fueron entrenados”, y que “el arte es lo que se necesita en este momento”.

Bruno Pellozo Cerqueira, para el periódico The European Sting, afirma que el arte es una manera de “dejar salir al niño interior” y buscar la felicidad en estas circunstancias. Las declaraciones, aunque pueden no errar por completo, pisan más el terreno de la autoayuda.

Es verdad que la actividad creativa podría importar dependiendo de los intereses personales, así como podrían funcionar las oportunidades que ofrecen las crisis en otras áreas de conocimiento y oficios. Atribuir estas cualidades casi mágicas al arte podría ser un error, una actitud reduccionista, una condescendencia o una romantización.

Por el contrario, los eventos culturales se efectúan dando la espalda a los problemas más importantes: la falta de calidad educativa, de oportunidades laborales, la precarización y la discriminación. Pero llevemos a la colonia en dificultades un bailable para alegrarles el día.

La actividad creativa brinda un carácter de terapia ocupacional en esta pandemia. Foto: Behance / Sieu Tran

Es cierto que el arte y la creatividad generan cambios, pero no en una relación simple de causa efecto. Es difícil que las actividades culturales por sí solas, sin una conciencia social, funcionen para los grupos marginados o en dificultades sociales.

NUEVO OBJETIVO

En momentos difíciles, donde un temor creciente por el futuro se cierne en medio de la propagación del virus y la crisis económica adjunta a las medidas de sanidad, se atribuyen cualidades y exigencias enormes al arte.

Es el gremio artístico uno de los más afectados por la contingencia sanitaria y las recomendaciones de aislamiento social. Los creativos, como es de esperarse, tomaron la oportunidad realmente única de expresar algo sobre el tiempo que viven, una crisis mundial que los afecta directamente y que valida sus obras. Después de todo, los males ambientales e individuales, incluso el problema mental, suelen ser tomados erróneamente como combustible de la creación.

La incoherencia en cuanto a la concepción de arte como registro está, claro, en que a diferencia de otros tiempos, la información sobre la actividad humana se encuentra en cada lugar de Internet.

Las personas cercanas al arte, sea por medio de la música, el cine, video-arte, performance, novela gráfica o literatura, intentarán hablar de la situación pandémica, el confinamiento, la soledad y temas relacionados. Otros pondrán cubrebocas a sus dibujos y nada más.

Debido a la velocidad con que se propaga la información, es difícil la permanencia de cualquier contenido, ya no se diga el artístico, por lo que solamente aquellos mensajes que sean lo suficientemente poderosos, originales y bien ejecutados, podrían preservarse en la memoria colectiva entre una larga lista de proyectos.

Las obras sobre desastres resuenan tiempo después del evento que retratan, recordando que las expresiones que sobrevivirán a la pandemia tendrán una importancia cultural se decidirá después. El tiempo tendrá un papel imprescindible para responder a esta pregunta.

Por tanto, hay que dar importancia, por ahora, a aquellas expresiones que el individuo necesita en este momento, para hacer frente a su realidad. El escritor y crítico de arte Robert Hughes, en un gesto poco común para el autor, señala en Impacto de lo Nuevo (1980): “hoy creo que nos queda una tarea más modesta pero igualmente difícil para el arte: ser bello, manifestar belleza”. Quizá, por ahora, este sea el papel de esta disciplina.

La pandemia de Blu fue hecho en colaboración con Draw The Line 2020, un festival artístico en Italia organizado por la Asociación Malatesta. Foto: blublu.org

EFECTO INDIVIDUAL

El encierro ha propiciado que se realicen obras bastante importantes. Durante un brote de la peste bubónica en 1603, en que los teatros cerraron para evitar la propagación de la enfermedad, el famoso dramaturgo inglés William Shakespeare aprovechó para escribir algunas de sus tragedias más icónicas como El Rey Lear, Antonio y Cleopatra, y Macbeth, presentadas pocos años después y publicadas en 1623.

La creatividad no se limita al terreno artístico. En 1665 un brote de peste también obligó a cerrar las puertas de la Universidad de Cambridge. Isaac Newton escribió en este tiempo algunos de sus artículos más importantes de óptica y la invención del cálculo (disputada con Gottfried Leibniz).

El año de encierro le sirvió para prepararse, obteniendo su grado en 1667; años después se convertiría en profesor y en el miembro más joven de la Royal Society. Sin embargo, en este caso y en los anteriores, no se trata de un simple milagro o un producto espontáneo de la cuarentena. Newton había estado indagando desde 1664; pero aprovechó el tiempo de tedio para trabajar lo pendiente y afinar detalles de sus proyectos, consiguiendo el éxito gracias al trabajo obsesivo y la comodidad de volver a la casa de sus padres.

La productividad en tiempos difíciles es un objetivo que han alcanzado mentes brillantes, algo con lo que muchas personas sueñan: anteponerse a las adversidades. Pero es también un valor presente en la sociedad de consumo, y un arma de doble filo para exigir a los más deteriorados un esfuerzo extra al buscar sus metas.

El clima puede no ser propicio para una respuesta creativa muy trabajada. De hecho, la importancia de que la creación de obra artística coincida con la contingencia, tiene únicamente que ver con el misticismo. La obra no adquiere valor esencial si se hace en el momento de crisis, pero sí toma cierta relevancia para quienes ven el arte en términos fantasiosos, idealizándola.

El tema de la pandemia puede ser abordado o no, sin que esto sea obligación. Los creativos están pasando por un momento difícil, al igual que todos, y la presión no necesariamente se convierte en trabajo árduo o en nuevas ideas.

En 1603, William Shakespeare aprovechó el encierro provocado por la peste bubónica para escribir El Rey Lear, Antonio y Cleopatra, y Macbeth. Foto: newyorker.com

Richard Florida, profesor de la Universidad Rotman de Toronto, junto con Michael Seman, profesor asistente de la Universidad de Colorado, analizaron el impacto de la pandemia en la economía creativa para la web de Brookings (agosto, 2020). Se tomaron en cuenta desde las industrias del cine, la publicidad y la moda, hasta los cambios sufridos por músicos, artistas visuales y diseñadores.

Los investigadores estimaron pérdidas de 150 mil millones de dólares en ventas de bienes y servicios y 2.7 millones de empleos de la comunidad creativa de Estados Unidos, un tercio de los empleos del sector.

Las bellas artes y las artes escénicas, que incluyen las artes visuales, música, teatro y danza, sufrieron un golpe de casi 1.4 millones de empleos perdidos y 42.5 mil millones de ventas, según este análisis. Esto equivale a un 50 por ciento de todos los puestos en estas industrias y más de un cuarto de todas las ventas en el país. El conjunto de las pérdidas representa un 15 por ciento del salario mensual promedio total y fueron registradas en un periodo del 1 de abril al 31 de julio de 2020.

El estudio exploratorio de Cultura UNAM a este respecto, ponderó los cambios en los ingresos de personas dedicadas a la cultura, obteniendo un 32.3 por ciento de encuestados con pérdidas estimadas entre 11 mil y 30 mil pesos sólo durante los primeros dos meses de la pandemia. Además de poner a la vista problemas como la falta de seguro social del sector y la constante del trabajo informal.

El mismo estudio sostiene que un amplio porcentaje de los entrevistados señaló que su actividad creativa había disminuido debido, principalmente, al estrés y la ansiedad (33.2 por ciento), seguido de falta de motivación en general (22 por ciento). Se señala también que es mucho menor la proporción de creadores y gestores culturales que aumentaron su producción. Quienes llevan una carrera más larga o se encuentran en puestos seguros de trabajo, o quienes provienen de familias de más recursos, se encuentran en menor peligro, por supuesto.

Algunos de ellos están cambiando de ocupación o en busca de nuevos proyectos. Lo más coherente que se puede decir a este respecto es, sin duda, que no es el arte el que tiene este valor de actuación y cambios directos, sino la creatividad en general, usada a modo de esparcimiento durante la contingencia.

“Por favor apoya al arte, ¡gracias!”. El gremio artístico es uno de los más afectados por la contingencia sanitaria. Foto: EFE / Berlin

El participar de una o varias actividades de este tipo puede ser una forma de salir de la rutina y disfrutar de la convivencia en casa. El análisis Covid-19 Social Study (2020), dirigido por la Doctora Daisy Fancourt de la Universidad de Londres, apunta a que, debido a la limitación en las opciones para socializar, las artes cobran mayor relevancia aumentando en un 21 por ciento los adeptos a ellas y existiendo un incremento de personas jóvenes a quienes les interesan.

Los beneficios a largo plazo de estas actividades se reflejan en los estudios epidemiológicos de EpiArts Lab, basados en los resultados de Fancourt: un menor riesgo de depresión, mejoras en las conductas saludables y el cuidado personal, así como un menor sentimiento de soledad y disminución de los hábitos poco saludables.

Un estudio de 2019 de la Organización Mundial de la Salud en colaboración con el Colegio Universitario de Londres, analiza el rol de las actividades artísticas y creativas en el mejoramiento de la salud y bienestar en niños durante momentos de crisis.

Basándose en cerca de tres mil investigaciones científicas, se trata de la revisión mundial más grande a la fecha sobre el tema. Sus resultados apuntan al efecto que las actividades artísticas tienen en la reducción de los síntomas psicológicos y biológicos del estrés, la mejora en la respuesta inmune y la atención a los hábitos saludables. En niños en situación vulnerable, de violencia y pobreza, reduce su agresividad y ansiedad, y aumenta su capacidad de autocontrol.

TRANSFORMACIÓN Y FUTURO

Es casi imposible imaginar un producto cultural que se separe lo más posible de sus influencias del pasado. Hay quienes ni siquiera pueden llamar “arte” a las propuestas que afrontan este problema y rompen con las reglas y tradiciones.

La idea tradicional de arte es parte de una condición actual a la que ningún medio masivo se escapa: la nostalgia. En Adelante, disfruta de películas antiguas y disfruta de los éxitos de los 90 (2020), texto de The New York Times, se habla de la nostalgia como un refugio que ayuda a lidiar con el estrés y la ansiedad en momentos difíciles e inciertos, a través de un viaje en el que se regresa a un tiempo en que todo era más sencillo.

A través de la actividad artística se puede recordar una época, o lo más cercano a eso. Los medios que tienen los académicos para rememorar, son una pila enorme de documentos y proyectos historiográficos; la persona común, tiene una pintura del siglo XV a través de la cual genera su imagen mental sobre cierto periodo. El cine tiene un papel imponente al representar una época y los hechos que la marcaron, aunque no deja de ser una interpretación moderna de la información que se tiene al respecto. La ficción puede devolvernos, a momentos, la tranquilidad.

La nostalgia en el arte logra ser un refugio para lidiar con la ansiedad, ya que esta recuerda a un tiempo en el que todo era más sencillo. Foto: nyt.com

Es una época interesante. La información está fuertemente presente en cualquier aspecto cotidiano. El arte está sumamente diversificado y aparece en variados medios, fundido en la red de hiperconexión. Las personas ven el mundo desde el encierro, más cercanos ahora a esta dinámica. El arte, tan cercano al ser humano, debe interactuar con su época y transformarse en su afán de hablar de los temas más importantes.

El mensaje que podemos recoger y que nos brinda el arte actualmente, entre otros ámbitos, es que el brote mundial de una enfermedad, si bien es poco probable que acabe con la humanidad, pone en cuestión aspectos de nuestra estancia en el planeta. Uno es el modo de vida que mantenemos, acelerado y productivo, en que se espera que continuemos. Y, más aún, que se trata de una inercia que no es posible dejar. La estabilidad económica necesita de la actividad constante y sin demasiada pausa: el sistema que mantenemos vivo es frágil y no está adecuado para detenerse.

Una lección que tal vez también se pueda aprender del arte, en constante relación con el tema de la condición humana, es la del golpe de realidad arrollador. Se nos recuerda que como humanos e incluso como conjunto humano, nos pertenece una fragilidad que puede hacer cambiar de rumbo el mundo o desaparecer lo que se ha construido. La reciente crisis señala otras posibilidades que tienen que ver con el error humano, como lo es la amenaza del calentamiento global.

En sí, lo que se advierte es que se debe estar en contacto con el recuerdo de esa fragilidad, misma que nos conecta con los otros, por diferentes que parezcan. A pesar de los grandes pasos tecnológicos y la gran habilidad de adaptar el mundo, la estancia en el planeta no es completamente segura. Se requieren cambios en la actitud arrogante y derrochadora con que nos hemos relacionado con él.

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