Otro gambito de dama
Nuestro mundo

Otro gambito de dama

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Protagonizada por Anya Taylor-Joy, Gambito de dama es una de las series más exitosas del año que termina. Cuenta la historia de Beth Harmon, niña prodigio del ajedrez que, en paralelo con una exitosa carrera en ese deporte, debe enfrentar una vida marcada por una profunda adicción al alcohol y a los ansiolíticos y por intensos bloqueos emocionales.

La serie me hizo volver a una de mis novelas favoritas, pues también cuenta la historia de una muchacha asidua al ajedrez. Igual que Beth, una chica llamada Norma debe tomar decisiones como si la vida fuese un enorme tablero de cuadros blancos y negros. Se trata de La vida que se va (Alfaguara, 1999) de Vicente Leñero. Otras veces he escrito en este espacio sobre esta novela, y he afirmado que es una de las novelas más asombrosas y mejor construidas que haya leído jamás. No exagero. Aprovechando el entusiasmo que la serie de Netflix ha levantado, reciclo aquí mi breve reseña sobre la última novela del maestro Leñero.

A los once años de edad, Norma ganó a su padre una partida de ajedrez. Con un alfil acorraló al rey negro en la casilla donde se había enrocado, lo engañó luego con un gambito de torre que su padre dudó en aceptar pensando que Norma se equivocaba (…). Tres jugadas más tarde saltó el caballo blanco, apoyado por la dama, para el jaque mate fulminante”.

Así empieza el capítulo dos de esta novela que podemos resumir así: Norma, una anciana misteriosa, narra su vida a un periodista. Sin embargo, al volver a enfrentarse a cada una de sus grandes decisiones, la abuela no toma uno de los caminos de la encrucijada, sino los dos: se casa y a la vez sigue soltera, se muda y se queda en la casa de siempre. De este modo el destino de esa mujer se va ramificando y la abuela vive muchas vidas. Como si jugara varias partidas en simultáneas, los diferentes caminos que toma la llevan a ser, al mismo tiempo, una burguesa afrancesada en París o una activista que promueve el socialismo en las calles de la Ciudad de México.

Con La Vida Que Se Va, Leñero enfrentó el desafío de armar un libro de escritura difícil y lectura fácil; un libro divertidísimo, pleno de historias que exigen toda la habilidad del escritor para ser contadas. Muestra de ello es la numeración de los capítulos: si bien está formado por diez grandes segmentos (titulados con números romanos); éstos presentan sub-segmentos que representan los diferentes borradores armados por el periodista basándose en las memorias de la abuela. Debido a las bifurcaciones que surgen de las diferentes vidas Norma, tenemos por ejemplo dos capítulos dos y cuatro capítulos tres, en donde la abuela vive al mismo tiempo en Europa, en Guanajuato y en el Distrito Federal.

Alguna vez le pregunté al maestro Leñero cómo nació la idea de escribir un libro así. Me respondió: “quería escribir una novela sabrosa, que me gustara, que se leyera y no tuviera más experimentos formales que los que pudiera sustentar una trama. Siento, a veces, que me quedé corto, hay resabios de las trampas antiguasPero quise jugar limpio. Ahí quería llegar, a algo como esta novela. Tenía esa asignatura pendiente”.

El pasado 3 de diciembre se cumplieron seis años del fallecimiento del maestro Vicente Leñero. Su obra sigue y seguirá vigente. Debo confesar que vi siempre a Norma Andrade como un alter ego del autor. ¿Cuántos hubiera puede contener una vida? Como su octogenario personaje, el maestro le exprimió a la vida todas las posibilidades. Sus inquietudes y proyectos parecen abarcar distintas existencias. A sus perfiles como periodista, dramaturgo, guionista, narrador y tallerista se añaden precisamente su afición al ajedrez, al béisbol y a la novela policíaca. ¿De dónde sacaba tiempo para hacer tanto y además para leer? Todo ese tiempo invertido en su obra es la vida que se queda con nosotros, el Vicente Leñero que queda y quedará.

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