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Viviendas prefabricadas
Arquitectura

Viviendas prefabricadas

¿El riesgo de la arquitectura tradicional?

Las casas prefabricadas no son un concepto reciente en el plano de la arquitectura, sólo que reaparecen como una alternativa para satisfacer la demanda de vivienda, opción que podría derivar en el desplazamiento del arquitecto durante el proceso constructivo. Es un escenario alentado por la oferta de programas computacionales de diseño y de casas modulares cuyos materiales pueden ensamblarse con el uso de herramientas simples, comparte el arquitecto mexicano José Carlos Díaz Esparza, investigador del diseño.

En Inglaterra y los países nórdicos, el empleo de casas prefabricadas tiene cierto auge. Su propósito se enfoca en resolver el problema de vivienda, como lo promueve la firma desarrolladora BoKlok, copropietaria de IKEA, que oferta viviendas prearmadas.

IKEA entregará al ayuntamiento de Worthing 162 apartamentos para el próximo año, los cuales se destinarán al sector social de bajos recursos como parte de un plan piloto. Si resulta, se montarán 500 casas más.

La estructura de estos hogares ofertados por la firma sueca, que ha elaborado por lo menos once mil viviendas en Suecia, Finlandia, Dinamarca y Noruega, se basa en el uso de madera y materiales reciclados; y aunque son modulares, no se precisa la autoconstrucción, sino que se ensamblan en bodegas distantes al sitio donde serán colocadas.

Es una forma de resolver el problema social, asienta el arquitecto Díaz Esparza, aunque no hay que dejar de lado los materiales que se empleen. Por ejemplo, al final del siglo pasado en el norte de México, se aprovechó el esquema de prefabricación con el uso de trama de alambrón recubierta de concreto con espesor de diez centímetros. Inhabitables porque no eran térmicas, sus espacios eran reducidos y la estrecha vecindad asfixió la intimidad de las familias incubando conflictos sociales.

BoKlok, copropietaria de IKEA, ofrece viviendas previamente armadas. Foto: dsigno.es

ABANICO DE POSIBILIDADES

Se ha categorizado el método constructivo en tradicional, industrializado y prefabricado, cuyas diferencias radican en los procesos, materiales y la intervención personalizada del arquitecto.

Al sistema constructivo tradicional puede reprochársele su costo elevado y generación de desechos, aunque es relativo, como también lo son el método industrializado y de prefabricación; a éste último se le atribuyen como ventajas la celeridad en la construcción y el bajo costo.

La marca mexicana Humábitat oferta viviendas de 36 metros cuadrados de construcción que pueden instalarse en 45 minutos. La reducción en el tiempo obedece a la “configuración establecida para facilitar la integración de sistemas de electricidad, agua y demás”, refiere su página de Internet. Aunque promueve la personalización en el diseño, son escasos los elementos que pueden ser modificados por el habitante, a no ser que se trate de aspectos externos a la morada.

Por su parte, el sistema industrializado ofrece casas prearmadas en las fábricas o bodegones que después son trasladadas al sitio final. Se aprovechan diseños uniformes y modulares, materiales ligeros y reutilizables; por su modelo de producción en serie, se abaten costos.

¿PUEDE PRESCINDIRSE DEL ARQUITECTO?

La propuesta de IKEA de autoconstrucción busca “la facilidad de armado sin necesidad de intervención de mano de obra especializada y de profesionales”. Este panorama debilita la presencia del arquitecto, reitera José Carlos Díaz, “porque la tendencia de hágalo usted mismo, impulsa el desarrollo de software para que cualquier persona lo alimente con datos del terreno, con las medidas y las necesidades; el programa ofrecería opciones funcionales, acondicionaría los espacios a partir de las necesidades de las personas. Probablemente el futuro del sistema de prefabricación vaya en esa dirección, utilizando paneles, módulos, y también la Inteligencia Artificial”.

La marca mexicana Humábitat oferta viviendas que pueden instalarse en 45 minutos. Foto: humabitat.mx

Precisamente Wallgren Arkitekter y la constructora BOX Bygg ofrecen la herramienta de diseño paramétrico Finch, “que puede generar planos de planta adaptados a las limitaciones de un sitio”. El software se lanzó este año como herramienta digital para los arquitectos, aunque podría pasar a manos del usuario. Con la ausencia del arquitecto se prescindiría del toque personalizado. Ya que “el valor agregado, lo que aporta el arquitecto, es la interpretación de las necesidades del cliente, dotando de alma al proyecto. No sólo es un desarrollador de espacios, sino que otorga intenciones, traduce inquietudes, aprovecha rasgos psicológicos y emocionales, fusiona varias disciplinas creativas”, afirma el investigador de diseño arquitectónico.

Reconoce una ambivalencia en el modelo de prefabricación industrializada. Por una parte se impulsaría el desarrollo de nuevos materiales al fusionarlos: concretos con polímeros, concretos con metales, fibras termodinámicas, “todo lo que pueda usar la industria”. Asimismo se tendrían precisiones milimétricas en la estandarización y el empleo de cortadoras robotizadas, lo que no ocurre cuando el ladrillo se corta con una cuchara y a golpe de albañil para ajustarlo a la medida; aunque esa imprecisión en el corte es un ingrediente artesanal que distingue un diseño del otro.

Podría ocurrir lo que pasó con los ebanistas, desaparecieron ante la prefabricación de muebles; también se dejó de usar la madera, incluso la de pino que es la más económica, se sustituyó por materiales como el papel comprimido y los aglomerados de aserrín”, acentuó el entrevistado.

La estrategia de prefabricación será viable en la medida que observe en todo momento la sustentabilidad, que los nuevos materiales “no requieran aditivos o tratamientos especiales, como los contenedores marítimos que se intentó incorporarlos en la construcción de viviendas, pero resultó costoso, difícil y contaminante quitarles los recubrimientos, y el acondicionamiento resultó más caro y ambientalmente adverso… no todos los materiales son amigables para el humano”.

La propuesta de Studio Bark es otra alternativa de prefabricación. Foto: archelo.com

ATENDIENDO UNA NECESIDAD

Para Carlos Díaz el modelo de prefabricación de casas no es una moda, porque sí pretende resolver el problema de escasez de vivienda, especialmente la de interés social. “El impacto será en sociedades o en lugares donde realmente no haya espacio para la construcción y los salarios no alcancen para financiar un hogar de ladrillo y hormigón”.

Sin embargo, el tema del costo no promete una fácil accesibilidad. En el esquema financiero de BoKlok se calcula el precio de la vivienda “considerando el salario promedio de alguien con un empleo de tiempo completo; luego calcula una hipoteca a 25 años que sería manejable después de deducir impuestos y los costos de vida mensuales”, publica la página dezeen.com en relación al proyecto de IKEA. Asumir una deuda por 25 años para vivir en una casa prefabricada de madera no suena del todo económico.

DISEÑO EN U

La propuesta de Studio Bark es otra alternativa de prefabricación. Su sistema de U-Build promueve la autoconstrucción y el uso a partir de un paquete plano hecho de piezas de madera. “Los componentes se pueden unir rápidamente como piezas de un rompecabezas para ensamblar el marco de un edificio, y se pueden desmontar, reciclar o reutilizar fácilmente al final de la vida útil del edificio”, escribió Lizzie Crook para dezeen.com.

El kit de construcción se basa en diferentes marcos de madera producidos en un router de corte; las piezas se entregan a las personas quienes los ensamblan logrando bastidores de diversas escalas. Este modelo “elimina muchas dificultades asociadas con la construcción tradicional, aprovechando la precisión, velocidad y reproducción de la fabricación”, se lee en el mismo artículo.

Las opciones constructivas, reitera el arquitecto Díaz Esparza, surgen para enfrentar necesidades específicas, y en todo momento deberán evitar el surgimiento de problemas adyacentes.

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