Los heraldos negros
Opinión

Los heraldos negros

Miscelánea

Hay golpes en la vida, tan fuertes, yo no sé…

golpes como del odio de Dios

César Vallejo

Que ya acabe de acabarse este malhadado 2020. Que se vaya rapidito y sin despedirse. Fuchi, caca, guácala. Que se vayan y no vuelvan nunca los tiempos de cólera que han fracturado nuestra vida, nuestra economía y nuestra sociedad. Que no se escuchen más las palabras “corrupción” y “pueblo”, que repetidas, chilladas, desarticuladas y pronunciadas a propósito de todo y de nada, se han convertido en una especie de tinnitus en mis oídos.

Que se vaya este annus horribilis, y se lleve con él la amenazante sensación de que alguien viene persiguiéndonos para destruir lo que con tanto esfuerzo construimos. La esperanza (aunque ya sabemos cuan vana es la esperanza) es que el año que termina, caducado y con sólo doscientos pesitos en la cartera, se vaya a La Chingada que es donde debe de estar.

¡Ay Señor Dios!, pues qué fue lo que te hicimos para castigarnos con este año tan cruel. ¿Será que no teníamos estampita? Lo bueno es que nada es para siempre y ahora lo que toca es poner el puente de plata que se le pone al enemigo que huye. Toca pasar página y agradecer que no formamos parte de los miles de mexicanos que murieron a causa del virus, y con buena fortuna, tampoco fuimos víctimas del desamparo en que sobrevivimos a una delincuencia impune y sin control.

Esperemos que el 2021 llegue de buenas, y en algún momento volvamos a caminar juntos. Que nos devuelva las sonrisas, los abrazos y la cercanía. No debo quejarme dado que a pesar de todos las plagas que nos cayeron encima, sobrevivieron los míos y hasta yo que por mi edad soy alto riesgo, sobreviví también. Además del azar, creo que a mi favor cuenta el hecho de que con todas las precauciones del caso, le apuesto a la vida, me aferro al bien y al contento, y en ningún momento he permitido que el pánico me paralice.

Aquí sigo y ante eso, lo que me pide el cuerpo es rescatar los instantes lindos que le arrebaté a la pandemia, al confinamiento y a la pesadilla de “las mañaneras”. Por allá de los primeros días del año que está por rendir cuentas al creador, retocé en las tibias olas del mar de Acapulco. Cuando en mi jardín estalló la primavera y un poco antes de que comenzara la debacle, tuve la alegría de dar a luz un breve libro de cuentos.

Algunas tardes de verano, estuvieron bendecidas por largas sobremesas, amistad y conversación. Procuré musicalizar las horas vacías; y siempre incondicionales, los libros me abrieron las puertas del mundo. Entre mis lecturas desordenadas, hubo este año tres libros que me atraparon: El vendedor del silencio novela muy bien documentada, que cuenta la vida de Carlos Denegri, un periodista que en los mediados del Siglo XX, llamó la atención por sus escándalos. Por esta magnifica obra, Enrique Serna se hizo acreedor al premio Javier Villaurrutia 2020. El amante Polaco, autobiografía en la que Elena Poniatowska rompe el silencio para unirse al “Me to”, denunciando a su violador. Y por último Los Apostatas; novela biográfica que Gonzalo Celorio (el autor) comienza con esta terrible sentencia: “Maldita sea la hora en que se me ocurrió escribir esta novela”. Lo que me atrapó de estas lecturas es que tratan de personas reales y públicas en la segunda mitad del siglo XX; desvelan sus secretos y denuncian con nombres y apellidos sus fechorías.

La avidez con que los leí, me confirmó lo que decía una maestra: toda literatura no es más que un chisme bien contado. Sin virus hasta hoy, salgo invicta del 2020, y lo mismo deseo para usted pacientísimo lector.

Cerremos los ojos y tomados de las manos, oremos para que el 2021 que esta tocando las puertas, nos devuelva los abrazos, las sonrisas, la salud, y no permita que nadie nos construya un infierno. ¡Cruz! ¡Cruz! ¡Cruz! Que se vaya el diablo y venga Jesús.

Comentarios