Gracias
Nuestro mundo

Gracias

Nuestro Mundo

¿A quién no le dijo su madre que había que saludar al llegar, despedirse al marchar y agradecer siempre? La recomendación era constante: agradece, aunque lo que recibas no sea de tu agrado, agradece, aunque la circunstancia no dé para ello, agradece lo poco, lo mucho o lo que no se te dio porque había un sentido en ello. Agradece no solo de palabra, sino con el corazón.

Pareciera fácil decir gracias y sin embargo nos olvidamos de hacerlo con facilidad. Y si de pronto es difícil decir gracias a otros, resulta una hazaña darte las gracias a ti mismo.

Una persona mal agradecida es aquella que lejos de tener una cualidad tiene una falla que le hace ser indeseable, hay quienes se aventuran a afirmar que una persona mal agradecida es mal nacida, tremendo calificativo que es extremoso y desconsiderado.

Gratia era una alabanza para alguien, de ahí que reconozcamos la gracia como una cualidad que tiene tras de si un gran significado. La gracia puede ser de carácter divino o puede ser un tiempo que se obsequia para que tenga lugar algo. Cuando le decimos a una niña que es graciosa, lo que le decimos es que tiene un encanto particular, así como cuando afirmamos que alguien es desgraciado lo que le decimos es que no se merece nada.

Mercedes Sosa cantó su Gracias a la vida, que es un himno que hace recuento de lo que ella consideraba significativo: sus ojos y su mirada, su oído y los sonidos, el abecedario y la palabra, los pies y la marcha, el corazón y la entraña, la risa, el llanto y el canto. Cada vez que escucho esta canción me pregunto los motivos que yo tengo para agradecer y eso me hace invitarte a que pienses en los tuyos. Tal vez no podamos expresarlo con poesía, pero si con reflexión y reconocimiento hacia lo que somos capaces de apreciar, porque justo por eso podemos agradecer.

Apreciar es una bella palabra que implica reconocer y estimar el mérito de alguien o de algo, sentir afecto o estima hacia alguien, percibir algo a través de los sentidos o de la mente. Apreciamos y agradecemos las virtudes, a las personas, a los objetos que nos facilitan la vida, a las mascotas, a la habilidad que tenemos de hacer algo bien, a una postal que la naturaleza nos brinda, al conocimiento adquirido, a la disciplina empleada para superarnos, a nuestro cuerpo maravilloso que hace sus funciones con puntualidad, en fin, que la lista de agradecimientos puede ser tan larga como nos de la memoria o tan corta como la ceguera emocional que tengamos.

En el hoponopono, la palabra gracias tienen un lugar especial y que, al unirla con el perdón, el te amo y lo siento, la fuerza de lo expresado mueve montañas. En lo que tendríamos que reparar es si el gracias sale de nuestra boca como buena costumbre o si sale desde esa emoción que nos provoca lo que alguien hizo, dijo, nos dio, nos reconfortó, nos tomó en cuenta, nos halagó, nos recordó, nos protegió o nos hizo sentir bien.

Qué sería el mundo sin las gracias, sin el por favor, sin los buenos deseos. Estoy segura que sería menos habitable.

Por eso, al empezar el año agradecer es habitual, pero hoy cobra una especial relevancia, simple y sencillamente porque estamos vivos, porque yo escribo y tú lees, porque estas páginas nos hacen cómplices, porque nos alienta la esperanza de superar la enfermedad, el dolor y el miedo, porque en este nuevo despertar de la conciencia tenemos tantas tareas por delante que estaremos más ocupados que preocupados, porque hemos sido capaces de ser generosos y pensar en los demás, porque nos damos cuenta que necesitamos poco para sentirnos plenos, porque de vivir en el mundo de la forma pasamos a habitar el mundo del fondo.

Gracias a Dios que se expresa en el silencio dándonos libertad y ayudándonos a ver

¡Qué regalo tan grande es la palabra gracias! Por favor, no la arrumbes, no la dejes guardada debajo de la lengua o en ese lugar que no tocas de tu corazón, úsala, desgástala, ella sabrá cómo recuperarse a sí misma.

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