Biohacking
Ciencia

Biohacking

Tecnología para el mejoramiento de la condición humana

Ilustración de portada: Foto: Behance / Anton Termol

Los fenómenos relacionados con la fusión entre máquina y humano siguen apareciendo, sobre todo para hacer frente a enfermedades o discapacidades; son reales y distan de lo que normalmente cuenta la ciencia ficción.

Junto con los esfuerzos de Neuralink (proyecto del magnate Elon Musk), para conectar el cerebro biológico a las computadoras, resurge un movimiento que intenta este tipo de fusiones, pero en un camino que espera llevar la ciencia a las personas comunes: el biohacking.

El anterior se trata de un término que, como muchos otros relativos a la ciencia actual, genera distintas reacciones. Para algunos puede tratarse de casos poco comunes de personas que utilizan procedimientos quirúrgicos para implantarse chips o herramientas en sus cuerpos, o que se aplican procedimientos para modificar su ADN.

Para otros, la palabra “hacking” se refiere a actividades ilícitas o al borde de un límite legal. Su definición está cubierta de una connotación negativa debido a la piratería informática, siendo que estas herramientas y conocimientos se utilizan también para fines positivos como el cuidado de la privacidad en la web, o incluso la justicia social; tal es el caso de los Panamá papers o Wikileaks, ambos hackeos dedicados a esclarecer información sobre abusos de poder de corte internacional.

Lo cierto es que el espectro del hacking, al igual que el del biohacking, es enorme. Al hablar de biohackers se habla de una comunidad diversa y abierta, que por lo tanto engloba casos como los ya mencionados. Debido a lo espectacular de sus experimentos, se vuelven motivo de noticia y alarma, principalmente por los posibles riesgos en la salud de quien experimenta consigo mismo.

Pero la filosofía del biohacking, advierte Nuria Conde, fundadora de DIY Bio en Barcelona y experta en el tema, tiene como base no realizar procedimientos que pueden ser peligrosos y directamente dañinos para cualquier persona.

Uno de sus propósitos principales es hacer de uso público la ciencia, liberar tanto como sea posible el conocimiento sobre biología y otras ranas para así mejorar la vida de la humanidad. Por lo tanto, no existe como un ente estrictamente delimitado y es posible que se transforme.

El biohacking no necesariamente busca insertar productos tecnológicos en el cuerpo humano. Foto: Behance / Chirac Doshi

El biohacking es, en términos globales, la práctica general de crear y utilizar herramientas y métodos para modificar la biología, con el objetivo de cambiar los sistemas existentes hacia el mejoramiento de la condición humana, lo que no necesariamente tiene que ver con la modificación del cuerpo. Incluye a quien esté interesado en utilizar este tipo de conocimientos para mejorar algún aspecto de su vida.

Se pone énfasis, como lo ha hecho Conde, en la obtención de recursos científicos para abaratar costos y hacerlos accesibles a personas que los necesitan. Tal es el caso de la doctora Kay Aull de San Francisco, quien logró explorar los genes de su padre enfermo, para de ese modo adelantar una prueba que le costaría bastante en Estados Unidos y que tendría una larga lista de espera.

DESCENTRALIZACIÓN

Casi por definición, se conoce al biohacking como una descentralización de los conocimientos científicos, a fin de facilitar su uso a personas que no se encuentran en los campos académicos. Es una fuerza que intenta estabilizar la balanza, mejorar la accesibilidad a la información y, claro, interesar a muchas personas en las ciencias.

Cabe señalar que en la descentralización de las ciencias hay cabida a dificultades, como el que la persona interesada no tenga una formación académica, que no conozca aspectos importantes de cierto tema o no posea las herramientas suficientes para dedicarse de manera profesional a la rama de su interés.

Es por eso que la web Hackteria procura contener los pasos necesarios, los cuidados y la suficiente seriedad para que la información divulgada sea veraz.

El biohacking tiene como objetivo principal propagar el conocimiento veraz de la biología y otras ciencias. Foto: Behance / Kailey Whitman.

Es normal, entonces, que como fenómeno el biohacking no tenga sólo una definición. Las vertientes que se conocen, según el fundador del proyecto Spira Inc. (sobre la creación de tecnología fotosintética para abordar desafíos globales), Elliot Roth, son diversas e interesantes, comenzando por la llamada quantified self (conocida por sus siglas QS y en español “cuantificarse a sí mismo”). Se trata de grupos que rastrean funciones biológicas humanas a través de dispositivos. Generan una mayor consciencia sobre los cuerpos y notifican cualquier anormalidad para tratarla a tiempo.

Los biohackers fisiológicos, por su parte, eligen modos de vida diferentes al de la persona promedio para mejorar su salud. Cambian sus entornos, comen de manera responsable e incluso ponen en práctica métodos para facilitar la obtención de oxígeno y mejorar su consumo de agua. Entre otros aspectos, cambian sus patrones de sueño y se someten a regímenes de ejercicio físico sustentados con base científica. Para lograr su objetivo, pueden utilizar la terapia psicológica conductual o un régimen facilitado por dispositivos electrónicos (no injertados, para especificar). No es, por supuesto, una mejora del organismo directa o espectacular, ni escapa a algunas acciones que cualquier persona puede cambiar en su cotidianidad.

CYBORGS, GRINDERS Y BIOHACKERS

Entre todo el fenómeno del biohacking, han llamado la atención de los medios aquellos casos en los que las personas se realizan injertos de aparatos electrónicos a fin de encontrar el llamado “siguiente paso” de la evolución humana.

Utilizando el principio del movimiento punk, DIY (Do it yourself, en español “hazlo tú mismo”), modifican su organismo siguiendo una filosofía contestataria para crear desde la masa, y no desde el poder, los implementos que el cuerpo humano requeriría para su mejora. Sin embargo, dista de ser una realidad plausible o segura.

Sus acciones suelen ser peligrosas y van desde la modificación del ojo humano para ver en la oscuridad, hasta la inyección de células modificadas genéticamente. A esta vertiente del fenómeno se le llama body hacking, para ser exactos.

Foto: Behance / Antonio Sortino

La modificación de la vista la realizó el grupo Science for the Masses de California, utilizando Cloro e6 (Ce6) para adquirir una visión nocturna temporal con un alcance de 50 metros, sin gafas o aditamentos, en un prospecto humano llamado Gabriel Licina, un investigador bioquímico. Mediante una inyección, protección con gotas y lentes oscuros para evitar daño en sus retinas, el experimento concluyó de forma satisfactoria.

En otro caso, el fundador y CEO de The Odin, el genetista Josian Zayner, se inyectó herramientas de edición de genes CRISPR (una familia de secuencias de ADN) para aumentar su fuerza, basándose en un experimento satisfactorio realizado en perros. Sin embargo, este último se realizó modificando la primera célula formada de los animales, propiciando así que las demás se replicaran con la modificación.

Los llamados grinders realizan este tipo de injertos, mientras que los llamados cyborgs son aquellos que ya poseen una modificación, pero además se acercan a ellos quienes utilizan prótesis guiadas por el cerebro humano. El biohacking, sin embargo, también abarca propósitos menos ambiciosos, generando una mayor aceptación.

ACTUALIDAD DEL BIOHACKING

Con DIY Bio en España, Waag Society en los Países Bajos, Gaudi Labs en Suiza, Lifepatch en Indonesia, DIYBio Hacking en Singapur, Genspace y Biocurious en Estados Unidos, y la plataforma de recursos abiertos sobre biología Hackteria, entre muchos otros espacios, el biohacking parece una tendencia de trabajo serio más que un fenómeno oscuro.

No se dedican a modificar el cuerpo humano por medios cuestionables y de alto riesgo, sino que ponen al servicio de la comunidad la información necesaria para que quien acceda a ella y pueda obtener los beneficios de la biología aplicada.

Una rosca para centrifugado hecho para impresora 3D, un espectrofotómetro de construcción sencilla para medir la contaminación en el agua, o formas sencillas de revisar el ADN, son algunas de las propuestas que la web Hackteria hace para llevar esta ciencia al hogar de personas que no se dedican a ella, pero que la requieren.

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