Una entidad poética fragmentada
Literatura

Una entidad poética fragmentada

"Persona fea y ridícula" de Alejandro Albarrán Polanco

Alejandro Albarrán tiene miedo...”. Un poeta puede estar en enfermo, pero sus síntomas serán de pájaro, de fruta o de caballo. Las palabras serán cicatrices y el poema será un desprendimiento. Como una amputación funciona el libro de Alejando Albarrán Polanco, Persona fea y ridícula. Se trata de una extremidad del cuerpo de nadie. Una obra que parece arrancada y que está ahí solamente flotando en un mar de palabras que se reinventan en sonoridad y significado, y que tocan el puerto de la locura.

Fondo Editorial Tierra Adentro publicó en 2017 este libro, el cual se divide en ocho secciones. Cada una de ellas está titulada con definiciones extraídas del diccionario, pero su palabra o referente principal ha sido eliminado. Es así como se siente leer esta obra, como un fragmento de algo que ha encontrado la independencia y su propia voz. Para cada sección, manejándose con un lenguaje abstracto, tenemos plasmada poesía distinta, que a veces se fundamenta en la sonoridad y otras veces en la metáfora y en la imagen, así como en el humor y en el misterio. El poemario constantemente busca encontrar nuevos sentidos de distintos objetos, animales, situaciones o emociones.

LOS ANIMALES Y OTRAS ENTIDADES

Un tema recurrente en este libro son las enfermedades mentales. Distintos padecimientos o síntomas referentes a ellos son metaforizados por medio de animales, principalmente los caballos, que son las figuras más recurrentes que se van galopando en este libro. Además, otras especies habitan este universo, como los pájaros y los peces.

Persona fea y ridícula comienza en las ramas de un árbol. El primer par de poemas correspondientes a la primera sección, son textos que se esconden tras las hojas. El primero de ellos, Diagnóstico, utiliza una cantidad considerable de aves para describir los primeros padecimientos de una enfermedad mental. 

Foto: Behance / Björn Öberg

Es el miedo lo que se relaciona con un estado crítico para la mente, pero también lo es la escasez de plumas y de cantos por la mañana, la ligereza de las ramas y las alturas. Es a partir de este poema que se pronostican todas los malestares que acompañan esta obra: “‘lo que tiene es patológico’ / sabía que mi enfermedad tenía que ver con los pájaros, / con la falta de plumas, / con la imantación al suelo, / con mi voz que escuece y que no canta”. Se trata de un texto en el que un pájaro, incapaz de volar, tiene una especie de crisis existencial porque no puede reconocerse como pájaro.

El segundo poema nos muestra lo que podría ser un himno a la impaciencia. La desesperación de quien espera es un poema que también cuelga de una rama. Hablamos de una pera que no espera: “Esto a lo que tú llamas mi inmadurez no lo es / es una pera que no es pera y que se lanza”. El poeta nos hace ver que incluso las frutas pueden ser tan impacientes como la cabeza de uno. Incluso una pera que no ha sido lo suficientemente verde puede llegar a tener prisa de lanzarse a la tierra.

Los caballos entran en este poemario para representar emociones espontáneas. La figura semental de estos animales viene como los instintos que acontecen muy adentro de quien experimenta un episodio de histeria. En palabras del mismo Albarrán, no se sienten como mariposas en el estómago, se sienten como caballos. Pero algo interesante ocurre con la caballería de este libro, pues el poeta también nos introduce a lo ocurre dentro del animal. De este modo, podemos contemplarlos por dentro y por fuera: “Mi caballo me dijo: ‘ven a correr a mis entrañas’, me lo dijo esta mañana desde mi estómago, me lo dijo desde el vértigo, desde mi trote caldo, en mi vientre me lo dijo”.

Foto: Behance / Irina Lisichkina

También hay peces nadando en este libro. “Las esquinas de las cosas tienen peces, los contornos de las cosas tienen peces, en mi bajo vientre hay un pez inquieto, un pez que nada y se retuerce, un pez que nada y lo revuelve todo”.

Otra figura recurrente en este volumen es Cristo. Albarrán describe su libro como algo católico. La figura de Dios es descrita desde cierta perspectiva temerosa. Existe un miedo muy latente de que una consciencia superior, una entidad superiormente moral, logre juzgar y determinar qué es lo bueno y qué es lo malo, y esto no hace más que abonar a la ansiedad que se refleja constantemente en los poemas de esta obra.

La primera aparición de Cristo ocurre desde la herida, con una imagen que se inscribe entre lo bello y lo violento. Podemos vislumbrar una presencia bíblica y divina en la segunda sección titulada 2.F. Contemplación inmediata y directa sin percepción sensible, que trata principalmente sobre las intenciones. La voluntad de hacer, de crear o de matar. La poesía de Albarrán Polanco explica que uno es más bien víctima de los deseos. Tres niños con un arco matarán mañana a un hombre, si tienen la voluntad de hacerlo: “… y serán esos niños con todas sus buenas intenciones, con la voluntad de inaugurarle una branquia en el costado, la voluntad de volver pez un cuerpo que no se sostiene por sí mismo en tierra…”.

EL SONIDO DENTRO DE LA CABEZA

Es a partir de aquella segunda sección cuando se hace más notorio lo que podríamos determinar como un recurso estético por parte del autor. Existe una muy constante repetición de sonidos y palabras que forman cierta musicalidad en la expresión poética del libro, donde hay poemas que podrían pasar por canciones o trabalenguas. Dichas repeticiones funcionan para sugerir un estado de obsesión, como una especie de manía que se sobrepone al pensamiento e incrementa la inquietud y la ansiedad de la voz principal de los textos.

Foto: Fonde Editorial Tierra Adentro

La sonoridad sigue experimentándose en la tercera sección, en la que este recurso se compagina con una especie de crisis de histeria que es abordada, nuevamente, desde los pájaros y los caballos. Sin embargo, es necesario destacar uno de estos poemas que logra administrar un tono erótico y único en este poemario: “Esto es: necesito no ser yo. Confundirme. Ser tú por ejemplo. Ser tu sueño húmedo. Tu pesadilla. Tu amor especial. Tu hombre de acción. Tu postergación, tu crucifixión: tu crucifijo”.

VARIAS PIEZAS

Es necesario, ahora, hablar de los otros recursos que utiliza Albarrán para concretar su poética. Tenemos un libro de muchas maneras fragmentado. Para empezar, en portada, tenemos la presencia de una mujer gritando. Alrededor de ella, todas las faces de la luna decoran su contorno. Dicha fotografía se titula Hysterical yawnings, y es extraída del libro Iconographies de la Salpetriere. Clinique des Maladies Du Systeme Nerveux, (Vol. 3). Esta imagen, junto con otras, aparece en la sección 6 del libro, F. Coloq. Persona fea y ridícula , la cual se compone únicamente por elementos gráficos. Cada una de las piezas de este libro están acompañadas por una subsección denominada Notas, las cuales incluyen fragmentos del ensayo Las grandes pruebas del espíritu y las innumerables pequeñas del escritor Henri Michaux, donde hablaba sobre la sustancia LSD y sus efectos en la mente humana. Tanto imágenes, notas y epígrafes, ayudan a complementar la poesía expuesta por Alejandro y, sobre todo, a exponer un estado crítico para la mente y la percepción.

Persona fea y ridícula es una pieza faltante, es un fragmento, una extremidad o un tumor que ha salido a conocer el mundo. Es un rompecabezas que nunca será armado. Se trata de un libro que al mismo tiempo es un pedazo de conciencia que ahora se vale por sí mismo. Leer Persona fea y ridícula se siente como si ese algo que nos faltara anduviera por ahí, haciendo poemas.

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