El origen de la vacuna que blinda de la COVID-19
Reportaje

El origen de la vacuna que blinda de la COVID-19

Una solución rechazada hace tres décadas

Ilustración de portada: Freepik

Después de muchos meses en los que la sociedad tuvo que enfrentarse periódicamente a múltiples rumores respecto al desarrollo de la vacuna contra la COVID-19, finalmente se ha anunciado que salió de la fase tres y que comenzará a efectuarse su aplicación, lo que ha dado pie a una nueva oleada de desinformación que desemboca en miedo y paranoia.

A pesar de la serie de pruebas por las que tuvo que pasar antes de ser aprobada y liberada a la población, muchas personas continúan confundidas ante la situación. En el siguiente documento se desarrolla una breve revisión histórica y los antecedentes del desarrollo de la vacuna, además de abordar el tema de las investigaciones en busca de comprender qué razones y criterios hacen que un estudio tenga más aceptación que otro.

LA HISTORIA DE KATALIN KARIKÓ

En fechas recientes, el nombre de la bioquímica húngara Katalin Karikó ha sonado por diferentes medios y no es para menos, puesto que se trata de la mujer que estuvo detrás de la investigación clave para la vacuna contra la COVID-19, por lo que muchos medios la han denominado “La madre de la vacuna” o “El rostro del ARN”. La popularidad que adquirió en cuestión de semanas, no sólo dentro del círculo científico sino también fuera de él, es un hecho que se reviste de ironía cuando se piensa que esta fama le ha llegado tras dedicar años de esfuerzo a una investigación en la que pocos creyeron y nadie quería financiar, que le cerró muchas puertas y por la cual incluso sufrió rechazo y desprestigio profesional.

El interés que se suscitó con el paso de los días llevó a los medios a indagar más a fondo sobre su vida. ¿Quién es? ¿A qué se ha dedicado en el ámbito de la investigación?, etcétera, en aras de conocerla un poco, de por fin darle visibilidad y ofrecerle el reconocimiento que por tantos años le fue negado. Su aparición bajo el foco mediático es tan reciente que aún no hay muchas fuentes formales donde se documente su vida. La mayor parte de lo que se sabe es gracias a una entrevista donde relató el largo camino que tuvo que seguir para llegar a este punto. Algunos medios como Cable News Network (CNN) han difundido su logro como una lucha de investigación y superación.

La historia de Katalin Karikó es la de una mujer pionera en la investigación del ácido ribonucleico mensajero (ARNm), trabajo que comenzó en la década de los setenta en su natal Hungría. En 1985, tras recibir una invitación de la Universidad de Temple en Filadelfia, decidió ir a Estados Unidos en busca del famoso sueño americano y de mejores programas y mayores oportunidades de financiamiento para los estudios científicos, después continuó con su investigación en Facultad de Medicina de la Universidad de Pensilvania.

Katalin Karikó. Foto: timesofisrael.com

La propuesta central de Katalin Karikó era que el ARNm, “unas moléculas que entregan a las células una especie de manual de empleo, con la forma de código genético, con tal de que puedan producir proteínas a nuestro cuerpo”, podría funcionar para tratar enfermedades, sin embargo, esta idea resultó demasiado novedosa para su tiempo y por lo tanto la propuesta fue rechazada cientos de veces.

Por su parte, un medio nacional hace énfasis en que Karikó pasó gran parte de la década de los noventa solicitando subvención tras subvención para financiar sus investigaciones, pero siempre le fueron negadas. Después de tantos rechazos, la Universidad de Pensilvania decidió desvincularse del proyecto, a tal punto que pasó de estar cerca de obtener un puesto como catedrática a ser degradada al de investigadora del más bajo nivel, con una paga mucho menor.

VACUNAS CON MOLÉCULAS ARN

La noticia del desarrollo de las vacunas contra la COVID-19 corrió como reguero de pólvora y, a la par, la desinformación se multiplicó a un ritmo alarmante. Sobran quienes se esmeran en propagar visiones amarillistas que desatan el miedo y la desconfianza, sobre todo en los sectores más vulnerables de la sociedad, alegando daños potencialmente irreversibles a la salud por el uso de la vacuna.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) se enfoca en reducir el miedo y acabar con la serie de mitos y falacias que se difunden, poniendo especial énfasis en que las vacunas (al igual que los medicamentos) deben pasar por una serie de pruebas amplias y rigurosas que garanticen su eficacia e inocuidad. No se trata de una solución apresurada que se lanzó sin pasar por múltiples etapas de evaluación. Cabe mencionar que la OMS consigna cada una de ellas. El primer ensayo consiste en llevar a cabo experimentación en animales para evaluar la seguridad y sus posibilidades de prevención; si los resultados son favorables se procede a realizar ensayos clínicos en humanos:

Fase I: Administración de la vacuna a un pequeño número de voluntarios. En ella se evalúa su seguridad, la respuesta inmunitaria generada y se determina la dosis adecuada.

Fase II: Administración de la vacuna a cientos de voluntarios, a los que se hace un seguimiento minucioso para detectar posibles efectos secundarios y la respuesta inmunitaria. En esta fase suele tenerse un grupo de control que no es vacunado.

Fase III: Administración de la vacuna a miles de voluntarios donde, al igual que en la fase anterior, algunos no reciben la vacuna experimental. Los datos obtenidos de ambos grupos se comparan cuidadosamente para determinar si la vacuna es segura y eficaz contra la enfermedad.

Foto: healthline.com

Por lo tanto, el que la vacuna lograra llegar hasta aquí no debería suponer un nivel alarmante de peligro, sino todo lo contrario, pues ya ha pasado por todas estas fases y se ha probado su funcionalidad antes de comenzar su implementación en cientos de países.

El desarrollo de la vacuna basada en ARNm tuvo que pasar por muchas etapas y ajustes, y hubo que superar problemas importantes. Por ejemplo, inicialmente los experimentos en animales que involucraban ARNm sintético causaban una respuesta inflamatoria masiva, debido a que el sistema inmunológico lo detectaba como un elemento invasor.

Eventualmente Katalin Karikó hizo dupla con el inmunólogo Drew Weissman (quien forma parte del equipo que busca desarrollar la vacuna contra el VIH), y por fin llegaron a la conclusión de que uno de los cuatro bloques de los que se componía el ARNm sintético fallaba y lo sustituyeron por una versión modificada; además lograron colocar el ARNm dentro de nanopartículas lipídicas, revestimiento que facilita su entrada a las células, al tiempo que retrasa su degradación; avances que publicaron en 2005.

Si bien es normal sentir miedo a lo desconocido y desconfiar de algunas novedades, también es cierto que la ciencia no es infalible ni tiene todas las respuestas, pero tampoco es cosa de alarmarse. Como se ha visto en esta breve semblanza sobre la vida profesional de Katalin Karikó, quien dedicó años de investigación a este proyecto, a pesar de los rechazos iniciales y el desprestigio, ahora no sólo es aceptada y apreciada, sino que se ha comprobado la funcionalidad de su proyecto, al punto que es justamente gracias a esto que pasó de las sombras a ser una de las candidatas para ganar el Premio Nobel.

Sin duda, Karikó es un ejemplo de que en el ámbito de investigación muchas figuras importantes pueden pasar desapercibidas debido a la desconfianza, el sexismo y la falta de popularidad del tema de investigación. A final de cuentas logró demostrar que hacía años que tenía razón y que vale la pena continuar indagando sobre el ARNm como una nueva solución favorable para tratar algunas enfermedades.

FUNCIONALIDAD DEL ARN

Indagar sobre la funcionalidad del ARN no era un tema que se hubiera pasado completamente por alto hasta que se volvió una fuerte necesidad. Incluso hay quien discute que realmente haya sido Karikó quien plantó la primera bandera en esta cima. Como menciona el periódico El País en la nota La madre de la vacuna contra la covid, publicada el 27 de diciembre de 2020: “En verano podremos, probablemente, volver a la vida normal”.

La pandemia disparó las inversiones en las investigaciones referentes a las terapias basadas en el ARNm. Foto: bioworld.com

El inmunólogo Hans-Georg Rammensee, adscrito a la Universidad de Tubinga, asegura que él y su equipo demostraron desde el año 2000 que una inyección de ARN sin modificar genera una respuesta inmune positiva en ratones, esto como parte de una serie de experimentos cuyo objetivo era conseguir una vacuna contra el cáncer. Sólo que topó con la misma pared que Karikó: la falta de financiamiento.

Resulta increíble saber que lo único que se necesitaba para que estas investigaciones se desenterraran y por fin se invirtiera en ellas, era la aparición de una pandemia. Posibilidades que llevaban años luchando por desarrollarse y que ahora, gracias a la visibilidad que han conseguido, podrían conseguir que se apueste por ellas para desarrollar nuevos tratamientos para otras enfermedades.

En cuanto al funcionamiento del ARN, es momento de pasar a temas un poco más técnicos. El National Human Genome Research Institute, en palabras de la doctora Leslie G. Biesecker, define al ARN como un ácido nucleico similar en estructura al ADN, pero con diferencias sutiles. Ejemplo de esto es que la célula utiliza al ARN mensajero (ARNm), cuya función es transferir información del genoma a las proteínas; también existe el ARN de transferencia (ARNt), y moléculas de ARN no-codificables de proteínas.

A todo esto, la doctora en genética, biología celular y molecular, Laura A. Díaz-Martínez, en el artículo El ácido ribonucleico salta a escena (2008), también consigna que las investigaciones se estaban encaminando a considerar al ARNm como una posible arma natural para combatir virus como la hepatitis y el SIDA, y menciona algunas de las pruebas realizadas en una amplia variedad de seres vivos: “Esta hipótesis surgió cuando algunos investigadores que trabajaban en plantas se dieron cuenta de que, si se inhibía el efecto de interferencia de ARN, esto ocasionaba una mayor sensibilidad a infecciones virales. ¿Por qué? La respuesta es todavía un misterio, pero si pensamos un poco en cómo funcionan los virus, tal vez nos acerquemos a la respuesta. La mayoría de los virus penetran en una célula y la 'secuestran', […] la célula se dedica casi exclusivamente a duplicar los genes del virus y producir proteínas virales, que luego serán ensambladas para formar miles de virus dentro de la célula. […] para poder producir una proteína se necesita un ARN mensajero con las instrucciones. Así que en una célula infectada se están produciendo miles de copias de ARN mensajero del virus, con instrucciones para producir proteínas virales”.

Así que, desde ese momento, quedó clara la funcionalidad potencial del ARNm como posible antiviral, sólo es cuestión de manipularlo adecuadamente. De igual forma Díaz-Martínez hace mención a la poca popularidad de estos proyectos y enfatizaba, hace doce años, que aún quedaba un largo camino por recorrer antes de poder garantizar que el uso de ARNm en tratamiento de enfermedades fuese seguro.

El ARNm es una posible arma natural para combatir virus como la hepatitis y el SIDA. Foto: statnews.com

LA CIENCIA HACE 30 AÑOS

Lamentablemente hace treinta años la propuesta de Karikó carecía de popularidad porque la ciencia estaba atenta al tema de la terapia génica que, según M. Ruiz Castellanos y B. Sangro, de la Clínica de la Universidad de Navarra, se trata de “un acercamiento al tratamiento de las enfermedades humanas basado en la transferencia de material genético a las células de un individuo”. ¿El objetivo? Restablecer funciones celulares defectuosas. Es decir, de igual forma se trataba de un tema relacionado a la superación de enfermedades, pero por otras vías; sin duda un método innovador al que la comunidad científica le ha dedicado atención durante bastantes años.

Hasta el momento no ha pasado de fases experimentales, aunque generó mucho entusiasmo con la esperanza de obtener un cambio radical en el tratamiento de diferentes enfermedades. Ruiz y Sangro, en su artículo Terapia génica: ¿Qué es y para qué sirve?, publicado en 2005, concluyen lo siguiente: “En general, los factores necesarios para conseguir que la terapia génica sea efectiva no son diferentes que para otras modalidades terapéuticas nuevas. Incluyen los factores técnicos (la distribución y expresión genética), clínicos (eficacia y seguridad terapéutica) y factores socioeconómicos. Los resultados de la terapia génica deben tener beneficios que pesen más que los riesgos y debe ofrecer ventajas sobre los tratamientos convencionales, sólo así puede llegar a ser aceptada en la práctica médica general”.

En la actualidad, la terapia génica ha ido mejorando con pequeños avances de parte de la comunidad científica. No puede negarse la efectividad que podría tener este tratamiento, pero tampoco las limitaciones que ha presentado en los últimos años, desde mutaciones no previstas en el genoma al manipular los núcleos celulares, hasta objeciones éticas que protestan ante la experimentación en embriones humanos o advierten de la posibilidad de caer en prácticas eugenésicas.

POR QUÉ LAS FARMACÉUTICAS NO APOSTARON POR KARIKÓ

Como ya se ha mencionado, en ese momento el tema que causaba revuelo era la modificación del ADN para el tratamiento de enfermedades por medio de la terapia génica, así que lo último que pasaría por la mente de las farmacéuticas sería apostar porque el ARN resultara más viable.

En una de sus notas, El País menciona que el jefe de la Iniciativa de Medicinas Innovadoras, Pierre Meulien, también tuvo la visión de utilizar el ARNm para desarrollar vacunas y, una vez más, se enfrentó a las mismas limitaciones que Karikó: incredulidad, y cero o pocos recursos. En 1993, su equipo en el Instituto Nacional de Salud de Francia logró desarrollar “un método para llevar ARNm como terapia”, un estilo de terapia genética que se veía prometedor pero que no pudo “llegar a la fase industrial porque en parte faltaba financiación”.

Foto: fastcompany.net

Afortunada o desafortunadamente, el tema del SARS-CoV-2 hizo que la comunidad científica de nuevo girara la vista hacia esta posibilidad. La necesidad apremiante de desarrollar una vacuna logró que se destinaran los recursos necesarios y en apenas ocho meses se logró llegar a la fase tres.

Los usos terapéuticos centrados en ARN dejaron de ser un tema que carecía de popularidad y se convirtieron en una de las mayores esperanzas ante el surgimiento de un virus que provoca cuadros clínicos de graves a potencialmente fatales, en un grupo amplio de la población. En la actualidad, el uso de ARN para el tratamiento de distintas enfermedades se está convirtiendo en una realidad y podría significar un avance para gran parte de los padecimientos que agobian al ser humano.

Por ejemplo, Dany A. Cuello Almarales, Luis E. Almaguer Mederos y Dennis Almaguer Gotay, en el artículo Potencial uso terapéutico del ARN de interferencia contra la COVID-19, publicado en junio de 2020 por la Revista habanera de ciencias médicas consignan que “El uso de ARNi (ácido ribonucleico interferente) ha sido efectivo para la inhibición de la replicación viral en modelos celulares de hepatitis B, C y SIDA. En igual sentido, estudios realizados en diversos sistemas experimentales para SARS-CoV, demostraron que el uso de ARNi contra genes específicos, estructurales y no estructurales, resultó en la inhibición de la replicación viral”.

Todo lo referente al tema de la vacuna y a la falta de presupuesto para darle continuidad a este tipo de investigaciones lleva a cuestionarse cuántos cientos de proyectos habrá ahí que se encuentran en la misma situación y qué hace que sean o no apoyados.

APOYO A INVESTIGACIONES

Seguramente jamás podremos dar con la verdadera razón de que no se le dieran apoyos a la propuesta de Karikó u otros científicos que en su momento solicitaron recursos para su investigación relacionada con el ARN. Probablemente esto se deba a que no existe una razón única, por el contrario, este tipo de decisiones por lo general obedecen a cuestiones multifactoriales que pueden ir desde errores de juicio, cuestiones burocráticas, manejo de recursos limitados, prioridad a otras áreas u otros tipos de investigación, hasta simples criterios de rentabilidad.

Con lo que se ha expuesto hasta el momento podemos decir que algunos de los criterios tomados en cuenta al momento de decidir entre apoyar tal o cual investigación se encontraría la “popularidad” y aceptación del tema, su alcance potencial y la probabilidad de obtener beneficios relevantes de los resultados.

Motivos como la burocracia y el manejo de recursos limitados han sido obstáculos para este tipo de investigaciones. Foto: statnews.com

Desde luego resulta mucho más arriesgado apostar por estudios sobre temas en los que pocos científicos han incursionado y en muchas ocasiones el interés por apoyarlos disminuye a medida que el tiempo pasa y hay pocos o nulos avances; es decir, comienza a pensarse que no tiene caso dedicar recursos financieros, materiales y humanos a proyectos que años o incluso décadas después siguen “atorados” en fases experimentales.

Un factor que también se vuelve determinante es qué tan prioritaria se considere la investigación. De entre las opciones presentadas, ¿cuál resulta más necesaria?, ¿cuál podría ofrecer mejores resultados en menor tiempo? Otras opciones como la terapia génica tuvieron su oportunidad, pero sus avances resultaron muy lentos; por el contrario, el uso de ARN logró posicionarse como la clave para la solución a una pandemia.

Ahora que le han dado una oportunidad y que ha demostrado resultados efectivos, no sería extraño ver en los próximos años un aumento de investigadores en este campo de la ciencia. Diversos medios de comunicación ya han comenzado a plantear esta posibilidad.

Para entender los criterios de asignación de recursos no está de más, primero, tener presentes algunos puntos que debe cubrir una propuesta de investigación. Ana Isabel Mora Vargas, adscrita a la Escuela de Formación Docente de la Universidad de Costa Rica, destaca los siguientes aspectos a considerar:

  • Las necesidades de la población que se tiene en perspectiva.

  • Los antecedentes e importancia del tema.

  • La afinidad del tema con la formación académica de quien investiga.

  • La relevancia y originalidad del tema.

  • La viabilidad para desarrollarlo.

  • La motivación que se tiene hacia él.

  • Las destrezas de quien investiga para utilizar metodologías específicas, acordes con el sujeto y objeto de estudio.

  • La pretensión de generalizar los resultados o de describir e interpretar una situación concreta y emprender acciones de solución, o cuál es el alcance de la investigación.

  • El impacto (educativo, sociocultural, etcétera) del proyecto.

Foto: EFE

Una investigación tendría peso sobre otra por diferentes factores, que al final sería el significado que podría ofrecer a la sociedad. Los objetivos de esta van en relación con los objetivos planteados por la mayoría de las instituciones de apoyo al desarrollo de la ciencia y la tecnología, que hacen alusión a generar conocimiento y promover su aplicación a la solución de problemas nacionales o humanitarios, promover la innovación científica, la difusión y la divulgación.

PROCESO PARA GENERAR UNA VACUNA

Respecto al proceso de la vacuna, es importante tratar de tranquilizar los temores que la mala información produce, llevando a grandes sectores de la población a dudar de su efectividad y a dudar qué tan segura resulta su aplicación, al punto de que muchos cuestionan si es prudente recibirla. Una de las razones principales para desconfiar de la vacuna es el lapso de tiempo en que fue creada, que parece muy breve. Y es verdad que el proceso fue relativamente rápido, puesto que el problema se tomó a escala mundial y resultaba urgente ponerle remedio; sin embargo, como se ha visto, las investigaciones sobre este tipo de aplicación del ARNm llevaban no meses ni años, sino décadas en curso.

Antes de hablar del proceso de aprobación de una nueva vacuna es pertinente mencionar las clasificaciones de las vacunas que presenta el National Institute of Allergy and Infectious Diseases:

  • Vacunas de virus atenuados. Contienen una versión del virus vivo que fue debilitado para no dar reacciones graves.
  • Vacunas inactivas. Se crean matando o debilitando al virus durante la generación de la vacuna.

  • Vacunas toxoides. Previenen enfermedades provocadas por bacterias que producen toxinas en el cuerpo.

  • Vacunas subunitarias. Sólo incluyen partes, o subunidades, del virus o bacteria en lugar del germen completo.

  • Vacunas conjugadas. Combate a bacterias que tienen antígenos con un recubrimiento exterior de sustancias similares al azúcar (polisacáridos).

Foto: Behance / Rafael Alejandro García

El Colegio de Médicos de Filadelfia (The College of Physicians of Philadelphia), explica en su portal web el desarrollo, pruebas y reglamentos para las vacunas:

  • Etapa de exploración. Consiste en trabajo de laboratorio con un tiempo de dos a cuatro años con financiamiento federal. Ese periodo se dedica a identificar antígenos naturales o sintéticos que pueden ayudar a prevenir o tratar una enfermedad.

  • Etapa preclínica. Se realizan pruebas en animales y se observa su capacidad para generar una prueba inmunológica, además de sugerir una dosis inicial y segura para la siguiente fase de investigación.

  • Solicitud de IND. Para este punto la vacuna ya ha mostrado resultados positivos, por lo tanto, se envía una solicitud para investigar un medicamento nuevo (IND).

Cuando la vacuna ha pasado por estas etapas, siguen las tres fases que tanto han sonado en las noticias y que se han encargado de mantener al tanto a la población y de ofrecer confianza ante la vacuna para terminar con la crisis. Carlos Serrano ya informaba desde mayo del año pasado, en un artículo para la British Broadcasting Corporation (BBC), en su división BBC News and Current Affairs, sobre esas tres fases ya explicadas anteriormente.

FARMACÉUTICAS EN NÚMEROS

Por último, es importante echar un vistazo general a las farmacéuticas más importantes del mundo, porque éstas influyen mucho en el desarrollo y distribución de los medicamentos. Giselle Pérez Zazueta, en un informe de 2013 sobre la industria farmacéutica, presenta una tabla con las principales empresas que la conforman. En la tabla aquí anexada se consignan sólo las cinco principales.

No resulta extraño pues, que la principal vacuna contra la COVID-19 sea precisamente la fabricada por Pfizer y su socio alemán BioNTech. Cabe destacar que actualmente Karin Karikó ostenta el cargo de vicepresidenta senior en la segunda.

Poco a poco, cada país ha ido establecido su proceso de distribución. México programó la aplicación de vacunas según el nivel de riesgo: irá primero al personal médico, pasando por adultos mayores hasta llegar a la población en general. Resulta increíble que tras el mar de incertidumbre en que nos hundió la pandemia, la respuesta estuviera medianamente establecida desde hace más de treinta años. Años en los que la posibilidad de que el ARN fuera una opción real y viable para la cura y prevención de enfermedades no fue abordada con mucha seriedad. Con la llegada de la vacuna contra la COVID-19 se abre la puerta para darle continuidad a las terapias basadas en la utilización del ácido ribonucleico y sus distintos componentes que podrían ponerle alto a enfermedades que hasta ahora parecían invencibles.

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