Alimentos funcionales
Salud

Alimentos funcionales

La adecuación de la comida para mejorar la vida

Foto de portada: Archivo Siglo Nuevo / Intervenida por Hessie Ortega

Debido a la necesidad de controlar los gastos de salud relacionados al incremento de la esperanza de vida de la población (aumento de personas mayores) y adaptarlos a los consumidores de mayor poder adquisitivo, fue que se desarrollaron en los años ochenta, en Japón, los alimentos funcionales.

Mediante investigaciones científicas se buscaba que estos redujeran el riesgo de contraer enfermedades o retrasaran su aparición. Cabe mencionar que este tipo de comida es aquella que, además de brindar nutrimentos para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo, confieren otros beneficios específicos a la salud debido a los componentes bioactivos que poseen.

No se les considera un grupo de alimento en específico, sino que resultan de la adición, sustitución, eliminación o alteración de ciertos componentes (pueden ser tradicionales o procesados).

En otras palabras, en ellos se han descubierto más características de las ya conocidas desde el punto de vista nutricional clásico.

ENTRAR EN EL RANGO

Para poder considerar un alimento como “funcional”, se realizan varios estudios que comprueban su beneficio al consumir una dosis alta y ningún efecto adverso al consumir una dosis baja. Científicos y organismos reguladores trabajan para establecer las bases que demuestren justamente lo anterior.

Todos los alimentos funcionales se someten a varios estudios para comprobar el beneficio de su consumo y que no haya ningún efecto adverso. Foto: gizmodo.com

Los componentes que hacen que el alimento sea funcional, siempre se han localizado en la naturaleza, sólo que han resaltado en los últimos años por ser estudiados de manera aislada para determinar las ventajas que brindan al cuerpo humano.

Por lo anterior, podemos decidir aprovechar los alimentos que por sí mismos contienen estas sustancias beneficiosas sin tener que buscar los que están enriquecidos o con la etiqueta de funcionales. Pueden ser útiles en lugares donde la alimentación es deficiente en ciertos nutrimentos y donde puedan suplementarse en alimentos básicos de su dieta, tal es el caso de países donde su ingesta es muy limitada, lo que supondría una mejora social.

BONDADES

Las propiedades que encontramos en estos alimentos son: favorecen un adecuado crecimiento y desarrollo, permiten el metabolismo de sustancias, defienden contra el estrés oxidativo, reducen el riesgo de enfermedades cardiovasculares, mejoran el tránsito intestinal y regulan funciones psicológicas y conductuales.

En ocasiones suele confundirse a los alimentos funcionales con los nutracéuticos. Estos últimos son sustancias naturales bioactivas que, al consumirlas en dosis superiores a las que existen en los alimentos, tienen efectos favorables sobre la salud, mayores a los que podría tener el alimento normal. Se consumen esporádicamente.

Pueden definirse también como suplementos dietéticos en forma de pastillas, cápsulas o polvo, como es el caso de las vitaminas o la fibra dietética comercial, mientras que un alimento funcional sería un producto en presentación normal (leche, pan, etcétera) al que se le ha modificado su composición (como ocurre con las leches).

Foto: francescociccolella.com

Para una persona que padece intolerancia a la lactosa, el alimento funcional de “leche sin lactosa” le será necesario. A quien intenta eliminar el azúcar simple de su dieta, encontrar productos con edulcorantes diferentes también le parecerá necesario. Lo mismo pasa con los intolerantes al gluten.

El desarrollo de nuevas técnicas de investigación, apuesta a que dentro de una década el número de alimentos funcionales se duplique; sin embargo, esto no significa que desaparecerá la alimentación tradicional, porque muchos de los productos que consumimos diariamente son funcionales y contienen nutracéuticos de forma natural.

Algunos ejemplos de alimentos funcionales que encontramos en México son: tomate, ajonjolí, aceite de oliva, avena, manzana, nopal, semillas de linaza, chía, soya, algunos yogurts, cebolla, plátano, frijol negro que posee propiedades antihipertensivas y el maíz azul, con propiedades antidiabéticas. También pueden encontrarse en margarinas, huevos y sal.

Hablar de este tipo de alimentos abre la puerta a tratar aspectos relacionados con el etiquetado nutrimental, ya que en países europeos no se permitían las reivindicaciones, es decir, mencionar en el empaque el beneficio al consumirlo.

Algunas de las leyendas prohibidas eran: “saludable, rejuvenecedor, adelgazante”. En el etiquetado debe figurar la cantidad de alimento que debería consumirse para producir el efecto beneficioso, asimismo asegurar que la sustancia está presente en una cantidad significativa y que el ingrediente es capaz de ser asimilado por el organismo.

Foto: Behance

CONFIRMAR SU AUTENTICIDAD

Hoy en día, el beneficio debe demostrarse con evidencia sustentada, ya que es común la confusión entre los consumidores.

De igual manera hay que voltear a ver la publicidad y promoción comercial, que en ocasiones es engañosa, pues cierto producto puede tener un costo más elevado y no cumplir con las expectativas del consumidor relacionadas a optimizar un tratamiento médico, por ejemplo.

La preocupación por preservar la salud es un hecho positivo que caracteriza a la sociedad actual, lo cual implica una gran sensibilidad en temas de salud y alimentación. Las personas están más receptivas hacia los mensajes que promocionan la salud a través de la buena nutrición, e hipersensibles a los riesgos alimentarios. Pero en la prevención de las enfermedades, la genética y el estilo de vida también cuentan.

Hay que aclarar que los alimentos funcionales no curan, ni previenen por sí solos, alteraciones ni enfermedades y que no son indispensables, sino una alternativa a tener en cuenta en casos concretos (deportistas de alto rendimiento, personas con alergias a ciertos componentes de los alimentos o que padecen enfermedades como diabetes, insuficiencia renal, alteraciones digestivas, etcétera.)

Por lo tanto, ningún alimento funcional puede sustituir a un medicamento. Es importante destacar que su consumo se recomienda de la mano de una dieta equilibrada y la consejería de profesionales de la salud.

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