Kidults
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El mercado de la nostalgia

El término kidults surge de las palabras en inglés kid (niño) y adult (adulto), y según la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) se les llama así a las personas, en su mayoría profesionales, que tienen un trabajo bien remunerado y poder adquisitivo medio-alto, que consumen artículos dirigidos a adolescentes y niños.

El perfil de estos consumidores hace que se les considere aniñados, sin embargo, no son adultos con actitud infantil o inmadura. Por el contrario, son personas con responsabilidades que han encontrado en el coleccionismo una forma de mantener intacto su niño interior y sus recuerdos, sin importar el costo.

ERNESTO, EL GEEK

Un gran fanático de la cultura geek es Ernesto Apolo Valenciana Martínez, un lagunero que a sus 34 años ha logrado reunir cinco mil piezas de figuras de acción, funkos y demás artículos y productos relacionados a videojuegos, anime, películas, famosos y más. Esta colección lo ha llevado a gastar entre 500 mil y 700 mil pesos anuales.

Ernesto, quien es contador público y director general del Corporativo VALMAR, comenzó su colección con una Mtyh Cloth del Caballero Dorado de Cáncer, del anime Caballeros del Zodiaco, y con una figura del personaje Link del videojuego Legend of Zelda. De ahí que su admiración por la cultura japonesa lo llevó a dedicarse desde hace cinco años a ser coleccionista.

Ernesto Valenciana, creador de contenido. Foto: Facebook

Cuestionado sobre si coleccionar artículos de este tipo le ha provocado burlas o discriminación, Valenciana dice que no, sino que muchos se sorprenden cuando ven en su oficina la gran cantidad de figuras que tiene ahí. Aunque reconoce que muchos sí ofenden a otros que tienen estos gustos geek u otakus.

Cuando se les dice geek es en sentido positivo, y cuando se les dice otakus se vuelve despectivo. El otaku es considerado una persona que le gusta el anime, pero que no se baña y huele mal, y la verdad es que no tiene que ver eso con la personalidad”, explica.

Al final del día, para Ernesto, “todos tenemos algo que nos gusta, ya sea superhéroes, anime, películas u otra cosa, y es normal. Si ves en Netflix la serie de Vikingos o el anime Los siete pecados capitales (Seven Deadly Sins) y te gusta coleccionar (productos) de eso, no tiene nada de malo”.

Respecto a su colección, Internet ha sido un aliado para hacerla crecer, pues la mayoría de sus figuras las encuentra en línea, y en varios casos las adquiere en preventa. “Por ejemplo, de una empresa te llega el mailing de la figura, pero te la entregan en seis meses, un año, y cuando se empieza a poner esa figura en tendencia, a los coleccionistas ya les llegó y después aumenta su valor tres veces de lo que costó”.

Actualmente, Ernesto cuenta con un canal de YouTube llamado Darkoburi, en donde sube videos unboxing de figuras o artículos que compra de colección.

Foto: Facebook

EL COLECCIONISTA DE RECUERDOS

Otro destacado coleccionista lagunero es Héctor Hipólito Ibarra García, un fanático de películas como Volver Al Futuro y Los Cazafantasmas, así como de la serie The Big Bang Theory y el mundo de Disney, que ha encontrado en estos títulos el recuerdo de su niñez y adolescencia.

Para Héctor, que es ingeniero eléctrico, ingeniero mecánico y licenciado en gastronomía, el hecho de tener poder adquisitivo para comprar juguetes o figuras de sus personajes favoritos de la infancia, es bastante gratificante y un gran gusto.

Su principal motor para coleccionar es la nostalgia y los buenos recuerdos que le trae cierta figura o artículo, y considera que, por ello, no se debería juzgar a los coleccionistas ni tacharlos de infantiles, porque todo tiene un trasfondo.

Al principio, cuando empezaba a comprar, mi propia familia y amigos me echaban carrilla, pero les fui explicando de qué se trataba, de la importancia de las piezas como objetos de colección y lo valiosos que pueden ser”.

Una de las piezas más importantes para Héctor y que tiene un valor sentimental es una colección de carros de juguete de la línea Micro Machines, pues le recuerda a su difunta madre.

Héctor Ibarra, destacado coleccionista lagunero. Foto: Facebook

Cuando era niño, mi mamá iba muy seguido a El Paso por el trabajo de mi papá, y en cada viaje me traía carritos de Micro Machines. Entonces, en 2020 salió de nuevo esa colección, y cuando la vi en el supermercado me volví loco y me acordé de eso. Porque incluso ya siendo adulto, para Navidad, mi mamá me regalaba juguetes, y de los últimos juguetes que me dio, antes de morir, fueron precisamente unos Micro Machines, pero de otra marca porque ya no existían los originales.

Asimismo, Héctor expresó a Siglo Nuevo que su deseo, al morir, es que sea enterrado junto a esos últimos carritos que le regaló su mamá, pues tienen un valor único.

También, Ibarra García dice que de vez en cuando hay que escuchar al niño interior que todos llevamos dentro. “Compren un juguete o dulce, y verán que su niño interior se los va a agradecer, porque todos tenemos un coleccionista dentro y hay muchas películas que ves y te demuestran que lo peor es ser adulto. Así que cómprense un juguete y verán que serán felices, para que nunca dejen de ser niños”.

Si bien Héctor nunca se ha olvidado de sus responsabilidades como hombre de familia y emprendedor, ya que es casado y tiene negocio propio, a sus 37 años ha logrado coleccionar entre 130 figuras funko, con un valor estimado de siete mil a ocho mil dólares (casi 160 mil pesos mexicanos), así como 40 figuras de acción y un incontable número de otros artículos de colección como autógrafos de actores de cine, dibujantes de cómics y más.

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