El vitral sorjuanino de Saúl Rosales
Entrevista

El vitral sorjuanino de Saúl Rosales

Ilustración de portada: Hessie Ortega

En la celda de un convento, Sor Juana Inés de la Cruz inventó una libertad propia que rechaza la definición. Allí instaló una biblioteca como laboratorio de su pensamiento. Si Erich Fromm diría durante el siglo XX que el acto dialéctico era un camino para encontrar la libertad, la oriunda de Nepantla había descubierto lo mismo tres centurias antes mediante fe y conocimiento.

Es la vigésimo octava mañana del mes de octubre. El maestro Saúl Rosales abre su domicilio ubicado en el 517 de la calle Cepeda, en Torreón, para conversar sobre su reciente publicación: Sor Juana en un vitral (2020), en la última jornada de sus 79 años. Al día siguiente ocho décadas lo habrán empapado en el mar que le representa la poeta, surcará las limitaciones de una pandemia y pasará su cumpleaños en un aislamiento que también le permite ser libre.

No se trata de un naufragio, pero el autor se hunde en el sillón de su sala. Las líneas de su rostro se animan. Su rebeldía despierta y libera ideas tras el cubrebocas: “Me siento con derecho a vivir, pero también con el derecho a ser pesimista. Llego a mis 80 años con este afán, con este espíritu un tanto pesimista que no deja de encontrar estímulo en la ideología revolucionaria”.

Las narrativas visuales que decoran los muros muestran fragmentos de su vida; unidos forman un presente a base de recuerdos, un silogismo colorido según el escritor. Asimismo, los vitrales se constituyen por pedazos de vidrio, imágenes cromáticas, cristalizadas, por eso Rosales considera que son la mejor herramienta para observar a la Décima Musa.

En los vitrales es escasísimo el color rojo”. Lo sabe porque es un gran observador. Revisa a detalle los versos sorjuaninos, los recita y guarda en el corazón escondido tras su típica camisa a cuadros escarlatas. Sí, un gran observador, pero no se ha percatado de que el mayor vitral en la habitación es él mismo.

Y es que ejercitar el pensamiento le provoca un hervidero de dudas. Ante cada pregunta baja el telón de su mirada y busca respuestas que ofrece su interior; sabe que las llamas de la Americana Fénix lo alumbrarán en caso de extraviarse en la oscuridad.

Mi memoria tiene muchas exclusas que se cierran y se cierran y se cierran, por eso ya no soy bueno para las entrevistas, aunque nunca lo he sido”. Un postulado sartreano dicta que el ser humano está condenado a ser libre. Incluso en el olvido, donde la memoria vaga, es libre de aceptarse.

Saúl Rosales se admite ante el lente fotográfico. Posa junto a un estante repleto de libros marxistas. El mueble grisáceo emula el tono de su cabello. La imagen recuerda a las pinturas de Sor Juana hechas por Juan de Miranda y Miguel Cabrera. Es inevitable construir la metáfora de un espejo: la poeta y el escritor, inmortalizados en la libertad que sólo ofrece la literatura.

Foto: Archivo Siglo Nuevo /Intervenido por Hessie Ortega

Sor Juana Inés de la Cruz dice en un romance: “Nací donde los rayos solares me mirasen de hito en hito, no bizcos, como a otras partes”. ¿Cuál fue ese rayo solar que alumbró su interés por la Décima Musa?

El interés surge de mi pasión por la literatura. Es decir, se abrió mi sensibilidad humana hacia la literatura, entonces todos sus aspectos me llaman la atención: algunos los atiendo con mucha intensidad y otros los dejo que fluyan y desaparezcan. Sor Juana se me apareció con la sensibilidad de sus versos. No solamente por lo sentimental, también por la inteligencia profunda, lúcida absolutamente, que trasluce su poesía. Luego, al conocer su biografía me interesó mucho, no por los sufrimientos que pudieran haberse presentado, sino por los sentimientos de inconformidad ante su mundo, una inconformidad que tiene muchas explosiones de rebeldía y, consecuentemente, intenciones transformadoras, revolucionarias. En Sor Juana hay un espíritu revolucionario que no llega a cristalizarse, pero que está perceptible en su obra. Y aún sin conocer la biografía, la obra lo evidencia. Hace poco publiqué un libro de refranes y entre ellos hay uno que se refiere a que el preso debe rebelarse. ¿Qué hay en esto? Hay la idea de que cuando el entorno es inarmónico para uno mismo, uno debe hacer algo para rebasarlo y, si es posible, transformarlo, revolucionarlo. Todo esto, y mucho más que podría añadir, es lo que me acercó a Sor Juana: su biografía, en tanto su espíritu rebelde (evidente o no) y en la sensibilidad e inteligencia de su obra literaria.

Diego Calleja la nombró Americana Fénix, por la inmortalidad de su obra que la hace renacer. ¿Cómo puede renacer un lector al encontrarse con ella?

Es una pregunta que implica pensar cuánta gente lee y cuánta gente de esa lee poesía. Nos encontramos en un mundo microscópico, pero supongamos que encontramos a un lector de Sor Juana, que no la conoce ni la ha leído, pero tiene la habilidad de captar su mensaje de lucidez; Sor Juana va a hacer renacer en él ideas, quizá sentimientos, que no ha explorado. Me gusta mucho citar a Beethoven en una carta donde dice que él escribe su música en cierta medida contrastante, llena de alegría, pero también llena de sentimientos de dolor, para que otros que sufren como él, sientan que pueden hacer algo importante. Leer a Sor Juana, pero leerla con cuidado, te hace renacer espiritualmente en el sentido de que te motiva. He publicado comentarios de lo motivadora que puede ser su obra. Sus versos contienen su espíritu. Cuando uno la lee existe esa comunión que te hace sentir, como decía Beethoven: “Así como yo sufro y puedo hacer cosas importantes, así también puedes hacer cosas importantes”. En el fondo de la obra de Sor Juana hay una actitud moral importante en el sentido de intención voluntariosa de la vida. Ella nos da muchos consejos, nos dice de diversas maneras que es posible enfrentar lo que sea. Para usar términos actuales, hay un toque frecuente de resiliencia. En el mundo agobiado en que vivimos, su obra es estimulante. Hay un renacer del espíritu al leerla porque existe esa intención moral de ser fuerte. Sor Juana no es fácil de leer; quien enfrenta las cosas con un espíritu débil, flaco, deleznable, no va a poder siquiera sostener un libro para la primera cuarteta, mucho menos para leer Primero sueño ni ningún otro poema que le resulte oscuro o hermético. Entonces, hay que acercarse a Sor Juana con la metáfora de una mujer bella que le intimida.

Ilustración: Hessie Ortega

El fénix muere en combustión y renace de sus cenizas. En el caso de su nuevo libro, el vitral también es una unión de elementos, ¿por qué elegirlo para ver a Sor Juana?

Hace alusión a la variedad en los textos del libro. El vitral, aunque tenga unidad de color, está segmentado, fragmentado, tiene sus uniones de plomo y el emplomado sostiene pedazos de vidrio. La totalidad del vitral permite una imagen completa. Es la idea del título del libro: un vitral de Sor Juana, una recomposición mediante los fragmentos que su obra me ha permitido escribir.

¿De qué manera le permite experimentar la libertad?

Tu pregunta me mete en mi subjetividad y justamente mi libro está construido con miradas subjetivas a la obra de la inmensa escritora de Nepantla. Los textos son apreciaciones personales de sus versos y su prosa, por supuesto ideas sustentadas por la palabra misma de la autora. Allí está un primer ejercicio de mi libertad de escritor. Libremente seleccioné lo que quise comentar. Segundo ejercicio de libertad a la vera de Sor Juana: expresé sin limitaciones lo que quedó en las páginas. El oficio de escritor es una práctica de libertad. En esa práctica, para abundar, uso la palabra vitral como metáfora del propio libro. Mi obra es un vitral porque sus partes son como los cristales coloridos, constituyentes de una imagen de esa artesanía.

También observa que Sor Juana se encierra en un convento para ser libre.

Es muy curioso, ella se encierra para ser libre porque no está a gusto en el mundo que le ha tocado. Siempre hay que insistir en el porqué: porque era un mundo dominado por los hombres, un mundo de preferencias masculinas. La masculinidad es impositiva y Sor Juana no resiste ese mundo, le huye y se recluye en la religión. Es de las monjas reclusas; entra al convento y ya no sale de él. Aquí hay que señalar algo muy importante: es tan grande su personalidad literaria que, si todo el mundo en ese tiempo pretendía ir al palacio a ver a los virreyes, los virreyes salían del palacio para ir a verla en su celda. De ese grado es el reconocimiento, de ese grado altísimo es su literatura. Entonces, se recluye porque busca la comodidad para escribir. Sabemos que un buen artista, con un buen mecenas, produce una buena obra. Sor Juana encuentra como mecenas el convento porque ahí va a estar protegida, el aislamiento la protegerá del mundo. Pero además tiene su mecenas particular, es decir, el que paga para que ella esté en el convento, pues había que pagar por estar ahí. Esta reclusión le permite concentrarse y, por lo tanto, lograr lo que para ella era importante: estudiar más que producir su obra. Sin embargo, también le duele no poder dedicarle mucho tiempo a su creación, de tal manera que en Respuesta a Sor Filotea se lamenta con mucha dulzura de que las otras monjas acudieran a ella para darle un poco de consuelo en el aislamiento. Entonces, ella dice: “De manera que me quitaban el tiempo, pero no solamente me quitaban el tiempo, sino que tenía que darles las gracias por preocuparse por mí”. Sor Juana lo que busca en su aislamiento es canjear su libertad física por la libertad productiva, la libertad creadora.

Ilustración: acentoballet.com

En esta faena libertaria, ¿cómo llega Sor Juana a la conclusión de que la definición es insuficiente para hacer asequible la realidad?

Como te digo, quizá resulte difícil para los lectores (para mí lo es) leer ciertas partes de Sor Juana porque es profunda, ¿y la profundidad del mar qué tiene? Oscuridad. La profundidad implica oscuridad. Sor Juana es oscura pero no impenetrable, como el agua profunda del mar. Así son algunos de sus versos. Entonces, cuando definimos algo, no agotamos su ser. Si yo quiero definir tu grabadora, puedo redondear, estructurar algunas ideas acerca de ella, pero no voy a llegar a su esencia o me va a costar mucho trabajo hacerlo. Esta es la idea que surge de algunos versos de Sor Juana. No es idea mía la imposibilidad de definir las cosas ni la insuficiencia de la definición. Toda definición es insuficiente y está dicho desde la filosofía clásica occidental: las definiciones no agotan lo definido. Recuerdo que esto lo manejo en un texto acerca de las inquietudes por la sexualidad de Sor Juana. Mucha gente quiere definirla como lesbiana y lo hace sirviéndose de algunos versos. ¿Qué pasa si se toman los versos como la definición de la preferencia sexual de Sor Juana? Lo que pasa es que son insuficientes, porque yo o cualquier otra gente puede encontrar versos que rebaten esa posibilidad. Para ponerlo en una idea muy clara: un dramaturgo crea una obra de teatro en la que el protagonista es un ladrón, un maleante tremendo. Por lo que dice su obra, ¿vamos a pensar que el autor tiene esas características? Claro que no, es sólo una creación literaria. Es lo mismo en Sor Juana, ella habla de su relación amorosa con las virreinas Elvira y Leonor. Pero en ese tiempo la galantería era una manera muy elaborada de decir las cosas, porque estamos en un tiempo barroco, y entre más se floree la expresión, implica que más ganas tienes de agradar. Si Sor Juana es muy intensa al mencionar las relaciones con las virreinas, no quiere decir que necesariamente sea un amor físico. Es, en gran parte, la galantería de las expresiones verbales de su tiempo. Sin embargo, se han agarrado de ahí para forzar el definirla como lesbiana. Entonces, encuentro estos versos donde habla de que no se puede agotar lo definido con la definición. Por más que puedan encontrar versos de amor hacia una mujer, no quiere decir que puedan definir a su emisora como lesbiana.

¿Su metáfora es una búsqueda libertaria por el conocimiento?

Sí, la metáfora es una condición intelectual de su tiempo. El barroquismo es una búsqueda intensa de conocimiento y libertad para producir, sobre todo lo nuevo. La libertad implica transgresión, y a veces es penada dentro de los límites de la tolerancia. Sor Juana es un espíritu totalmente libre y la metáfora fue un recurso muy necesario en el mundo intelectual de su tiempo. Tanto que se escribían tratados de ciencia con métrica y mucho sentido poético. La metáfora era algo como el virus que se podía respirar. Te podía afectar o no. Entraba por medio de la voluntad y si te dejabas recetar su virus, empezabas a hacer uso de ella. Por eso el barroco, en literatura, es una obra un tanto difícil. La razón es que tendemos a que nuestro pensamiento sea lineal, pero cuando esa linealidad se quiebra o es zigzagueante, nos sentimos incómodos y la rechazamos.

Ilustración: Hessie Ortega

En el barroco hay este trastocamiento constante de las categorías gramaticales: en la oración, con frecuencia, está el adjetivo a cuatro o cinco palabras del sustantivo, o el adverbio está lejos del verbo al que se le aplica. Este trastocamiento del orden tradicional de la oración hace que sea muy difícil. Pero hay el gusto por la metáfora en el tiempo de Sor Juana y es una cosa muy valiosa en la literatura, la metáfora será su alimento. A ella se le califica como una autora gongorina. Góngora fue un príncipe de la metáfora y Sor Juana lo sigue en gran medida, en el sentido de que ella es capaz de producir una obra metafórica tan potente como él. Esto hace que la metáfora sea abundante, riquísima y destellante. Pero por sobre cualquier adjetivo, quisiera ponerle este: la metáfora de Sor Juana es sumamente transparente si uno la quiere aceptar. Si no aceptas lo zigzagueante, lo sinuoso de la expresión barroca, no acabarás de disfrutar la transparencia de su metáfora.

Y es también parte de esta libertad en la dialéctica entre fe y conocimiento.

Creo que Sor Juana era sumamente culta, una erudita. Por ejemplo, habría leído De la dignidad del hombre, un tratado del Renacimiento que habla de cómo, según la tradición católica, el hombre tiene libre albedrío. Entonces, el libre albedrío te da la posibilidad de conciliar la fe y el raciocinio. Es decir, la aceptación irracional que es la fe y el acercamiento a la realidad que da el raciocinio. Creo que, en ese sentido, la obra de Sor Juana es muy rica porque hay esa conciliación. Entonces, ella habla de muchas pasiones humanas y es una monja, una mujer que ha decidido vivir bajo una ética que tiene, como uno de sus grandes fundamentos, el sometimiento de las pasiones. Pero, por supuesto, ella como lectora voraz, con su cultura desarrollada, su intuición y su intelecto agudo, era capaz de encontrar la capacidad de conciliar la fe y el raciocinio. Pero no deja de sufrirlo, tan lo sufre que dice: “En dos partes dividida / tengo el alma en confusión: / una, esclava a la pasión, / y otra, a la razón medida”. En esos cuatro versos está lo que me implica tu pregunta: la razón y la intuición, el raciocinio y la aceptación de la ceguedad de la fe. Fíjate qué hermosos versos, porque cuando habla de la pasión dice “rendida” y cuando habla de la razón dice “medida”. Este juego de palabras nos muestra la lucidez tremenda de Sor Juana para construir estructuras verbales riquísimas de contenido. Nos suenan, digamos, fáciles, pero es una facilidad aparente, porque la pasión es dominante y la razón es contenedora.

La luz que traspasa los vitrales ofrece otra visión de la realidad. A sus casi 80 años, ¿cuál es la perspectiva que tiene de Sor Juana Inés de la Cruz?

A esta altura de mi vida, pensando mi edad en relación con Sor Juana, te diría que quisiera disponer de más tiempo, quisiera pensar en términos de infinito para tener siempre el contacto con ella. Sor Juana es ese vitral que me da luces desde hace mucho tiempo, porque convivo con sus pesares y sus optimismos. Entonces, todas las tonalidades del sufrimiento a la alegría, toda la gama de colores del vitral que pueda haber entre estos dos términos, los tiene Sor Juana y me los proporciona en sus libros. Lo cierto es que toda su obra es capaz de iluminarme, porque tiene todos los colores que pudieran caber en un vitral. Incluso, qué curioso, si te fijas en los vitrales es escasísimo el color rojo. Hay muchos vitrales que no tienen color rojo porque quien ponía un vitral con rojo era un potentado, un templo potentado, una parroquia potentada que podía ponerlo, porque ese color lo hacen con oro y había que malgastarlo. Digamos que en Sor Juana hay mucho rojo, en ese vitral inmenso que es su obra existe abundante rojo porque hay mucha pasión evidente y mucha pasión contenida.

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