Arquitectura efímera
Arquitectura

Arquitectura efímera

Consumo de contrucciones que se desvanecen

Normalmente, cuando se piensa en arquitectura, aparecen imágenes mentales de materiales pesados y estructuras que, magnánimas o no, se hacen con la importante intención de perdurar o trascender. Pero, cuando una construcción está hecha para desaparecer, la dinámica cambia por completo.

La arquitectura efímera existe por razones sumamente diferentes a la arquitectura tradicional. Marca un momento, salta a la vista con motivo de un evento o día importante, pero luego desaparece para no dejar huella.

EL CONSTANTE MOVIMIENTO

Hoy puede parecer algo novedoso que exista una arquitectura desmontable, aunque estamos, probablemente, rodeados de ella, y de hecho este tipo de construcciones se encuentran en un pasado tan remoto como la humanidad misma. El refugio es una de las necesidades básicas del ser humano. Para los nómadas, las construcciones efímeras eran lo más adecuado para la supervivencia.

Con la sedentarización y el desarrollo de las civilizaciones surgió lo que se conoce como arquitectura. Muchos de los complejos de las culturas antiguas fueron hechos imponentes debido a valores religiosos. Pero hoy se está ante un paradigma diferente, en que se vuelve a un estado de movilidad constante, fruto de la conexión que sufre el mundo.

La arquitectura efímera atiende a diversas necesidades que se presentan en el ir y venir de sociedades globalizadas, pero también existe aquella que asiste a una emergencia como lo son los desastres naturales o los hospitales adaptados para atender pacientes con COVID-19.

En situaciones cotidianas, la arquitectura efímera es de utilización rápida para un acto o conmemoración. Se dispone una construcción, se consume y se va, para ser admirada en otro lugar y para quedar en la memoria del espectador.

Templo del festival Burning Man 2017 en Nevada, Estados Unidos. Foto: dezeen.com

La practicidad de los pabellones u otro tipo de construcciones pequeñas, ayuda a generar mayores ventas en un evento, al atraer al visitante con sus formas y colores. No busca, en sí misma, una grandiosidad, pero es cierto que intenta quedarse en la retina con sus estantes de formas novedosas o con entornos agradables, ya sea para vender boletos o baratijas.

Si bien la arquitectura de antaño buscaba la espectacularidad para demostrar poder o exponer la ornamentación religiosa (aún lo hace, pero en demostración de un status económico), el público de hoy busca una experiencia a la cual realizar una fotografía. El papel de una arquitectura efímera, pues, busca también ser espectacular, pero no de la misma forma en que se hacía en otras épocas. De cualquier forma, dice mucho de los cambios sociales y del momento en que se vive.

LA FIESTA Y LO EFIMERO

En realidad la arquitectura efímera se caracteriza principalmente por su relación con el tiempo; si bien hay estructuras que duran de dos a tres días, las hay de mayor duración y lo importante en realidad es que no permanecerán. Es por eso que se relacionan con las fiestas como decorados imponentes que enmarcan eventos, agregando estructuras al espacio que ya existía.

Por esta razón, los materiales elegidos pueden no ser tan duraderos, como madera o yeso. El faraón Ptolomeo II, en Egipto, transformó el espacio público por medio de columnas, pabellones y caminos llenos de flores.

El Arco del Triunfo para la llegada de María Luisa de Órleans en España, realizado por Matías de Torres en 1680, es un ejemplo de cómo en el barroco se utilizó la arquitectura efímera para actos políticos.

Para las coronaciones de la época barroca se construían arcos del triunfo. Foto: Archivo Siglo Nuevo

Las fiestas privadas y públicas del barroco, hechas para la coronación de un nuevo rey, contaban con arcos del triunfo para que pasaran por debajo de ellos en un desfile, así como templetes, gradas y pabellones. Además, se utilizaba la pintura para simular fachadas y paisajes en madera. De esta forma, por medio de la transformación veloz del espacio público se daba fe del poder de estas figuras y se hacía eco de su importancia.

Altares, jardines artificiales, baldaquinos dorados y otros armatostes recreaban la espectacularidad necesaria para días de importancia religiosa, un engaño de los sentidos que emocionaba a los espectadores. Según La cultura del barroco: análisis de una estructura histórica (1990), estas eran parte de las estrategias de la iglesia católica y las monarquías absolutas para atrapar a sus fieles seguidores, en contraposición al luteranismo que había rechazado este tipo de pretensiones.

Un punto culmen de este tipo de arquitectura está a finales del siglo XIX y principios del XX, etapa en la que nace el kitsch, o un intento por llevar la alta cultura a la cultura de masas, teniendo como resultado la producción en serie de objetos ostentosos. La arquitectura efímera en este periodo utilizó el cristal y el hierro, demostrando tecnología y avance con estructuras hechas para exposiciones universales. Una de ellas, la de 1929 en Barcelona, contó con un pabellón que no funcionaba para exhibir nada, más que su misma estructura llamativa. Realizado por Mies van der Rohe y desmontado meses después, se volvió icónico y generó réplicas a finales del siglo pasado.

INTERVENCIÓN DEL ESPACIO

La arquitectura efímera busca dar realce a un momento concreto. Se levantan escenarios enteros para un desfile; gradas, podios y pabellones son dispuestos para eventos de diversa índole.

Pabellón realizado por Mies van der Rohe en Barcelona, España. Foto: archdaily.com

En ejemplos más actuales está el pabellón realizado en 1992 por José Cruz Ovalle y Germán del Sol, para la Expo Sevilla en Chile. Otro de importancia es la Expo Dubai 2020, aplazada hasta 2021, un evento magno donde se busca la interacción entre innovadores y creativos para solucionar problemas de la humanidad. Los pabellones implementados para este acontecimiento dejan pasar la luz y sirven como entornos gigantescos e imponentes que, sin embargo, pueden ser armados con cierta rapidez.

Hoy, la velocidad con que se arman y desarman stands tiene que ver con la sociedad de consumo, una dinámica en que, como desde hace siglos, hay un interés por las formas y la transformación del espacio. Sin embargo, la razón por la que ahora se busca esa transformación es diferente, y es precisamente la avidez por experiencias para mostrar, la turistificación del espacio que mueve mareas de personas entre sitios de interés, uno tras otro, sin más motivo que el consumo rápido.

Se crea una intervención en el espacio, una especie de instalación con la que interactúan los visitantes, como es el caso del Burning man (Hombre en llamas). De siete días de duración, el festival se realiza en Nevada, Estados Unidos. Black Rock City es el nombre de aquella ciudad no oficial y temporal, construida únicamente para el evento; resaltan en ella esculturas gigantescas, construcciones e instalaciones temporales.

Geordie Van Der Bosch, uno de los diseñadores del templo central de Black Rock City, se inspiró en las puertas de Torii del Santuario Fushimi Inari en Japón. El arquitecto Arthur Mamou-Mani, en la edición de 2018, realizó un pabellón en forma de espiral que se unía en un punto central con armaduras triangulares. Sólo mencionando algunas de las intervenciones en el gran espacio que es el desierto de Nevada, queda claro que el Burning Man hace gran uso de la arquitectura efímera para convertirse en todo un acontecimiento.

Lo que aportan este tipo de estructuras son ideas que se pueden implementar luego en la arquitectura tradicional; son una especie de experimento con el que se prueban nuevos materiales y su sostenibilidad, una puerta de entrada a la creatividad.

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