Procrastinación
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Procrastinación

Dejar para mañana lo que se puede resolver hoy

Ilustración de portada: Foto: Behance / Mira Maia

¿Quién supondría que levantarse del escritorio, salir del centro de trabajo y dar un paseo momentáneo sin sentido, para disipar las ideas, es una técnica para reducir la postergación de alguna tarea establecida? Y es que, a decir de los estudiosos, la acumulación de asignaciones laborales puede ser una de las tantas causas de la procrastinación, una palabra que, al analizar su significado y alcance, resulta que describe la actitud frente al trabajo de la gran mayoría de las personas.

Procrastinar proviene del latín y expresa la acción de aplazar algo que debe realizarse de inmediato, dejarlo para más adelante, posponer para mañana cualquiera actividad. Su explicación etimológica comienza con el prefijo pro (adelante), y continúa con la voz cuyo origen es el adverbio cras (mañana) del que algunas publicaciones remontan su origen al siglo III de nuestro tiempo, cuando el comandante romano Capadocia, atraído por la fe cristiana, era distraído por el crascitar de un cuervo; es decir, el graznido del ave de plumaje tornasolado. La leyenda asegura que Capadocia no se dejó influir por el cuervo, aunque su voz trascendió hasta nuestros días. No sólo la voz, sino el comportamiento.

Los estudiosos de la conducta humana aseguran que yo procrastino, tú procrastinas, él, ellos y ellas también procrastinan; y quien pretende ser perfeccionista o soñador, lo es solamente para aplazar sus tareas. Podría entenderse que la procrastinación es propia de las personas que buscan generar conflictos al ignorar quehaceres importantes y ejecutarlos en la víspera de su hora de entrega, pero resulta que los atormentados, los desafiantes, los que se saturan de tareas, asimismo procrastinan.

IMPOSIBILIDAD PARA TOMAR DECISIONES

Los psicólogos Ángela Hsin Chun Chu y Jin Nam Choi de las universidades de Columbia de Nueva York y de McGill de Montreal, Canadá, respectivamente, proponen dos tipos de procrastinación: la tradicional y la activa. La primera de ellas resulta cuando la persona, sin tener la intención de postergar una tarea, lo hace porque no puede tomar decisiones rápidas. En el segundo caso se refiere a la suspensión programada de la tarea principal, para enfocarse en otras, definición que alivia un poco a cierto tipo de procrastinadores.

Los procrastinadores pasivos abordan sus pendientes de forma más pesimista. Foto: Behance / Katya Tikhova

Los profesionales “han considerado durante mucho tiempo la procrastinación como un comportamiento disfuncional con el cual se perjudica a sí mismo”, escribieron Hsin Chun y Nam Choi en su artículo científico Rethinking procrastination: Positive effects of “activ” procrastination behavior on attitudes and performance. Con su investigación pretenden demostrar que el aplazamiento de algunas tareas no es negativo, por el contrario, ya que los procrastinadores activos “prefieren trabajar bajo presión, por ello toman decisiones deliberadas para posponer las cosas”; es decir, hacen uso intencional del tiempo, lo controlan, son autosuficientes. En resumen, es un “estilo de afrontamiento donde se obtienen resultados que incluyen el desempeño académico”. (¿Cuántas veces han escuchado los profesores a sus alumnos asegurar que trabajan mejor bajo presión?, por eso dejan hasta el último minuto la realización de las tareas).

Es precisamente en el ámbito educativo donde más se han enfocado los estudios sobre la procrastinación, aunque en los adultos también existen estos comportamientos. En los jóvenes estudiantes, las distracciones en las redes sociales se han convertido en uno de los factores destacables: el tiempo desmedido dedicado al Internet además afecta las conductas del sueño, se duerme menos, no se descansa; se invierten demasiadas horas a las redes sociales virtuales y menos a las tareas escolares.

La procrastinación puede generar serias consecuencias, particularmente en los estudiantes universitarios, cuya vida se caracteriza por aplazamientos constantes”, refieren los especialistas. Y aunque este comportamiento se califica constantemente como un aspecto negativo que deriva en estrés, atribuido a los perezosos; por el contrario también se considera que puede inducir algunos beneficios a corto plazo.

Cuando se acerca la fecha límite de entrega, los procrastinadores pasivos se vuelven pesimistas en su perspectiva, especialmente sobre su capacidad para lograr resultados satisfactorios. Sus pensamientos de duda y el sentimiento de insuficiencia aumentan las posibilidades de fracaso e inducen sentimientos de culpa y depresión”; en cambio los procrastinadores activos trabajan bajo presión: “Se sienten desafiados y motivados, y ese sentimiento los inmuniza contra el tipo de sufrimiento común en los pasivos”. Son diferentes engranajes los que operan en ambas actitudes.

Los procrastinadores activos se sienten motivados a trabajar bajo presión. Foto: Behance / Kati Szilagyi

EL TIEMPO, ELEMENTO CLAVE

Entre las causas de la procrastinación, Chun Chu y Nam Choi destacan la ineficiente administración del tiempo sobre la actitud negativa del individuo. El manejo efectivo del tiempo, la estructuración de las tareas durante el día, así como la definición de un propósito, son posibles respuestas para atenuar la postergación de las obligaciones. “Definir la meta al final del día y la estructuración en el uso del tiempo, favorecen el bienestar psicológico y generan hábitos de estudio más eficientes”, escribieron los maestros.

En las conclusiones del artículo científico, los catedráticos proponen atribuciones positivas a la procrastinación, ya que “los resultados obligan a la necesidad de romper la visión de que es un comportamiento poco saludable o improductivo. Deberíamos reorientar la posibilidad de que algunas formas pueden realmente mejorar el bienestar y desempeño de la persona. La procrastinación activa puede ser benéfica o incluso necesaria para personas que trabajan con alta demanda, en entornos impredecibles”, aseguran.

Bajo esta visión, levantarse de vez en cuando del escritorio, distraerse con alguna nimiedad antes de retomar las tareas asignadas, puede beneficiar el desempeño, especialmente si se tiene demasiado trabajo. Asimismo, enfocarse a la resolución de un problema a la vez disminuirá el agobio ocasionado por la postergación, estrés que en muchas ocasiones le roba horas al descanso.

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