¿Sueñas o imaginas?
Nuestro mundo

¿Sueñas o imaginas?

Nuestro Mundo

El terreno de los sueños es nebuloso, es incierto y es volátil. La misma palabra implica retos. Soñar es aceptable porque las grandes realizaciones de la humanidad han empezado siendo sueños, si tomamos la acepción de la palabra que está vinculada a imaginar que algo puede ser posible: los Wright y su deseo de volar, Pasteur y su deseo de curar, Einstein y su deseo de corroborar la teoría de la relatividad.

Dicen ahora los expertos motivadores que para realizar algo hay que soñarlo primero. A mí me gusta más imaginar, porque soñar es un verbo que asociamos a cerrar los ojos, a dormir y a que la mente, la inconsciencia nos lleve a lugares insospechados, surrealistas que solo pertenecen al intrincado mundo onírico; en cambio imaginar implica un esfuerzo, necesitamos el tiempo para construir en un plano secuencia cada imagen de eso que deseamos, anhelamos o esperamos. Creo que cuando dejamos de imaginar un letargo abrumador se apodera de nosotros.

Cuando somos niños imaginamos que somos adultos tomando decisiones, viajando, jugando sin cesar; cuando somos adolescentes la imaginación se vincula a lo que sentimos, al descubrimiento del otro como complemento de vida; cuando somos adultos jóvenes nos imaginamos nuestro futuro académico y laboral que nos permitirá comprometernos en la formación de una familia y así, sucesivamente vamos imaginando la vida de acuerdo con ciertos parámetros establecidos.

Acá lo interesante es que para imaginar no hay más límites que los que nos pongamos nosotros mismos. No así los sueños, que, aunque queramos tener un hermoso, vivificante y esperanzador sueño no depende de nosotros, bueno, hasta donde me alcanza el conocimiento. Sé que desde la ciencia hay miles de experimentos en torno a la manipulación del sueño, hay películas cuyos argumentos van a ello. Imaginen qué lindo sería que hubiera un catálogo de sueños y tú pudieras escoger como ahora mismo eliges las series que verás en las plataformas digitales.

¿Quieres soñar que vuelas y llegas al Shangri-La, donde el tiempo no existe y la vejez no tiene lugar, o prefieres soñar contigo de niño y los juegos que te hacían tan feliz, o bien, prefieres soñar con que conoces a ese personaje importante que te cambiará la vida? En tu catálogo de sueños no existen las pesadillas, ni los vergonzosos momentos en los que te quedas sin ropa, o aquellos donde te relacionas con la persona que consideras más inadecuada en la vida. De acuerdo a lo que quieras soñar es la sustancia que debes aplicar en tu cuerpo y de acuerdo a la intensidad que quieras alcanzar es la dosis.

¿Te das cuenta? Yo no estoy soñando cuando escribo estos supuestos, estoy imaginando, si fuera una gran científica seguramente sería el germen que daría paso a investigaciones que concluyeran en un acercamiento a la realización de lo que imaginé.

El sueño puede ocurrir o no, sucede que muchas de las veces ni si quera recordamos lo que soñamos, o lo hacemos en el primer instante en que abrimos los ojos y luego se pierde en un espacio desconocido y es como si nunca hubiéramos soñado. Quizá por eso, reitero, me gusta más el concepto de imaginar.

Nadie lo ha expuesto tan bien como John Lennon en lo que ya es un himno generacional: Imagina a toda la gente, viviendo el presente… imagina a toda la gente viviendo la vida en paz. Alguien más compartió de una manera magistral lo que imaginaba, Martin Luther King, en su famoso discurso de I have a dream, sin embargo, al mismo tiempo que soñaba, imaginaba. Él imaginó lo que decía: “Tengo un sueño: que un día esta nación se pondrá en pie y realizará el verdadero significado de su credo: que los hombres han sido creados iguales”. Luego describe una escena donde los esclavos y los hijos de los esclavistas se sientan juntos a la mesa sobre las colinas rojas de Georgia, entonces ¿es un sueño o es la imaginación en acción?

Seguro pensarás que es una discusión pueril definir si es sueño o es imaginación, lo acepto, pero yo creo que la fuerza de la imaginación es suprior a la de un sueño que al evocarlo ni si quiera somos capaces de hacerlo con certidumbre. Vivamos imaginando y que la imaginación se convierta en experiencia de vida.

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