Mentefactura
Reportaje

Mentefactura

La creatividad e intelecto como halo de la economía

¿Cuál es el cálculo de la innovación? El cálculo de la innovación es muy simple: conocimiento genera innovación. Innovación genera productividad. Productividad genera crecimiento económico.

William Brody

Corría el año 2015 y la revista Forbes nombró a Elizabeth Holmes como la millonaria self-made (hecha a sí misma) más joven. Holmes era la fundadora y CEO de la compañía Theranos. Su ascenso en el mundo de los negocios fue meteórico. Su empresa llegó a ser valuada en nueve mil millones de dólares. Pero así como logró amasar una fortuna con una velocidad vertiginosa, también la perdió en un santiamén. Para 2016, Theranos valía exactamente cero dólares.

¿Qué ofreció Holmes que disuadió a tantas personas para que invirtieran en su compañía? Les presentó nada más y nada menos que una idea extraordinaria: una pequeña caja llamada Edison que supuestamente era capaz de realizar toda clase de pruebas médicas con sólo una gota de sangre que se podía obtener de la punta de un dedo. Un laboratorio portátil que hubiera dado un vuelco al sector de la tecnología médica. Imaginemos que este aparato hubiera existido. El mundo como lo conocemos hoy sería otro por completo. Y es que Edison no sólo era un producto, sino un servicio, uno personalizado y al alcance de millones de personas. Justo ahora hubiera sido una herramienta utilísima contra la pandemia de coronavirus que ya ha flagelado a la humanidad por más de un año.

La intuición de cualquiera advierte, sin saber los pormenores, que Edison era un invento imposible. Automatizar tantas pruebas médicas en tan poco espacio es una idea que corresponde al terreno de la ciencia ficción. A fin de cuentas, Holmes, además de perder su empresa, fue acusada de fraude. Su sueño de ser como los grandes empresarios de Silicon Valley jamás llegó a materializarse. Sin embargo, valga este estrambótico caso para acentuar un hecho irrefutable: las ideas tienen un poder y un potencial inconmensurables. Tanto así que hubo personas muy poderosas que creyeron en Theranos. Hasta el actual presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, llegó a expresarle comentarios laudatorios en cámara.

Las ideas nuevas siempre han sido esenciales para el crecimiento económico, pero esta certeza se ha vuelto cada vez más importante. Hay quienes han entendido lo anterior y se han aventurado a la innovación. Ahí tenemos los ejemplos más obvios pero ineludibles como Elon Musk y Steve Jobs (quien, dicho sea de paso, era imitado por Holmes hasta el punto de la parodia). Pero más que centrarnos aquí en estas figuras, nos enfocaremos más en lo que permitió que se alzaran como personalidades clave de la innovación. Ambos tuvieron la oportunidad de desarrollar sus capacidades intelectuales en un entorno que les fue favorable. Un paradigma indicado es capaz de generar resultados sobresalientes.

México es una economía altamente dependiente de otros países. Sobre todo, por supuesto, de nuestro vecino del norte, Estados Unidos. Somos, ente otras cosas, un país manufacturero. Al respecto, el economista estadounidense Paul Krugman ha dicho lo siguiente: “México claramente se beneficia al producir toda una gama de componentes para la industria manufacturera de Estados Unidos y Canadá, y al obtener, a la vez, componentes de ellos. Hasta cierto punto, las industrias estadounidenses compiten contra terceros, por lo que la fabricación de automóviles en Estados Unidos es más competitiva con Japón y Europa de lo que sería sin la capacidad de obtener varios recursos de México”.

México es la cuarta nación en el mundo que más importa robots industriales. Foto: El Universal

La revista Forbes preveía que para 2018 México sería una “potencia manufacurera”. En aquel entonces era el octavo país a nivel mundial con ese tipo de industria y fue invitado por Alemania a la Feria de Hannover, el evento de industria y manufactura más importante del planeta. Lo anterior, es innegable, posee aspectos positivos. Nuestra economía dispone aquí de un terreno sólido, pero hay más que tomar en cuenta.

La misma Forbes también señala que México es la cuarta nación en el mundo que importa robots industriales. Por otro lado, en el campo de los cobots se encuentra en pañales. Los cobots son robots colaborativos, los cuales pueden interactuar con personas en el trabajo. Es decir, nos encontramos atrasados en cuanto a la digitalización de nuestro entorno. Y podemos ir más allá: estamos más atrasados en lo que se refiere a una economía basada en el conocimiento y la innovación. ¿El motivo? No nos hemos planteado un paradigma diferente. No estamos siquiera acostumbrados a concebir el trabajo como una cuestión que dependa en su mayoría de una actividad mental. Nuestra concepción del trabajo se asocia más con acciones físicas y repetitivas.

México podría encaminarse a la adopción de una nueva forma de hacer las cosas. Podría adoptar la llamada mentefactura. El concepto apunta a una economía en la que México se convertiría en un país que se enfoca en el valor agregado que crea, que innova, en lugar de ser uno que sólo se avoca a los sectores primarios y secundarios. La mentefectura tiene la vista puesta en las posibilidades que ofrece el futuro. Existe un terreno fértil en el que se privilegia el trabajo intelectual y que ha dado resultados extraordinarios. Otros países ya llevan la delantera en esta forma de hacer las cosas. Muchas de las innovaciones tecnológicas que disfrutamos hoy en día son producto de la mentefactura. Algunas de ellas, en el pasado, fueron consideradas imposibles. Así como hubo una Elizabeth Holmes que ofreció una idea irreal, ha habido otros que han concretado proyectos deslumbrantes. La prueba está en el teléfono que te cabe en la mano y con el cual puedes realizar una infinidad de actividades.

El futuro no va a esperar a ningún país. Es crucial determinar si seguiremos con el mismo paradigma de siempre o cambiarlo. Sobre todo ahora que el gobierno federal se ha empeñado en vulnerar las actividades relacionadas con el conocimiento y la creatividad.

DE LA MANUFACTURA A LA MENTEFACTURA

El neologismo mentefactura se le atribuye a Juan José Goñi Zabala. Consiste en la unión de las palabras mente y factura. Ésta última viene del latín y significa “creación, resultado de un trabajo, hecho”. Así, podría decirse, por ejemplo, que la mentefactura es una “creación de la mente” o el “resultado de un trabajo mental”. Esto se contrapone, por supuesto, al concepto de manufactura, que viene a significar “creado o hecho con la mano”.

Foto: Dribbble / Chiara Vercesi

Goñi nació en San Sebastián y cursó la carrera de Ingeniería Superior Industrial en la Universidad de Navarra. La concluyó en 1973 y realizó la Tesis Doctoral en el 2001 sobre un Modelo de Innovación para la Empresa. Según afirma, la mentefactura cambió en el modelo productivo, “la capacidad de idear, pensar e interactuar” en los trabajos. La conceptualización de este nuevo modelo es de un valor ingente y descansa en gran medida en el libro Mentefactura: el cambio del modelo productivo. Innovar sobre intangibles del trabajo y la empresa del mismo Goñi y que fue publicado en 2012. Disponer de términos claros, sin embargo, no impidió que desde antes, en diferentes latitudes del orbe, se comenzara a impulsar la mentefectura.

Existen naciones que se encontraban en una situación muy precaria hasta que optaron por dar un golpe de timón a su economía cuando decidieron hacer las cosas de forma diferente. Ahí está el caso de Corea del Sur. Este país asiático, ahora perteneciente a los llamados “tigres asiáticos”, solía dedicarse principalmente a la agricultura. Casi seis décadas después llegó a convertirse en una de las grandes potencias económicas del mundo. Pero no sólo eso, sino que además es considerado un país innovador (he aquí de nuevo esta palabra clave). Apenas este pasado 2020, apareció en el segundo lugar en el índice de innovación de Bloomberg, sólo por detrás de Alemania.

De acuerdo con el artículo de la revista Nature, Cómo Corea del Sur se hizo a sí misma un líder global en innovación, la nación asiática ha hecho un trabajo sobresaliente en investigación y desarrollo. En otros términos, se ha orientado a marcar su propio rumbo a través de la generación de nuevas ideas, en lugar de ser excesivamente dependiente de otros países. Ahora, por ejemplo, es hogar de Samsung, una de las empresas tecnológicas más prestigiosas del globo.

Para que Corea del Sur haya logrado estar en su situación actual, tuvo que cambiar la mentalidad de sus ciudadanos en diversas áreas como, por ejemplo, la educación. Se mejoró la enseñanza y se comenzó a hacer hincapié en la posibilidad de innovar para evitar el estancamiento. En contraste, son bien sabidas las deficiencias de México en materia educativa. Pero, además, se enfrenta a un empantanamiento severo derivado de una forma generalizada de concebir las cosas. En nuestro país, optar por una carrera que privilegie la creatividad es algo casi estigmatizado. Lo que se tiene en más alta estima son las opciones que ofrecen un trabajo con una actividad más concreta y una productividad tangible.

El ejemplo de Corea del Sur como una nación que logró superarse también es útil para demostrar algo: el cambio es inminente. México puede aferrarse a hacer las cosas como antes, pero otros países ya se han decidido a darle importancia a las mentefacturas.

Foto: Dribbble / Folio Illustration Agency

Esta es una razón para hacerles un espacio más amplio en nuestra economía. Para que las empresas se fijen en ellas y, en caso de ser necesario, inviertan en el nuevo modelo que representan. Sin embargo, la consideración de que esto podría ser costoso ha hecho que muchas compañías nacionales se muestren tímidas al respecto o de plano no lo hagan. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), de una muestra de 50 mil 430 empresas a nivel nacional, sólo mil 173 ellas se aventuraron a innovar en bienes o servicios. Por otro lado, 917 estaban colaborando con institutos de investigación, tanto públicos como privados. Por último, 94 se mantenían en contacto con universidades u otras instituciones de educación superior.

La economía es algo que interfiere y afecta nuestras vidas en varios sentidos. Esto es algo que suena obvio, pero en ocasiones no tenemos muy claro la escala de esta realidad. Como ya hemos visto hasta ahora, un cambio de paradigma es capaz de modificar el panorama educativo y laboral de un país. Esto es cierto, en especial, para la mentefactura, debido a que es un abanico de oportunidades para la creación de servicios y bienes intangibles.

Este último concepto tiene implicaciones amplísimas. De acuerdo con el Diccionario de Economía de Graham Bannock, un bien intangible parte de un origen inmaterial, no ocupa un espacio físico. En otras palabras, a fin de cuentas, se trata de ideas. Las marcas, por ejemplo, son un bien intangible, y hay personas que se dedican a mentefecturarlas. Es necesario idear de qué tipo de marca se va a tratar, cuáles serán sus características, cuál será su presentación, a qué audiencia será dirigida.

El ejemplo anterior sólo es una pequeña muestra, las posibilidades abundan cuando se trata de la mentefactura. Existen muchos otros bienes y servicios intangibles, como las creaciones artísticas, las cuales son muy diversas: literarias, visuales, auditivas, cinematográficas, escénicas. Todas ellas son susceptibles de ser contenidas en un objeto, pero el objeto no es lo relevante, sino el contenido, las ideas, las cuales pueden trasladarse, modificarse o replicarse. Las características cobran más relevancia en la actualidad debido a los avances tecnológicos que permiten una mayor difusión, un mayor flujo de ideas. Pero, además, nos topamos aquí con una convergencia entre la mentefactura avocada al arte y la dedicada a la tecnología.

Los avances en esta última área han impulsado la creación, proliferación e intercambio de obras de todo tipo y por múltiples vías. Como ejemplo quizás inevitable tenemos ese inmenso sitio al que se suben 400 horas de video por minuto: YouTube. Las quejas hacia los youtubers son un lugar común. Es fácil encontrarse con acusaciones de que su contenido es pobre. Sin embargo, esta es una apreciación injusta y muy parcial. El número de youtubers es monstruoso y ello implica que existe una gran diversidad. Hay quienes, en efecto, generan videos con un contenido pobre y hasta estéril. Sin embargo, hay otros que han aprovechado el medio audiovisual para generar cosas valiosas y de paso generar grandes cantidades de dinero.

Natalie Wynn, youtuber mejor conocida como Contrapoints. Foto: vanityfair.com

Natalie Wynn, mejor conocida como Contrapoints, es una youtuber que no sólo ha generado contenido. Su trabajo es tan sólido que puede hablarse ya de la auténtica obra de una mente creativa. La labor de Contrapoints ha sido tan destacada que incluso The New Yorker escribió un perfil sobre ella. En su canal ofrece videos críticos, (además de entretenidos) sobre diversos temas sociales (ha tocado cuestiones como la alt-right, la cancel culture o el cringe, por ejemplo). A largo de su carrera como youtuber, es notable cómo ha ido refinando la producción y el contenido de sus videos. Ahora ofrece productos audiovisuales a los que, a todas luces, les ha invertido en lo monetario, pero principalmente en lo referente a lo intelectual y creativo. Hay una evolución que fue impulsada con éxito por la mentefactura.

Contrapoints dista mucho de ser la única creadora que le ha apostado al trabajo que se realiza en su mayoría con la cabeza. Otro ejemplo es el del actor británico Oliver Thorn, dueño del canal Philosophy Tube. Como en el caso Contrapoins, podemos apreciar que Thorn ha mejorado con los años. En sus videos aborda temas muy diversos como la estética, la literatura, la masculinidad, etcétera. Su video titulado Hombres. Abuso. Trauma, fue llamado por Vox como uno de los mejores episodios hechos en 2019, tomando en cuenta piezas de series de grandes estudios.

En uno de sus trabajos más recientes, Thorn habla precisamente sobre el trabajo. Se explaya sobre los empleos que tuvo antes de ser youtuber, los cuales fueron deplorables. Pero no solamente se queda en la queja superficial, sino que indaga con argumentos afilados y documentados. En uno de ellos hacer referencia al antropólogo John Greaber, quien se dedica a analizar trabajos insignificantes y el daño económico y social que ocasionan. Se trata de empleos rutinarios que en realidad no son tan necesarios, pero que siguen siendo vistos con reverencia. Estos trabajos constituyen pérdidas considerables. Hablamos de incontables personas dedicadas a tareas anodinas a lo largo de miles y miles de horas. Volvemos aquí a la negación de las empresas de arriesgarse a innovar. Prefieren continuar por el mismo camino aún y cuando eso represente pérdidas económicas.

Son diversos los temas tocados hasta ahora, pero hay que recordar que la imbricación de diferentes sectores es una consecuencia de cambiar al paradigma de la mentefactura. Y hay entrecruzamientos todavía más inesperados. Una muestra de ello es que para algunos podría resultar difícil concebir una colaboración entre el mundo de la moda y el de los videojuegos. Sin embargo, es algo que ya ha sucedido. Ahí está lo que hizo la prestigiosa casa de moda Balenciaga. Ésta llevó a cabo una pasarela en el videojuego que bautizó como Afterworld: The Age of Tomorrow. El proyecto no sólo fue una ocurrencia superficial para llamar la atención. El videojuego y los diseños de las prendas de vestir fueron hechas con el mismo esmero. Afterworld transcurre en un mundo postapocalíptico en el año 2031 con escenarios que van desde un rave en un bosque hasta una tienda Balenciaga.

Oliver Thorn, creador del canal de YouTube Philosophy Tube. Foto: Twitter / NationalDis

Además de las coincidencias que la mentefacura ha propiciado, también cabe recalcar que tiene la posibilidad de generar resultados exitosos desde diferentes escalas. En otras palabras, tenemos lo que se hace en grandes empresas y lo que puede hacer una sola persona. Corea del Sur es una muestra de una economía beneficiada por compañías que adoptaron la mentefactura. Los youtubers mencionados son prueba de una economía en la que se han integrado participantes cuya principal ventaja es la iniciativa y el capital intelectual.

En ambos casos hay un punto clave: la tecnología. Más específicamente aquella vinculada con la denominada industria 4.0. A ésta también se le llama la Cuarta Revolución Industrial. Se trata de una nueva etapa en la evolución tecnológica y económica de humanidad, y se proyecta que alcance su punto más álgido en la tercera década del presente siglo. La principal columna de la industria 4.0 es la inteligencia artificial. Durante este periodo, la acumulación de datos (big data), los algoritmos y la interconexión serán elementos fundamentales. En otras palabras, lo relevante será aquello que no posee corporalidad y que emanará principalmente del conocimiento.

ECONOMÍA CREATIVA

Si bien la tecnología y el refinamiento de lo virtual juegan un papel preponderante en la mentefactura, también lo es la llamada economía creativa (o economía naranja). La acuñación de este concepto se le atribuye al economista británico John Howkins. En su libro La economía creativa: cómo la gente hace dinero de las ideas, Howkins afirma: “Economía Creativa son actividades en las cuales la creatividad y el capital intelectual son la materia prima para la creación, producción y distribución de bienes y servicios”. Una definición que encaja a la perfección con lo que se ha expuesto hasta el momento.

Si bien ya hemos mencionado algunos tipos de creatividad, existen, por supuesto, muchos otros. Nos ceñiremos aquí a los mencionados por Howkins y que son los siguientes:

La creatividad científica y tecnológica. Para ciertas personas, la creatividad no tiene mucho que ver con estos dos campos del conocimiento y el desarrollo. Pocas cosas tan erróneas como este prejuicio. Ambas áreas dependen del pensamiento creativo para lograr la resolución de problemas. Gracias a ello, a su vez, se logran los constantes avances que modifican e impulsan a nuestras sociedades.

Por otro lado tenemos la creatividad económica y cultural. Aquí tenemos un malentendido parecido al anterior, pues hay quienes no asocian lo económico con lo creativo. Pero, de nuevo, la economía se enfrenta a problemas que debe resolver y la creatividad es una herramienta fundamental. Sobre todo si tomamos en cuenta que la economía no es estática, está en constante movimiento y necesita renovarse. Requiere adaptarse a los nuevos retos que se le presentan.

El patrimonio cultural abarca expresiones creativas como la arqueología. Foto: Behance / Pei-H Chen

A continuación tenemos el llamado patrimonio cultural. Éste abarca las expresiones creativas que se presentan en las artesanías, la arqueología, las celebraciones, los ritos, los festivales y los museos. Hay una auténtica mina de oro en este terreno. Una vasta variedad de ideas que podrían explotarse. De hecho, ha habido intentos desproporcionados, como la ocasión en que Disney, en 2013, intentó “apropiarse” del Día de Muertos cuando desarrollaba la película Coco (2017). La gigantesca compañía terminó por desistir en sus intentos ante las críticas, aunque Coco sí terminó por estrenarse y ser un éxito de taquilla.

Otro ejemplo de apropiación inadecuada la encontramos en lo que han hecho grandes marcas de ropa (tanto nacionales como internacionales) al haber plagiado diseños autóctonos de México. Para el 2019, activistas estimaban que a lo largo de siete años al menos 23 marcas habían robado algún diseño de este tipo. Entre las compañías que se han señalado podemos encontrar a las siguientes: Pineda Covalin, Carolina Herrera, Isabel Marant, Dior, Nestlé, Madewell, Mango, Desigual, Intropia y Zara.

Por último, aunque no por ello menos importante, tenemos el arte (el cual ya se mencionó con anterioridad). Aquí entra todo lo que abarca este concepto que a veces es algo escurridizo: literatura, diseño, pintura, música, teatro, danza, escultura, fotografía, entre otras disciplinas. No está de sobra mencionar que algunos todavía mantienen vivo el estereotipo de que el arte no produce cantidades de dinero importantes y que, por lo tanto, es irrelevante para la economía. La premisa adolece de ser una de esas cosas de las que no nos percatamos por tenerlas tan cerca de nosotros: en la actualidad producimos más arte que en ningún otro punto de la historia de la humanidad.

Antaño el arte era creado y disfrutado sólo por unos cuantos. Únicamente las personas que tenían el poder adquisitivo estaban en la posición de, por ejemplo, mandar a hacer un cuadro para colgarlo en casa. La poesía era sólo para las personas que sabían leer y que antes no eran muchas. Siempre se ha hecho música popular, pero la gran mayoría no estaban en la posición social para acceder a la música de Bach. La situación en nuestros días es otra por completo: millones de individuos alrededor del orbe tienen acceso a toda clase de arte, pero, más importante todavía, cuentan con la posibilidad de hacer arte ellos mismos.

Entonces, ¿por qué esto no parece beneficiar a los artistas? Uno de los motivos más destacables es que el arte es importante para la economía, pero mucho de las ganancias que produce van a parar a personas a las que no les corresponde. Las casas de subastas son famosas por quedarse con una gran tajada de lo que hacen los artistas visuales. Hay pleitos de editoriales que no pagan lo que deberían a sus autores, traductores, correctores de estilo, etcétera. En la música, las disqueras siempre se han distinguido por sus prácticas abusivas. Y ahora hay que sumar la intransigencia de las plataformas de streaming. Un buen número de artistas se han unido para oponerse a la más famosa de ellas, Spotify, la cual se ha caracterizado por pagarle a la gran mayoría de los músicos menos que migajas.

En la actualidad se produce más arte que en ningún otro punto de la historia de la humanidad. Foto: Dribbble / Martyna Szczegielniak

El panorama es, en apariencia, muy adverso. No del todo. Gracias a las iniciativas aventureras hay alternativas creativas para que los artistas tengan la posibilidad de ofrecer su trabajo al público con más facilidades, y sean remunerados de forma más justa. Internet ofrece opciones para nivelar el terreno. Desde hace un tiempo se llevan a cabo las ferias virtuales de arte, una solución que ha ampliado el mercado poniendo el arte al alcance de muchas más personas. Es así que se ha llegado al llamado arte asequible; es decir, que posee la cualidad de ser más fácil de adquirir por las personas.

En la música sobresale la iniciativa de Bandcamp, la cual ha ido adquiriendo mucha fuerza en tiempos recientes. En la plataforma se puede escuchar música, pero también comprarla tanto en formato físico o digital. Bandcamp, a diferencia de Spotify, le da una mayor porción de las ganancias a los músicos. Pero las diferencias no se detienen ahí, Bandcamp ha ido más lejos, le ha dado más valor a su servicio poniendo en marcha ideas más interesantes. Mucho de esto se expone en el artículo de NPR titulado Una historia de dos ecosistemas: sobre Spotify, Bandcamp y el amplio futuro abierto.

Bandcamp ha optado por una generación sumamente cuidada de contenido en su página de Internet y que difunde de manera intensiva en sus redes sociales. Ofrece contenido que resulta estimulante para quien realmente gusta de sumergirse en diferentes expresiones musicales. Como el arte asequible, Bandcamp es una solución perteneciente a la mentefactura que permite a otras mentefacturas difundirse y posicionarse en el mercado.

Hemos abordado la mentefactura en cuanto a su relación con Internet, pero en términos más concretos, ¿qué sucede con la mentefactura en México? ¿Hay alguna intención de incorporar este modelo en algún tipo de producción? La respuesta es afirmativa. En Guanajuato, considerado el núcleo automotriz en el país, por ejemplo, existe un objetivo claro de alcanzar nuevas metas. Al respecto, el gobernador del estado, Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, declaró: "Ya no sólo queremos ser el estado que más coches arma en el país, con nuestras siete armadoras. Queremos ser el estado que diseñe los nuevos coches híbridos, los nuevos motores eléctricos, que le apueste al conocimiento y a la industria 4.0; todo lo que sea innovación y desarrollo tecnológico".

Por otra parte, Novaera es un sistema de parques tecnológicos y de innovación. En éstos se integran todas las partes involucradas en la mentefactura: universidades, empresas, centros de investigación, oficinas de transferencia, incubadoras, promotores, laboratorios nacionales y otras instituciones. Acerca de la mentefactura, Antonio Reus Montaño, presidente del consejo de Novaera, dijo lo siguiente: “Con la manufactura las reglas ya están escritas, mientras que en la mentefactura están para ser escritas y nosotros tenemos la pluma. Esto es un ecosistema vivo y nosotros somos una red”.

Foto: pitchfork.com

Por supuesto, México no es el único país latinoamericano que tiene la vista puesta en la mentefactura. Argentina, cuya economía se encuentra muy vapuleada, ya ha comenzado a darle una oportunidad. Recientemente lanzó la campaña "Usá tu mate. Exportá", la cual consiste en que no solamente se exporten productos, sino que esos productos, además, cuenten con servicios integrados, como una red. O, en otras palabras, darle un valor agregado a lo que se produce más allá de lo material.

Todavía existen algunos países rezagados, pero que al menos ya han comenzado a incorporar el término en el ámbito económico. Esta es la situación en la que se encuentra Bolivia. Ahí, la economista Hael Karina Saucedo Estrada, se ha encargado de darle difusión a la mentefactrua. Sobre el tema expuso lo siguiente en el diario Correo del sur: “Como alternativa de desarrollo para nuestro país están todas las actividades comerciales de índole cultural, las artes y la creatividad simbólica que se encuentran basadas en la mentefactura (conjunto de pensamientos, ideas y de capital intelectual); es decir, un recurso renovable e ilimitado”. También añade lo siguiente: “Es así que Bolivia debe promover un adecuado levantamiento de información constante, confiable y comparable sobre los sectores de la economía creativa y convertirla en una importante herramienta de desarrollo económico”.

La situación de Bolivia nos proporciona espacio para realizar un comentario más sobre la posición de México ante la mentefactura. Por un lado, es obvio que nos encontramos más adelantados. Sin embargo, el cambio no será continuo si no se sostienen ciertas condiciones y se mejoran otras. Ya en 2015, Salvador Flores Ortega, director regional del Conacyt, lanzaba la advertencia de que pasar de la manufactura a mentefactura sería un reto nacional. Estas palabras son más ciertas que nunca debido a que el gobierno de México ha menospreciado el esfuerzo de los científicos y las personas creativas.

EL FUTURO TRAS EL VIRUS

A estas alturas ya sobra decir que la pandemia de COVID-19 va a cambiar al mundo de una manera radical. La economía será una de las áreas más afectadas. La enfermedad esparcida por el mundo ha puesto de relieve que muchos empleos pertenecen a viejos modelos. Asimismo, es evidente que se necesita transitar hacia una forma de hacer las cosas que se apoye, sobre todo, en la actividad mental.

Hasta ahora, de entre las iniciativas mencionadas, algunas ya se han aplicado para hacer frente a la contingencia. Bandcamp, por ejemplo, creó los Bandcamp Fridays en que los artistas reciben de manera íntegra el dinero que generaran cada viernes. En el caso de Guanajuato, en plena pandemia se ha continuado con la promoción de la mentefactura. Participó en la ya mencionada feria de Hannover, la cual tuvo que adaptarse para hacerse de manera virtual.

Según Forbes, México es el país de América Latina que más apoya la modalidad de home office. Foto: Dribbble / Microsoft Design

La realización de actividades a distancia es algo que va de la mano con la mentefactura. El home office ha tenido un auge considerable en nuestro país. Así lo expuso Forbes en octubre del 2020: “Durante este año en México, el home office ha crecido de un 39 por ciento a un 68 por ciento de colaboradores trabajando bajo este esquema, posicionando a nuestro país como la región de América Latina que más apoya esta modalidad de trabajo”.

Es claro que orientarnos hacia la mentefactura conlleva cambios enormes. Como ya se ha expuesto, se trata de un modelo que afecta no sólo la economía, sino también a la educación. Tendríamos que pasar por un proceso de adaptación. Nos veríamos en la necesidad de hacer que nuestro sistema educativo se fortalezca y se especialice en áreas que favorezcan la mentefactura. Algo así se percibe como demasiado arduo, pero también es necesario. La pandemia, si no transforma lo que se hace aquí, sí lo hará en otros países.

En Estados Unidos ya se proyecta cómo será la transición. La Encuesta de los trabajos del futuro muestra que casi la mitad de los trabajadores van a necesitar actualizar sus habilidades para realizar tareas más sofisticadas. El documento también afirma que los empleadores reconocen cada vez más el valor de invertir en el desarrollo de sus trabajadores.

Reorganizarnos es clave para el establecimiento de la mentefactura. Como afirma Goñi: “Más allá de los sectores primario, secundario y terciario, tenemos que pensar que el trabajo del futuro está en el conocimiento y las emociones, y eso nos lleva a formas de organización muy distintas”. Realizar este esfuerzo sería una forma eficaz de enfrentarse a la situación actual, la cual es extraordinaria en cuanto a la pérdida de empleos se refiere.

Es, en efecto, un lugar común afirmar que las crisis crean oportunidades. Sin embargo, ello no significa que no sea verdad, especialmente en nuestros días. Tal vez sea tiempo de detenerse en esta idea y sopesarla en lugar de dejarla pasar como algo trillado. Sobre todo ahora que las cosas han comenzado a ocurrir con una considerable velocidad. La pandemia por el coronavirus aceleró cambios que ya se veían venir, que eran a todas luces inevitables. Como afirma el escritor británico Wayne Gerard Trotman: “Una pandemia llevará a un cambio permanente en lo social, económico y cultural. La clave es crear algo bueno de lo malo”.

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