Leos Carax, el enfant terrible del cine francés
Cine

Leos Carax, el enfant terrible del cine francés

Una filmografía de riesgos creativos

Alex Christophe Dupont, un chico francés de 16 años, descubrió el cine al ver una película de Robert Bresson en la televisión que le había prestado su madre. A partir de ese instante, el séptimo arte se convirtió para él en una isla donde podía refugiarse. Al mismo tiempo, tomó consciencia de que alguien tras una cámara le había dado vida a ese mundo que se encontraba al otro lado de la pantalla. La idea de que una persona pudiera dedicarse a eso lo sedujo de inmediato, pues entonces el cine ya no sería solo un refugio, sino un arma para relacionarse con el mundo.

Un año después consiguió una cámara de 16 milímetros para hacer un cortometraje. A los 23 años filmó su primer largometraje, el cual firmó bajo el pseudónimo de Leos Carax. Según el sitio web NW Film Center, es un acrónimo de Alex y Oscar (como el premio de la Academia), que además puede leerse como “Le Oscar à X” (“el Oscar va a X” en francés).

Su ópera prima, Chico conoce a chica (1984), fue considerada por la crítica como el mejor debut de un director francés desde Sin aliento (1960) de Jean-Luc Godard, una de las figuras más prominentes en la historia del cine galo. De inmediato, Carax se ganó el título de enfant terrible por su arriesgado estilo narrativo.

En las siguientes tres décadas, sólo dirigiría cuatro largometrajes más: Mala sangre (1986), Los amantes del Puente Nuevo (1991), Pola X (1999) y Holy Motors (2012). Para alguien cuyo primer contacto con el cine fue un parteaguas inmediato en su vida, parece una filmografía muy corta. Pero es que su relación con la cinematografía ha evolucionado y, además, sus obras se alimentan de estas aparentes contradicciones.

Por ejemplo, el mismo director ha admitido que sus dos primeras películas fueron un homenaje a los cineastas que lo inspiraron en su adolescencia, una especie de “deuda” que sentía la obligación de saldar. Efectivamente, en Chico conoce chica es evidente la influencia de la nouvelle vague: las tomas largas, la edición vanguardista y el final abierto son una reminiscencia de aquella corriente que renovó el cine francés a finales de los cincuenta y durante la década de los sesenta. Mala sangre, por su parte, toma prestados elementos de los thrillers de crimen clásicos.

Sin embargo, en una charla durante el Festival de Locarno de 2012, Carax confesó que le molestaba esa tendencia cinéfila de encontrar referencias en cada escena, a pesar de haber sido puestas ahí a propósito. Prefiere que los filmes sean juzgados desde una mirada más infantil, como si fuera la primera vez que se ve una película. Es así que en Los amantes del Puente Nuevo se sacudió de lo que él llamó una “comodidad cinematográfica” para plantearse un reto que ya no fuera un homenaje al pasado.

Denis Lavant en Mala Sangre (1986). Fotos: bullesdeculture.com

SELLO DE AUTOR

Pero que haya tomado prestadas narrativas de géneros consolidados en sus primeros dos largometrajes, no significa que no sean sumamente personales. De hecho, tanto estos como Los amantes del Puente Nuevo están unidos por un hilo conductor: el amour fou, expresión francesa que significa amor loco; es decir, el equivalente al amor ciego o fatuo que desborda de pasión, pero carece de una intimidad que permita a los personajes conocerse a profundidad.

En los tres filmes, el actor Denis Lavant interpreta a Alex, un joven cuyo objeto de amor le causa una revolución interna que no es capaz de expresar más que con acciones que lo ponen en peligro a él o a los demás.

Cabe aclarar que Alex no es el mismo personaje en las tres historias. En Chico conoce a chica es un aspirante a cineasta, en Mala sangre es un joven criminal y en Los amantes del Puente Nuevo es un indigente. Sin embargo, en los tres casos se trata de un alter ego del director. Basta con mirar la personalidad de Leos Carax en entrevistas para advertir el parecido.

Durante su infancia, Carax llegó a pasar largos periodos de tiempo en silencio, y esto se refleja en todas las variaciones de Alex. Incluso en Mala Sangre lleva el apodo de Langue Pendue (parlanchín) a modo de burla.

A pesar de que Denis Lavant ha interpretado la mayor parte de la filmografía del director francés, nunca han cruzado palabra fuera de los proyectos cinematográficos en que han trabajado juntos. Lo contrario ocurre con las actrices que protagonizaron sus tres primeras obras: tanto Mireille Perrier como Juliette Binoche mantenían una relación sentimental con Carax en el momento en que trabajaron en estas producciones. Los personajes que encarnaron, de hecho, fueron pensados especialmente para ellas. He ahí otro ejemplo de cómo el director vacía su vida personal en sus creaciones.

Y es que, en entrevista para el Walker Art Center, aseguró que simplemente no era capaz de hacer cine sobre algo que no conociera. Para Los amantes del Puente Nuevo ni siquiera intentó retratar a los indigentes de forma realista. “Me tomaría hasta 20 años investigar para hacer un documental sobre la indigencia”, declaró. “Lo que sí puedo hacer es una película sobre la miseria humana”, y fue lo que hizo.

L’AMOUR FOU

Su tercer largometraje transcurre mayormente en el Puente Nuevo de París, Francia, el más viejo de la ciudad. Dos indigentes: el joven Alex y el viejo Hans (Klaus Michael Grüber), pasan ahí las noches aprovechando que la estructura se encuentra cerrada al tráfico por una restauración. Una noche llega Michèle (Juliette Binoche), una ex pintora que se está quedando ciega y carga consigo el recuerdo de una relación sentimental fallida. Alex queda prendado de ella y convence a Hans de que la deje dormir ahí.

Escena de Los amantes del Puente Nuevo (1991). Foto: nwfilmnewsroom.wordpress.com

Michèle y Alex se alcoholizan juntos, se ocultan el uno al otro sus vidas, se agreden mutuamente y comienzan a robar. Ella intenta que él deje los sedantes a los que es adicto, mientras que el chico se vuelve un guía en la cada vez más avanzada ceguera. Ninguna de las dos buenas intenciones resulta: él sigue drogándose a escondidas y cuando se da cuenta de que Michèle es buscada por su familia para operarle la vista, hace todo lo posible para ocultarla y mantenerla ciega.

Pese a la cruda trama, el tono del filme recurre constantemente a lo fantasioso para acentuar el estado interno de los personajes. Por ejemplo, durante la celebración del bicentenario de la Revolución Francesa, los indigentes roban una lancha motorizada a un policía para esquiar en el río, mientras cientos de fuegos artificiales estallan en el cielo. En otra escena, caen ebrios a la calle y, al alejarse la cámara, se observa que la botella de alcohol es del tamaño de ellos.

Estos recursos no son raros en Carax. La premisa de Mala sangre, por sí misma, es una fantasía que rayaría lo ingenuo de no ser porque la producción se hizo durante la época en que la epidemia de SIDA cobraba mayor fuerza en el mundo. Una célula criminal pretende robar el antídoto contra un virus que se esparce rápidamente y sólo ataca a aquellas personas que tienen sexo sin amor, especialmente a los jóvenes.

En la primera escena en que aparece Alex, él y su novia Lise (Julie Delpy) se muestran desnudos en el bosque. Al vestirse y caminar entre los árboles, ninguno de los dos habla. Él se adelanta y llora sin que ella se dé cuenta, acaso porque teme haberla contagiado al no amarla lo suficiente. Al igual que en Los amantes del puente nuevo, se presenta esta incapacidad de expresar afecto sin poner en riesgo la integridad del otro.

Alex desaparece de la vida de Lise para unirse al grupo criminal donde trabajaba su padre, quien ha muerto. Marc (Michel Piccoli), el líder, lo aloja en su casa donde vive con su novia Anna (Juliette Binoche), de quien Alex se enamora. Sin embargo, su poder destructor sigue latente: en una pelea le provoca un ataque cardíaco a Marc, y la joven mujer cae en la desdicha. Sin duda ella guarda cariño por el recién llegado, pero claramente no tiene el mismo interés romántico que él por ella, así como el mismo Alex no pudo corresponderle a Lise.

Leos Carax ya abordaba las dificultades del amor desde su primera película. En Chico conoce a chica, la primera escena muestra cómo Alex es abandonado por su pareja tras haberlo engañado con su único amigo. El joven despechado tira a su supuesto amigo al río y comienza a poner atención a la gente a su alrededor. Se topa con parejas enamoradas y con personas solas como él. Eventualmente nota a una pareja en proceso de ruptura.

Escena de Chico conoce a chica (1984). Foto: slantmagazine.com

La cámara sigue las artimañas de Alex para encontrarse con Mireille (Mireille Perrier), la chica que acaba de ser abandonada. Los toques fantasiosos tampoco faltan aquí: llega a una fiesta con un montón de personajes que van desde un astronauta indiferente, hasta un hombre mudo que da un discurso sobre la incapacidad de comunicación que aqueja a la juventud. En una habitación hay alrededor de una decena de bebés sin ningún tipo de supervisión, hasta que Alex llega y enciende el televisor para distraerlos. Finalmente, en el tercer acto de la película, logra el deseado encuentro con Mireille, con quien pasa el resto de la velada. En ese lapso se hace evidente que el vacío que ambos sienten no basta para lograr una conexión que los salve de su soledad.

Podría decirse que Chico conoce chica aborda las complicaciones para que dos personas logren encontrarse; mientras que Mala sangre plantea las pocas probabilidades de que, una vez logrado el encuentro, los sentimientos sean mutuos. Los amantes del puente nuevo, por su parte, deja claro que, incluso si el amor es correspondido, este puede tergiversarse bajo el lente del egoísmo.

SEGUNDA ETAPA

Transcurrieron ocho años para la filmación de la siguiente película, Pola X. Esto debe, en parte, a que la producción de Los amantes del puente nuevo tuvo múltiples contratiempos, por lo que se extendió a lo largo de tres años. Parte del equipo con el que Carax había trabajado hasta entonces decidió ya no volver al siguiente proyecto. Además, su amigo y productor Alain Dahan, quien lo había acompañado en toda su carrera, falleció.

Esto marcó el fin de una etapa en la trayectoria de Leos Carax. Pola X también tiene como núcleo el amour fou, pero Alex ya no está presente y ni siquiera trabaja en ella Denis Lavant o alguna actriz que el director conociera previamente. Es también su primera y única adaptación de un libro: Pierre o las ambigüedades de Herman Melville (mejor conocido por Moby Dick).

La trama sigue a Pierre (Guillaume Depardieu), un joven burgués próximo a contraer matrimonio y que vive cómodamente con su madre, mientras se dedica a escribir una novela. Un día se le acerca, como si fuera una aparición, una mujer (Yekaterina Golubeva) que le revela que es su media hermana y que ha pasado una vida miserable. En un afán por reivindicarse con ella, Pierre deja a su madre y a su prometida para ir con la mujer a Paris, donde terminan en una casa en la que habita un grupo terrorista. Ahí, la relación de los hermanos avanza hacia el incesto.

Si bien es la película de Carax menos aclamada por la crítica, funge como una transición hacia su último filme, probablemente el más arriesgado y original que ha hecho hasta el momento: Holy Motors.

Uno de los personajes de Mr. Oscar (Denis Lavant) en Holy Motors (2012). Foto: Domestika / txop

Aquí las relaciones amorosas no son el eje de la trama, sino los vínculos entre la tecnología y el ser humano, especialmente en lo referente a la milenaria costumbre que tiene nuestra especie de contar historias. El director resume la trama como “un hombre viajando de vida en vida, en una máquina gigante”.

Denis Lavant vuelve para encarnar a Mr. Oscar, un actor que viaja en una limusina, la cual, dicho sea de paso, se ve notoriamente más amplia por dentro que por fuera. Su chofer Céline (Édith Scob), lo traslada de una cita de actuación a otra, apenas dándole tiempo de vestirse y maquillarse para el siguiente papel dentro del vehículo. Así, Mr. Oscar pasa de ser una anciana limosnera a un alienígena erótico que actúa frente a una pantalla verde. O bien, un sujeto que secuestra a una supermodelo o un papá que se preocupa por su hija adolescente.

Lo interesante es que en ninguna de las citas hay un público o cámaras, tampoco un director. En determinado momento, un hombre se sube a la limusina y le comenta al actor que los espectadores lo notan cansado. Mr. Oscar revela su nostalgia por aquel tiempo en que podía actuar frente a cámaras visibles.

En el Festival de Locarno, cuando se estrenó Holy Motors, Carax admitió que él mismo padece esa nostalgia por las cámaras análogas. Pero no se trata de un sentimiento gratuito. Carax abrazó las nuevas tecnologías al hacer Holy Motors; sin embargo, el retroceso que él ve en la era digital es la falta de riesgos creativos. Por ejemplo, recuerda, antes cada toma era importante porque el carrete cinematográfico implicaba un costo. Ahora se pueden hacer decenas de tomas sin preocupación, porque desecharlas no implica una pérdida.

Hoy en día no se necesita ser un cineasta para hacer cine […] El equipo técnico por sí solo podría hacer una película, y de hecho es lo que muchas veces se hace”, lamenta, haciendo referencia al sistema de Hollywood, donde el cine suele producirse en serie y bajo fórmulas que aseguran el éxito en taquilla, pero que carecen de innovación. La cantidad de papeles que protagoniza Mr. Oscar en Holy Motors podría ser una referencia a esta forma de producción que prioriza la cantidad sobre la calidad.

Este año será estrenada Annette, la sexta entrega en la filmografía de Carax. Será su primer musical y su primera película en inglés, protagonizada por Adam Driver y Marion Cotillard. La producción está respaldada por Amazon, por lo que se espera que esto no haya mermado la creatividad del francés.

Y es que Leos Carax abraza el coraje no sólo para crear, sino para vivir. Queda de manifiesto en sus personajes siempre dispuestos a caer, matar, engañar y amar ciegamente. Tal vez por eso el crítico de cine Roger Ebert decía que al terminar de ver un filme de Carax, el espectador podía estar seguro de haber vivido una experiencia: “Prefiero ver una película así, que mil convencionales”.

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