Del desastre al requetebién
Opinión

Del desastre al requetebién

Jaque Mate

Todos los políticos son pesimistas cuando están en la oposición, pero se vuelven optimistas al llegar al gobierno. Donald Trump habló de una “carnicería” que había devastado a los Estados Unidos durante décadas por el libre comercio, la inmigración y los gobiernos ineptos, pero cuando asumió el poder se vanaglorió de haber encabezado la mejor administración de la historia. Andrés Manuel López Obrador cuestionó a los gobiernos “conservadores” y “neoliberales” que habían empobrecido al país y afirmó que había heredado un desastre en 2018, pero desde que asumió el poder ha afirmado constantemente que vamos muy bien, requetebién.

Así es el lenguaje de los políticos, pero la realidad tiene otros datos. El desempeño de Estados Unidos durante el gobierno de Barack Obama fue bastante positivo, mientras que algunas de las medidas proteccionistas de Trump tuvieron consecuencias adversas. México avanzaba poco, pero avanzaba, durante los gobiernos liberales que empezaron en 1982, mientras que bajo López Obrador ha sufrido un desplome económico y sanitario.

En el período de 1982 a 2018, que el presidente señala como causante de todos los males del país, la tasa de crecimiento de la economía fue de solo dos por ciento anual y la corrupción se convirtió en un cáncer lacerante para la sociedad. Pero como lo señalan las estadísticas disponibles, fue también un período de disminución de la pobreza, de mejor disponibilidad de servicios públicos y de una modernización de las instituciones del Estado. El proceso fue desesperadamente lento, pero constante.

El presidente López Obrador llegó al poder con el deseo de destruir todo lo que habían hecho los gobiernos anteriores. Eliminó el Seguro Popular, el sistema de estancias infantiles y varios programas sociales y económicos que tenían buenos resultados. Fortaleció en cambio algunos esquemas de ayuda directa, como el de adultos mayores, mientras que lanzó varios proyectos muy ambiciosos de inversión pública, como el Tren Maya y la refinería de Dos Bocas.

Los resultados han sido hasta ahora decepcionantes. La economía mexicana ha caído por dos años consecutivos. El desplome de 8.5 por ciento de 2020 ha sido el mayor registrado en la economía mexicana desde 1932. Es en buena medida producto de la pandemia de COVID-19, pero ha sido mayor que el de muchas otras economías del mundo, como la de Estados Unidos, que tuvo una caída de solo 3.5 por ciento. A los efectos de la pandemia se han añadido en México varios errores de política económica que han ahuyentado a la inversión privada; y como esta es siempre mucho mayor que la pública, la caída no se ha podido revertir con los proyectos faraónicos del gobierno.

El presidente López Obrador, que obtuvo el 53 por ciento de los votos en 2018, tiene un mandato claro del electorado para hacer cambios. Está en su derecho de hacerlos y la elevada popularidad que mantiene en las encuestas señala que la población mexicana no se ha cansado de su proyecto. Pero esto no significa que las cosas vayan bien, requetebién.

México ha sido un ejemplo para el mundo en estos tiempos de pandemia, pero de lo que no se debe hacer. Nuestro país tiene algunos de los peores resultados del mundo tanto en términos sanitarios como económicos. El optimismo en las mañaneras puede darle popularidad al presidente, pero no cambia los datos fríos.

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