Año nuevo, ¿normalidad nueva?
Salud

Año nuevo, ¿normalidad nueva?

Replantearse el cuidado de la salud

En las listas de propósitos de año nuevo suelen incluirse objetivos directamente ligados con la salud: hacer ejercicio, bajar de peso, cuidar la alimentación, dejar el cigarro o la bebida.

Marcado el inicio de un nuevo ciclo, es común que las primeras semanas del calendario estrenado incluyan ensayar en la rutina ajustes a nivel físico, mental y social.

Del lado de los asesores sanitarios un consejo recurrente invita a la gente a practicarse un examen físico general o alguna prueba de detección con el fin de encontrar problemas cuando las posibilidades de tratamiento y curación son óptimas.

Cumplir los propósitos salutíferos y seguir el consejo médico del chequeo son tareas más importantes que nunca. El escenario pandémico que consumió el 2020 seguirá (y la estimación no es alarmista) durante todo 2021.

Un objetivo razonable y sumamente valioso que podemos cumplir es: no bajar la guardia. Que ya exista vacuna contra la COVID-19 no significa el regreso de la vieja rutina, no en el corto plazo.

La nueva normalidad se mantendrá entre nosotros y uno de sus principales símbolos, el cubrebocas, será un aliado valioso si es que no deseamos vernos sometidos, una vez más, a otra cara ya conocida de la pandemia: el confinamiento.

De entre los hábitos que ha fomentado la pandemia, destaca el de lavarse las manos con frecuencia (o usar el gel antibacterial).

Si le ha caído el veinte de la importancia de esa acción y ya la realiza en automático, no sólo disminuyen sus opciones de padecer los efectos del virus de nuestros días. Limpiar nuestras herramientas táctiles previene infinidad de infecciones.

Foto: jasonraish.com

CLÁSICOS

Dos clásicos del combate a la enfermedad, la sana distancia y permanecer en casa en la medida de lo posible, todavía no tienen fecha de caducidad. Las multitudes pues, tampoco tienen cabida en el panorama cercano.

Si alguna persona ya se ha cansado de escuchar estas recomendaciones, conviene reparar en que es un mal menor comparado con no escuchar nunca más a un ser querido.

Acotar el margen de acción del virus proveerá beneficios indispensables como el repunte de la actividad económica y, desde luego, de actividades sociales que nos placen.

Regresar a la vieja normalidad, esa que teníamos antes del coronavirus, requiere que la mayoría de la población reciba la vacuna.

Pensando en ello, no parece descabellado aventurar que, en los próximos meses, no se podrá ni viajar al extranjero ni participar de algunas actividades públicas sin antes mostrar un certificado de vacunación.

SISTEMA

El sistema sanitario tiene servidos retos mayúsculos, empezando por la campaña para aplicar el biológico protector.

Vacunar es sólo el principio. Habrá que dar seguimiento a las reacciones que tengan los preparados en la población al menos durante los próximos dos años con el fin de medir tanto su seguridad y eficacia como la inmunidad obtenida, especialmente entre los grupos vulnerables.

Mientras no se alcance la meta de la inmunidad colectiva, el control de la cadena de contagios, los test, el diagnóstico, el rastreo de contactos y la cuarentena de los casos positivos no irán a ningún lado.

Que ya exista vacuna contra la COVID-19 no significa que se deba bajar la guardia. Foto: Unsplash / United Nations

El coronavirus pues, seguirá desafiando al sistema de salud de nuestro país, a la sociedad en general y a nuestra capacidad de resiliencia. Cabe mencionar que existen buenas chances de que la COVID-19 haya llegado para quedarse.

MENTE SANA

La pandemia ocasionó que aumentaran de forma considerable las solicitudes de servicios de salud mental y que, con el virus flotando en el ambiente, disminuyeran las opciones de acceder a atención profesional.

Los males a considerar en este apartado no son un tema menor. Si bien los infectados y los fallecidos pueden contarse, ¿qué hay del dolor y el sufrimiento causado por las pérdidas y la enfermedad?

Las penurias de aquellos que se quedaron sin empleo, fatigaron los ahorros o se sumieron en la precariedad y padecieron hambre son otras aristas de la cuestión. Apuntalar el bienestar emocional y psicológico es otro propósito que nos cura en salud. A lo largo de 2021, superar el desafío que lanzó la COVID-19 exigirá fortaleza mental.

En este rubro continúan siendo válidas recomendaciones como procurar mantenernos activos, de preferencia en tareas productivas y positivas, pasar tiempo con la familia, asear nuestro aspecto y nuestro espacio, cerrar la puerta de la casa y del ser a motivos de ansiedad, a la soledad, a la confusión. Echar un ojo a nuestro interior ayuda a evaluar como nos sentimos.

Si no podemos dormir, si sufrimos dificultad para concentrarnos, si hay pérdida de apetito, quizá sea momento de buscar ayuda profesional.

Sentirse afligido, cargar una preocupación constante, irradiar hostilidad, dejar salir reacciones exageradas ante situaciones que valoramos como negativas son algunos indicadores de que algo no marcha bien. No generar angustia es todo un reto.

Descansar previene afecciones crónicas como la diabetes tipo 2, males cardiovasculares, obesidad y depresión. Foto: theispot.com

Un propósito de año nuevo que llega a sonar raro es el de dormir lo suficiente. No lo eche en saco roto. Descansar previene afecciones crónicas como la diabetes tipo 2, males cardiovasculares, obesidad y depresión. También sirve para controlar el estrés.

ESFUERZO

Alcanzar objetivos que nos trazamos (disminuir tallas, tener más energía, fumar y/o beber menos, etcétera) hace maravillas por la autoestima. No sólo reafirma la confianza en las capacidades propias, impulsa hacia metas más ambiciosas.

Que el aspecto económico indice en varios propósitos de año nuevo es indudable. Sin embargo, el esfuerzo nos recompensa de formas invaluables.

Cuidar lo que comemos, por ejemplo, se ve afectado por un recorte en los ingresos. No obstante, conviene hacerle la lucha e introducir en la dieta viandas saludables.

Por mucho que nos gusten las grasas y azúcares, nada afina el sistema inmunológico y la condición general de una persona como consumir frutas y verduras, lo que puede complementarse con la ingesta de algún suplemento nutricional.

Tres simples actos marcan una diferencia importante: entrarle a la fibra, beber dos litros de agua diarios y dar trámite no a dos ni a tres sino a cinco comidas al día.

Una alimentación equilibrada, donde los productos chatarra no abunden o simplemente desaparezcan, previene muchas afecciones.

Para finalizar, cabe recordar que la pandemia no sólo produjo notas amargas. Del lado positivo nada como destacar los actos de generosidad de gente que ayudó tanto a propios como extraños, así como la actuación de la comunidad científica que produjo vacunas contra el agente nocivo en un plazo cortísimo.

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