Consumo responsable
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Consumo responsable

Ser parte de la cadena de cambio

No es secreto para nadie que el progreso humano ha traído consigo cambios enormes en el mundo, algunos destructivos y casi imposibles de revertir. Mientras más comodidades se suman a la lista, los cambios se hacen más visibles.

El consumo responsable aparece como una manera de hacer frente al panorama actual. Sin librarse de críticas, pone énfasis en el cambio personal para transformar en mayor o menor medida el mundo. La responsabilidad, por supuesto, no es por completo del individuo, pero los patrones de consumo son de suma importancia para transformar el comercio de bienes y servicios.

CAMBIO COLECTIVO

La huella humana posiblemente no se había visto como un problema hasta que la población mundial alcanzó cifras enormes y comenzó a cambiar el rumbo del planeta de maneras mucho más notorias. El daño es irreversible hasta cierto punto, pero será peor si no se hace nada al respecto.

Las razones para poner atención a los productos que consumimos pueden ser variadas. Una de ellas es la salud; por ejemplo, la baja en el consumo de carne puede evitar padecimientos como la hipertensión. A estas preocupaciones se suma el impacto ecológico, el cual se puede disminuir reduciendo los desechos que se dejan en el medio ambiente, los empaques innecesarios; o evitando desechar rápidamente la ropa, dándole una segunda vida para no incentivar la contaminación derivada de su producción o su desuso.

En cuanto a este tipo de consumo, un argumento fuerte en su contra suele ser la división de la responsabilidad en la problemática medioambiental. Si se señala al individuo como el que debe cambiar sus hábitos y ceder a sus comodidades, no se está atacando realmente la raíz del asunto: la verdad incómoda es que el 71 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono a nivel mundial son emitidas por tan sólo 100 empresas.

Ilustración: Behance / Lalalimola

El informe de 2017 de The Carbon Majors Database, advierte no únicamente este dato revelador. Gracias a él se sabe que el 10 por ciento de las personas más ricas emiten el 49 por ciento de las emisiones globales.

De este porcentaje, la mayor parte recae en los países de Europa y en Estados Unidos, principalmente de la industria extractora y generadora. Por mencionar algunos: Shell en Países Bajos, Repsol en España, Total en Francia, Rio Tinto y BP en Inglaterra, OMV en Austria, así como Cloud Peak Energy, NACCO, Hess, Alpha Natural Resources y Vistra Energy (entre otras) en Estados Unidos.

Esta esclarecedora información podría apuntar a que el cambio individual no es importante o que no es posible cambiar al mundo sino forzando a estas empresas a adaptarse. Pero puede también convertirse en un argumento mediante el cual se nos permite no tomar ninguna responsabilidad al respecto y liberarnos de esta preocupación.

Pero el consumo responsable, bien encaminado, no se trata de culpar a las personas comunes, sino, por el contrario, de hacer uso del poder decisivo que tienen para determinar los patrones de consumo.

Es decir, dependiendo de lo que las personas compren y dejen de comprar, es que las empresas se reformulan y ofrecen nuevos productos que podrían ser más amables con el medio ambiente. Se trata de un cambio que no es individual, sino colectivo, y que puede marcar una diferencia.

UN FUTURO INCIERTO

Según lo esperado, la población mundial crecerá alrededor de ocho mil 500 millones de personas en 2030 y nueve mil 700 millones en 2050, y se requeriría el equivalente a tres planetas para proporcionar los recursos naturales necesarios para mantener los estilos de vida actuales, lo anterior según el duodécimo encuentro de Objetivos de Desarrollo Sostenible, una iniciativa de las Naciones Unidas. En 2050, según las activistas al frente de conferencias de TEDx respecto al consumo responsable, la argentina Edelmira Atube y la española Ally Vispo, se estima que habrá más plástico que peces en el mar.

Se estima que dentro de 30 años habrá más plástico que peces en el mar. Foto: Dribbble / Hala Kobrynska

Al menos el tres por ciento del agua en el mundo es potable, de la cual 2.5 por ciento está congelada en la Antártida, el Ártico y los glaciares, lo que deja a la humanidad con un 0.5 por ciento para suplir sus necesidades, misma que se está contaminando a más velocidad de la que la naturaleza logra reciclar y purificarla.

En 2002, los vehículos de combustión interna en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, mantenían una cifra de 550 millones, de los cuales tres cuartas partes pertenecían a vehículos de uso personal.

La presión ha logrado que un porcentaje alto de las 250 empresas más grandes del mundo informen sobre su sostenibilidad, es decir, sobre los cambios que están realizando para la mejora en su responsabilidad ecológica, según los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Lo que indica que el cambio, aunque sea lento, es posible.

EL CAMBIO POSIBLE

En el caso hipotético de que la población mundial usara focos de bajo consumo energético, se ahorrarían hasta 120 mil millones de dólares anuales, lo que se traduciría, por supuesto, en un mejor uso de energía.

El cambio en los patrones de consumo ha hecho posible que existan marcas que avalan una producción circular, es decir, una estrategia que tiene como objetivo reducir la entrada de materiales vírgenes y la producción de desechos, cerrando así los caminos sin salida que sólo generan mayor gasto y mayor utilización de recursos.

La economía circular es un sistema de aprovechamiento de recursos donde se reducen, reutilizan y reciclan los materiales, y los residuos se convierten en materia con un papel activo en su producción. Ciertos bienes de consumo se piensan de esta manera circular, como el llamado Waste To Energy, en que los desechos agrícolas se convierten en generadores de energía sostenible.

Winnow desarrolla medidores inteligentes que determinan qué desechos se pueden reciclar. Foto: Youtube

Algunas compañías de economía circular destacadas en el mundo son la británica Winnow, que desarrolla medidores inteligentes que analizan la basura y determinan qué residuos orgánicos se pueden reutilizar antes de ser desechados. El logro de esta empresa es haber reducido a la mitad el desperdicio de comida en 40 países. Traducido en dinero, el ahorro fue de 25 millones de dólares al año.

DyeCoo, firma holandesa a la que se han asociado marcas como Nike o IKEA, evita la contaminación por desechos tóxicos en la industria textil, con un teñido que no utiliza agua o tinturas de origen químico. A estas empresas se suman Close the Loop, Enerkem, Cambrian Innovation, Lehigh Technologies, entre otras.

Si este tipo de soluciones se ven como un ahorro de materiales y energía que además genera mayores ganancias, entonces el cambio tanto individual como general puede ser un futuro hacia el que la humanidad se mueva lentamente tras mover a cuestas la gran maquinaria que existe detrás de la huella humana.

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