Pérdida del periodo de atención
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Pérdida del periodo de atención

La mente en la marea de la información

Ilustración de portada: José Díaz Castro

Seguramente el lector se ha encontrado con opiniones como “la película es demasiado lenta” o “la publicación tiene mucho texto”, “el video es muy largo”. El consumo de información vía Internet es diferente al de otros medios porque, más que nunca, se incentiva su utilización persistente.

Es el medio más utilizado y, por lo tanto, en el que hay más flujo de información. El usuario se amolda a este tipo de consumo voraz, y esta velocidad ha logrado que el periodo de atención sea cada vez menor.

LA ATENCIÓN EN DISPUTA

La capacidad que tienen los medios de comunicación actuales, sobrepasa con amplio margen a la que tenían los anteriores, incluso en variedad de formatos. Existen tanto videos cortos como podcasts que llegan a durar hasta cuatro horas, o contenido en Facebook e Instagram que sólo se ve en un parpadeo.

Todo aparece al mismo tiempo y pugna por ser el contenido elegido por los usuarios en cada momento libre que tienen. La pregunta es, ¿cómo afecta esto a la mente humana? Uno de los fenómenos más importantes es una baja en el periodo de atención: cada vez podemos concentrarnos por menos tiempo.

En 2015 circuló, con un halo de pesimismo, la noticia de la disminución del periodo de atención de 12 segundos en 2000, a ocho segundos en 2013, según el artículo Attention Span de la web Statistic Brain. Estos datos fueron citados en un informe escrito por el equipo de Información sobre el Consumidor de Microsoft en Canadá y, debido a la repercusión que tiene la marca, se corrió la voz velozmente en medios tan importantes como Time Magazine, USA Today o The New York Times.

La buena noticia es que, según la BBC y la web ELearning Industry, la información tomada por Microsoft con cierto alarmismo no apoya del todo la hipótesis de que el periodo de atención se esté reduciendo de forma general. De hecho, todo indica que esos datos son mera ficción porque no se encuentran tal cual en la fuente citada; aunque sí pueden relacionarse con los periodos de atención con los que se consume el contenido en Internet, más específicamente en redes sociales.

Foto: Behance / Sean McSorley

ATENCIÓN VARIABLE

La catedrática de psicología de la Universidad Abierta Británica, Gemma Briggs, en entrevista con la BBC, considera que la atención no puede ser medida de manera tan tajante o absoluta y que un intervalo de tiempo de concentración no tiene sentido. El nivel de atención será según lo requiera una tarea determinada; cada una es diferente.

En el artículo Atención durante las conferencias: más de diez minutos (2007), de la revista académica Teaching of Psychology, Karen Wilson y James Korn afirman que la capacidad de atención varía, lo que dificulta ofrecer una estimación del tiempo específico en que las personas pueden mantenerla.

El modelo de McKay Sohlberg y Catherin Mateer separa la atención en partes o niveles que requieren distinto grado de concentración, en que la atención enfocada sería el menos profundo. Mediante ella se responde a estímulos externos como cuando, por ejemplo, se ve algo por el rabillo del ojo o nos llaman. La atención sostenida, por el contrario, requiere un enfoque continuo para realizar tareas repetitivas o llevar a cabo instrucciones que ya se han practicado.

A las anteriores se suman la atención selectiva, que requiere de una concentración mayor para ignorar distracciones como el movimiento o el ruido; la atención alternante, en la que es posible un cambio de enfoque para responder a una actividad principal mientras se hace algo más sencillo; y la atención dividida, en la que directamente se realizan distintas tareas que requieren un enfoque parecido a la vez. En estos procesos, el tálamo es la parte del cerebro que ayuda a filtrar la información para una focalizarse en cada tarea.

El problema con los tipos de atención más difíciles de realizar, es que requieren de bastante energía y, de hecho, aunque se ve con buenos ojos en este mundo multitarea, el mantener la concentración es un proceso que se alcanza de poco en poco y que, al realizar varias actividades, puede ser interrumpido. Es decir, cuando se responde a varias necesidades, ninguna de ellas se hace con el esmero total. O, simplemente, se utiliza demasiada energía y tiempo, lo cual es contraproducente.

Controlar la sobreestimulación es vital para no perjudicar los procesos cognitivos. Foto: Behance / Scott Blamer

MULTITASKING Y MUNDO ACTUAL

El peligro real está en los hábitos. Es cierto que la sobreestimulación es un factor que perjudica los procesos cognitivos, principalmente a temprana edad; sin embargo, un correcto uso del Internet en cuanto a la elección de contenidos en un tiempo específico para ello, puede significar algo positivo en adultos, y una mejora en los comportamientos y en el aprendizaje de los niños.

Se dice que los llamados “nativos digitales”, personas que han crecido en un ambiente donde los dispositivos y el Internet ya existían, requieren de una formación y capacitación diferentes para el trabajo, debido a que tienen un periodo de atención distinto y una manera de colaborar que dista de sus predecesores.

Sin embargo, según la British Journal of Educational Technology en El debate de los nativos digitales (2008), no existe evidencia de que los procesos mentales como el aprendizaje o la atención de esta generación hayan cambiado significativamente, si bien el cambio se nota en un mayor uso de tecnologías para el trabajo.

HÁBITOS DE LECTURA

Lo cierto es que, si bien los usuarios de la web pueden mantener la atención en un texto largo, en un libro de bastantes páginas, en una película larga o “lenta”, el consumo de contenidos en Internet requiere cada vez mayor velocidad. En TikTok, los videos son cortos y contienen una enorme capacidad de síntesis con la que cuentan una historia con pocos elementos; Netflix no muestra por default los créditos de la serie que haz visto, sino que nos engancha rápidamente hacia la visualización del siguiente capítulo. El llamado doomscrolling en redes sociales se refiere al consumo compulsivo de contenido, mayormente noticias negativas.

Doomscrolling se refiere al consumo compulsivo de contenido, mayormente noticias negativas. Foto: rd.com

Es una fuerza que empuja los hábitos hacia un mayor consumo de distintos contenidos, pero también a un mundo que puede verse separado de otro tipo de actividades. Uno de los peligros es, por ejemplo, la adicción a estos contenidos que nos arrebataría de otras actividades.

En Novedad y Atención Colectiva (2017), los físicos estadísticos de los Laboratorios Hewlett-Packard en California, Fang Wu y Bernardo Huberman, hablan de la manera en que un contenido noticioso se mantiene en la atención de los usuarios en su conjunto. Aseguran que una noticia tarda 69 minutos en desvanecerse.

En este artículo se habla de la concentración a una escala mayor, por supuesto, posicionando a la atención colectiva como un elemento central para la difusión de ideas. Es decir, que en este nivel, el periodo de atención es crucial y tiene consecuencias más graves; es el caso de la difusión de noticias falsas o teorías conspiratorias.

Los desafíos son grandes, pero es necesario recordar que no se está en una posición paralizante o catastrófica, sino que la atención, como cualquier hábito, es posible entrenarla y mejorarla, un paso a la vez.

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