Cara de liebre
Literatura

Cara de liebre

La narrativa taxidermista de Liliana Blum

Liliana Blum es una taxidermista de las sensaciones y del arte de la anatomía monstruosa. Su prosa corta logra recrear imágenes bellamente imperfectas de lo que implica la violencia, la maldad, el deseo, la obsesión y lo grotesco, aquello que el ser humano intenta esconder a través de lo estético y lo bello.

Nacida en Durango en 1974, a lo largo de su carrera como escritora ha sido galardonada con múltiples becas y premios, entre los que destacan el Premio Nacional de Cuento Mérida Beatriz Espejo en el 2005. Dentro de sus novelas más aclamadas se encuentra Pandora y El monstruo pentápodo. Cara de liebre es su novela más reciente y narra dos historias, la de Tamara Soler e Irlanda Quiroga, mujeres que cargan con un estigma en su piel: la primera un embarazo no deseado y la segunda una cicatriz consecuencia de una cirugía de labio leporino.

EPIDERMIS

Tamara e Irlanda tejen una distorsión de su realidad tal si fuese un complejo sistema cardiovascular. La primera protagonista tiene una visión resignada de su existencia: su trabajo como depiladora no la satisface como persona, rehuye a su oficio de pintora por temor a no ser lo suficientemente buena y además lidia con una metamorfosis que cambia su vida, un embarazo no deseado.

Ilustración: Hessie Ortega

En cambio, la segunda protagonista, Irlanda, concibe su mundo en torno al pasado, aquel cargado de abuso y de miedo. La vida de la maestra fue marcada por la burla y la crueldad desde muy pequeña debido a su ‘defecto’. Como si fuese un carcinoma, ella aparenta una supuesta normalidad cuando en realidad existe una dualidad marcada a través la prosa siniestra y amenazadora de la novela. Las circunstancias la convierten en una cazadora activa de novios ‘sumisos’ para disfrute de sus deseos, incluso a costa de que tenga que privarlos de su libertad. La focalización en el cuerpo humano como objeto de contemplación evoluciona conforme se van desarrollando las vivencias de ambas.

DERMIS

El psicoanalista Didier Anzieu propuso el concepto del Yo-piel, una metáfora para hacer referencia a la función de nuestra piel física y la unión de nuestra psique para poder construir una identidad ante el mundo externo. Según el teórico, el Yo-piel se compone del Yo-corporal y el Yo-psíquico, los cuales van registrando todas las experiencias sensoriales tanto placenteras como dolorosas, las cuales se representan a través de la piel.

Según esta postura, la dermis tiene nueve funciones: sostener el psiquismo (lo cual denomina holding), contener el aparato psíquico, proteger al individuo de las sensaciones, limitar la individualidad y la intersensorialidad, blindar a la persona de una carga libidinal, estimular el tono sensomotor, inscribir las huellas sensoriales dactilares (es decir, el aspecto de nuestra imagen corporal) y dotar de una función de apego a la psique individual.

Ilustración: Hessie Ortega

El énfasis sobre la piel surge al considerarla como el ‘órgano mayor’, además de que es el primer contacto del recién nacido con el mundo. Según dicha postura psicoanalítica, el cutis manifiesta el estado de la psique, enlace que se refleja en Tamara e Irlanda desde una perspectiva hermenéutica: las marcas en su cuerpo las conducen por caminos similares, pero a la vez distan entre sus acciones y su andar por el mundo, como una especie de reacción secundaria ante una dosis de inmunidad.

La piel de Tamara tiene un psiquismo débil fruto de las constantes inseguridades. Su oficio de pintora se encuentra olvidado y es difícil para ella reencontrarse con él; incluso su ocupación actual va ligada con lo corporal y lo sensorial, pues ella es la encargada de depilar las pieles llenas de vello de las personas que quieren cambiar su aspecto físico y su imagen social.

En un café se encuentra con Nick, un hombre lleno de narcisismo que la seduce al aprovecharse de la fragilidad emocional de la joven. El encuentro ocasiona un cambio completo en su vida. Blum describe al sujeto como un artista mediocre que se dedica a tocar en La Cebolla de Cristal, con un aspecto físico antiestético y descuidado, estatura baja, con sobrepeso y alopecia; dentro de ese virus, la única hermosura en su cuerpo son sus ojos azules. El personaje representa un punto de inflexión para ambas mujeres además de convertirse en una obsesión manifestada en dos ventrículos.

Cuando Tamara se percata que está embarazada de Nick, su cuerpo comienza a cambiar, es decir, su piel. Las sensaciones comienzan a deconstruir su cuerpo, los límites de su personalidad se replantean para transformarse en otros. La nueva percepción de sí misma la obliga a reflexionar sobre su Yo, el cual se reformula a través de su arte, es decir, su huella personal la determina en un entorno social. La obsesión se vuelve más grande cuando él niega a su hijo, lo cual provoca que Tamara construya un apego hacia él o, mejor dicho, hacia la imagen que persigue de ese hombre.

Ilustración: Hessie Ortega

HIPODERMIS

A pesar de ser una mujer con un aspecto físico atractivo, la marca de la cicatriz de Irlanda empaña la percepción de su propia corporeidad. Su psique está acorazada y tiene muchas inflexiones que la transforman en una persona que llega al límite. Debido a ello, busca en La Cebolla de cristal presas o novios dóciles para generar nuevas sensaciones que marquen su piel.

La individualidad de la maestra se limita a través de la dermis del otro, en este caso, de Nick, que termina siendo un conejillo de indias para el disfrute de Irlanda. La marca rota de su labio es tatuada en sus víctimas: goza de la tortura, de la aprehensión y de la sexualidad como punto de escape. Blum describe al personaje con un fetichismo hacia la deformidad, la monstruosidad y lo repulsivo. Por medio de esos elementos, Irlanda se complementa a sí misma, la convierten en un ser completo.

Las sensaciones que experimenta la protagonista van de la mano del apego que forma a su condición: la fealdad se transforma en una necesidad, el cuerpo deforme es una vacuna para su Yo, un cuerpo que necesariamente debe terminar inerte para estar realizado. La muerte supone una delimitación de la personalidad y que a la vez permanece oculta. Irlanda carga con dos pieles: aquella que supone ser la ejemplar ante su mundo y la verdad, y aquel cutis con un cuerpo producto de la crueldad y el rechazo por parte de las personas. La obsesión con Nick es a través de lo grotesco en vez de una idealización falsa.

Ambas mujeres se convierten en un reflejo de su psique a través de su piel. En esta obra, Blum hace una oda a la corporeidad fallida y crea una sensación constante de deshumanización a través del cuerpo de sus personajes, todas ellas rotas y torturadas en un envoltorio que no consigue adaptarse por completo a la necesidad de su alma: aquella que, como su cuerpo, nació rota, creció frágil y permanecerá defectuosa.

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