Síndrome de Lázaro
Salud

Síndrome de Lázaro

La falsa declaración de muerte

Cuando se habla sobre resucitar lo primero en lo que se piensa, generalmente, es en la resurrección de Jesucristo. Pero uno de los milagros más destacados que se mencionan en la Biblia es aquel que trata sobre un hombre llamado Lázaro. Jesucristo fue capaz de devolverle la vida cuando fue al sepulcro a verlo, después de que Marta y María (hermanas de Lázaro) le dieron la noticia; habían pasado ya cuatro días del fallecimiento.

Esta historia dio nombre al síndrome de Lázaro en 1993, año del que datan las primeras referencias. Se trata de un fenómeno descrito por Jack G. Bray, profesor del departamento de Anestesiología de la Universidad de South Florida, que hace alusión al caso en el que un paciente recuperó el pulso cinco minutos después de que se dieron por terminadas las maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), es decir, después de haberlo dado por muerto.

Este síndrome ocurre con muy poca frecuencia, lo que ha causado algunos problemas a los expertos que estudian el fenómeno, de modo que determinar por qué se produce exactamente esta “resurrección” en personas aparentemente muertas ha sido una tarea muy complicada. Es un ámbito que se encuentra abierto a nuevas conjeturas.

Con base en lo que se conoce sobre estos casos, se ha señalado en múltiples ocasiones que la causa principal es el proceso de RCP, ya que provoca un aumento de la presión en la zona del pecho, lo que llevaría al paciente hacia un paro cardíaco. Al concluir el RCP y ya certificado el fallecimiento del paciente, la descompresión del pecho podría permitir que el corazón se expanda y vuelva a latir. Otros factores que también se han señalado como posibles causas de este fenómeno son la hiperpotasemia (niveles sanguíneos de potasio plasmático muy elevados) y el excesivo uso de adrenalina durante el proceso de reanimación. También se han reportado casos en los que este síndrome se presenta después del excesivo consumo o abuso de drogas recreativas.

Foto: Behance / Moon Chanpil

Uno de los casos más sonados ocurrió en 2014, en Mississippi, Estados Unidos. Un hombre de setenta y cuatro años de edad cuyo deceso fue certificado por una enfermera al notar la ausencia de pulso. Resucitó un día después en la morgue, dentro de una bolsa para cadáveres. Este acontecimiento, como cualquier otro que esté vinculado a este síndrome, abre una incógnita sobre de qué manera y en qué momento sería ideal certificar el fallecimiento de una persona.

CONTROVERSIA

La certificación del fallecimiento se basó durante mucho tiempo en el corazón y sus latidos; sin embargo, en la actualidad es posible mantener a una persona con vida a pesar de que su respiración se detenga. Por esta razón el cerebro pasó a ser considerado como el órgano fundamental para determinar un deceso; la muerte cerebral sirve para certificar la muerte de alguien.

A pesar de que los casos reportados son pocos, el síndrome de Lázaro plantea cuestiones legales y éticas no sólo referentes al momento de determinar la muerte, sino también en el instante en que las maniobras de reanimación deben ser suspendidas y en el que se debe continuar con los procedimientos post mortem, como la autopsia o donación de órganos.

Es importante señalar que estas cuestiones se toman en cuenta especialmente cuando los pacientes que ‘resucitan’ quedan con secuelas neurológicas. Es recomendable actuar con cautela, prudencia y prevención antes de terminar los procesos de RCP.

Por la gran controversia que ha generado el tema, se recomienda a los profesionales de la salud seguir observando signos vitales en los pacientes antes de certificar su fallecimiento. Esta observación debe efectuarse durante al menos diez minutos después de finalizar el proceso de resucitación cardiopulmonar.

Tras el RCP es necesario observar los signos vitales durante al menos 10 minutos. Fotos: Behance / Rik Oostenbroek

CASOS

El caso descrito por Jack G. Bray, aunque fue el que le dio nombre al síndrome de Lázaro, no es el primero que se documentó. Las primeras referencias datan aproximadamente de 1982 y, desde entonces, se han registrado al menos unas cuarenta más.

Cabe destacar que el fenómeno podría estar infradiagnosticado, es decir, que el paciente que lo padece no es diagnosticado de manera adecuada, posiblemente por falta de información del médico. Entre las razones por las que se considera de tal manera están las creencias culturales y los mitos que catalogan a estos sucesos como milagros, la ocultación y el hecho de que hayan pasado desapercibidos en lugares donde la asistencia médica no tiene un desarrollo muy alto.

Otros casos publicados son: En 1995 se dio a conocer que un paciente retornó de manera espontánea y sin secuelas neurológicas después de sufrir una RCP por hipercaliemia; en 1998 se describe un caso en el que a un paciente se le consideró fallecido a causa de un cuadro multisistémico e infarto cerebral; en 1999, un hombre de 27 años sufrió una RCP por sobredosis de heroína y éxtasis, y después de 25 minutos de reanimación fue declarado muerto. No obstante, un minuto después recuperó el ritmo cardíaco sin sufrir secuelas neurológicas.

Además, una mujer de 18 años de edad intentó suicidarse a través de una sobredosis de hipnóticos. El intento de reanimación fracasó, pero siete minutos después su corazón volvió a latir. Por su parte, una mujer de 94 años sufrió una hemorragia masiva durante el transcurso de una intervención quirúrgica. Después se le realizó el proceso de RCP sin éxito. Entre dos y tres horas después de considerar el proceso finalizado, la paciente recuperó el pulso; sin embargo, 18 días después falleció.

Un paciente con EPOC fue tratado en su domicilio por parada respiratoria. Se le aplicó la RCP durante 30 minutos y, después de diez minutos de finalizar el proceso y con el paciente en asistolia y apnea, recuperó el pulso. Fue trasladado al hospital y 12 días más tarde falleció.

Cerca de la mitad de los pacientes que 'resucitan' fallecen a los pocos días. Foto: Behance / Veronica Huacuja

Algo similar ocurrió a una madre de familia que encontró a su hija de nueve meses de edad con un paro cardiorespiratorio, por lo que ella misma se encargó de realizar las maniobras de RCP. Después llegó el servicio de emergencias y ya en el hospital quedó en asistolia (corazón inactivo). Después de 30 segundos y con graves secuelas neurológicas, recuperó el pulso, pero falleció al paso de unos días. De la misma forma, un niño de tres años ingresó en la unidad de cuidados intensivos por shock séptico que desencadenó una RCP. Cuando el proceso terminó, un minuto después recuperó el pulso, aunque también falleció después de un tiempo.

La mayoría de los casos de este síndrome que están documentados en la literatura médica han tenido lugar en centros hospitalarios y, aproximadamente en el 82 por ciento de ellos, sucede durante los diez minutos posteriores al momento en el que el paciente se da por fallecido. En casi la mitad de los sucesos estos individuos consiguen una buena recuperación neurológica. Sin embargo, en el 55 por ciento los daños neurológicos causados por esta “muerte” momentánea y la ausencia de riego sanguíneo son graves, por lo que muchos de los afectados acaban falleciendo al cabo de unos pocos días, según datos de 2007 del informe British Geriatrics Society.

REPUTACIÓN

A pesar de lo extraño de estos casos, los científicos creen que son más comunes de lo que los estudios sugieren. Es posible que el motivo sea el hecho de que la experiencia profesional del médico que lleva a cabo el proceso de reanimación puede ponerse en duda, o de que estos eventos causen alguna clase de descrédito entre los mismos médicos o hacia el hospital donde laboren. El fenómeno resulta impresionante y desagradable para el personal de salud y, por razones evidentes, para las familias de los pacientes.

Incluso los profesionales de la salud desconocen exactamente por qué ocurre el síndrome de Lázaro. Foto: Behance / Kazuhisa Uragami

Muchos afirman que adoptan una sensación de incomodidad en la que se preguntan si el paciente seguiría vivo al haber continuado con las maniobras de soporte, en lugar de haberlo declarado muerto. Aún no hay evidencia para corroborar o descartar ese pensamiento, además de que el médico se encuentra en una situación en la que no sabe cómo explicar lo que sucedió, perdiendo así la confianza de las familias.

Existen algunos criterios en los que la mayor parte de los médicos y expertos están de acuerdo a la hora de dar por hecho el estado de muerte cerebral, ya que indican los síntomas a tomar en cuenta:

  • Pérdida permanente e irreversible de consciencia y de respuesta a estímulos sensoriales.

  • Ausencia de automatismo respiratorio.

  • Evidencia de daño irreversible del tallo cerebral, manifestado por arreflexia pupilar (ausencia de reflejos en las pupilas), ausencia de movimientos oculares en pruebas vestibulares (detección de movimientos para mantener el equilibrio) y ausencia de respuesta a estímulos nocioceptivos (detección de estímulos potencialmente dañinos contra los tejidos).

Mientras esos signos no sean causados por el efecto de narcóticos, sedantes, barbitúricos o sustancias neurotrópicas, se sugiere practicar estudios como un electroencefalograma que muestre la ausencia total de actividad cerebral.

La confirmación clínica es obligatoria. El diagnóstico de muerte cerebral se establece al demostrar que las funciones hemisféricas y del tallo cerebral han desaparecido. Para esto se deben registrar la apnea y el coma. Si hay algo que agradecer al síndrome de Lázaro, es que representa la importancia de agotar todos los medios clínicos antes de dictaminar la muerte cerebral de un paciente.

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