¿Alguien se acuerda de Rita?
Opinión

¿Alguien se acuerda de Rita?

Miscelánea

Mi libro de cabecera es un revólver y quizá alguna vez al acostarme, en vez de apretar el interruptor de la luz, distraído, me equivoco y aprieto el gatillo.

Un suicida potencial

Se que seré cuestionada y criticada por exponer crudamente la intimidad, por no lavar la ropa sucia en casa. Dirán que soy la hija despechada que no perdona el abandono de su padre y se aprovecha de su nombre para ganar algo. Pero no es el caso” se explica Cecilia, la hija que Rita Macedo tuvo con Carlos Fuentes. Una niña muy querida en quien su padre puso todas sus complacencias como lo prueban las fotos y los graciosos dibujos con que Carlos, viajero imparable, ilustraba las cartas a su niña.

La publicación de Mujer en papel, memorias inconclusas de Rita Macedo; me conmovió especialmente porque en los años noventas del siglo pasado, Rita se acercó a nuestro taller intentando escribir sus memorias. Por entonces era ya una hermosa mujer mayor: piel de seda y un aire misterioso. Después de una infancia desgraciada siempre en internados, a los dieciocho años se casó en un primer matrimonio con Luis de Llano, un joven españolito ¡ah! porque eso sí, desde niña me enseñaron que “casarse con un alemán, es lo mejor a lo que puede aspirar una muchacha. En segunda instancia, un español es un marido deseable… y de perdida, pues aunque sea un mexicano”.

Apenas y hubo tiempo para que nacieran los pequeños Luis De Llano y Julisa, antes de que el matrimonio de la joven pareja acabara en divorcio. Rita aspiraba a ser actriz, le gustaba la farándula, la vida nocturna y los acompañantes generosos. Era la época de oro del cine nacional y Rita encontró algunas buenas oportunidades: Nazarín, Rosenda, Ensayo de un crimen (Luis Buñuel, 1955), La maldición de la Llorona (Rafael Baledón, 1963) y su cinta más memorable; El castillo de la pureza (Arturo Ripstein, 1973).

Por razones que ni ella misma se explica, Rita reincide en el matrimonio con un tal Palomino del que pronto se aburre y vuelve a divorciarse. Sigue la carrera de hombres y películas hasta que a finales de 1956 para bien o para mal, apareció en su vida Carlos Fuentes. El iba a cumplir 28 años, la actriz 32. La atracción fue inmediata: “En ese instante quedé petrificada, fulminada, loca de amor por él” Pero resulta que Fuentes quien por entonces comenzaba con cierto éxito el camino de las letras y con quien Rita reincide en el matrimonio; es un joven caprichoso, cinico y desleal. México le quedaba chico y muy pronto quiso vivir en Europa. Desde Paris, Londres, Italia, Carlos pedía a Rita (quien por su trabajo no siempre podía seguirle el paso) le contara las novedades desde la tierra maldita de los aztecas. “Yo debía recordar que nosotros ya habíamos salido de Kafkahuamilpa , donde los aztecas debían joderse solos, cuenta Rita. Y así transcurre la vida. De nuevo el divorcio, la soledad, la pérdida de la juventud y una profunda depresión hasta que una mañana se presentó en la oficina de su hijo Luis de Llano: “Vengo a despedirme”, le dijo. “Como en diversas ocasiones había mencionado que se pegaría un tiro, yo ya le había dicho que no lo hiciera dentro de la casa pues yo tendría que seguir viviendo ahí”; cuenta su hija Cecilia; así que Rita muy obediente, tomó una pistola que no se bien de dónde sacó, se dirigió a su automóvil estacionado afuera de la casa y se disparó. Obviamente Rita no regresó al taller y sus memorias inconclusas tardaron diecinueve años en aparecer. Sentimientos encontrados, enojo, y las memorias quedan olvidadas hasta el 2020 en que en un acto de coraje, su hija Cecilia las publica con esta introducción: Má, aquí va…Tu historia, tu orgullo… te lo debía… te lo mereces y que pase lo que pase. Cecilia Fuentes.

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