Pandemia, agua y elecciones
Nuestro mundo

Pandemia, agua y elecciones

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Mucho se recomienda el aseo de las manos desde el comienzo de esta larga época de pandemia de coronavirus-19. Pero la mayor parte del día por diversos rumbos de Torreón (y en poblaciones vecinas, por lo que se sabe a través de las noticias en los medios de comunicación masiva), es desesperante la falta de agua, lo que dificulta y hasta impide seguir la recomendación oficial. La pandemia exige que dispongamos de más agua.

El agua falta no sólo para lavarse las manos, se carece de ella para bañarse, para lavar los trastes, para preparar los alimentos, para asear la casa, para cuando se acciona la palanca o el botón de la taza que se lleva la inmundicia al drenaje y las consecuencias de la insuficiencia de este servicio es la insalubridad, el gasto extra de dinero al conseguir agua donde la haya, la confirmación de la ineptitud de los gobiernos, la desesperación, el enojo, la frustración y, lo peor, la resignación.

La resignación lleva a la indolencia, a la apatía, a la dejadez, a la abulia y así puede llegar a pensarse en que por ello los gobiernos no resuelven el problema. La dejadez, la abulia son vicios que los gobiernos a quienes no les interesa el pueblo dejan que se propaguen porque la apatía ciudadana les permite permanecer en el poder y allí hacer lo que se les antoja, lo que no incluye servir a la comunidad.

El problema del agua es grave y la pandemia ha incrementado su peso sobre la sociedad. Sería larga y rica de detalles la crónica que se escribiera acerca de la carencia de agua en un día de Torreón. Por lo demás, la privación de agua no es nueva. En el rumbo donde vivo, una colonia popular, se resiente desde la década de los setentas. Cerca de cuarenta años han pasado sin que las administraciones municipales cumplan proporcionando ese servicio elemental.

A la fecha, el agua que surte la red general sólo sube a las llaves que no estén a más de un metro de altura, pero apenas durante un horario corto, más o menos entre las ocho y las diez de la mañana. Lo que no se hizo con agua de la llave antes de las diez de la mañana, más o menos, ya no se puede efectuar. El resto del día no fluye el agua necesaria para lavarse las manos ni para cualquier otra forma de aseo.

A veces cavilo sobre el encargado de regular la presión y mentalmente le digo que no toma en cuenta que la población ha crecido y que la presión tal vez sigue siendo la misma, que le abra más; o será que a las diez de la mañana las señoras ya terminaron de dar el desayuno y todas a esa hora se ponen a lavar los trastes y por eso no sube al agua a mis llaves; que las industrias y los negocios que abren más o menos a esa hora chupan el agua que era para el servicio doméstico. La desesperación genera pensamientos absurdos.

Cuestiones como las escritas se deberían hacer llegar a los aspirantes a puestos de elección popular que se la jugaran en los comicios que llegarán dentro de pocas semanas. Los partidos políticos y las organizaciones de la llamada sociedad civil deberían exigir que los candidatos se comprometan en primer lugar a solucionar el vitalísimo problema del agua.

Por su parte, partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos sin pertenencia a colectividades activistas, una vez que los candidatos lleguen a los mullidos sillones del poder deberán continuar con la exigencia y vigilar que se trabaje en la solución del problema. La carencia de agua es muy grave y no se pueden pasar las administraciones toreándolo.

Las campañas políticas en busca del voto ciudadano son inminentes. En la lista de promesas e inquietudes de los candidatos deberá aparecer en primer lugar la preocupación por resolver el problema del agua, la voluntad de dar satisfacción al añejo clamor y a la vieja demanda social por la carencia del agua.

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