Alimentos y deterioro cognitivo
Salud

Alimentos y deterioro cognitivo

Comida que protege las funcionalidades del cerebro

Ilustración de portada: Behance/ Candice ROGER

Los humanos almacenamos gran cantidad de información en el cerebro a lo largo de nuestra vida, en ocasiones ésta se pierde o se olvida. Los factores genéticos juegan un rol importante en el desarrollo del deterioro cognitivo o mental; una manera de minimizar su impacto es mediante cuidados preventivos, tal es el caso de la alimentación.

Hablar de deterioro cognitivo hace referencia al declive de funciones cerebrales y afectación de la memoria, precedido de una pérdida de control emocional y comportamiento social. Presentar deterioro cognitivo puede dar pie a desarrollar demencia. La demencia es un síndrome que implica el deterioro de la memoria, la orientación, la comprensión, el comportamiento, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje, el juicio y la realización de actividades de la vida diaria.

Años atrás se usaba el término demencia senil, pues se creía que era una condición única de las personas mayores. Hoy en día se sabe que no es una consecuencia inevitable del envejecimiento, pues las personas jóvenes también pueden padecerla.

La enfermedad de Alzheimer es un tipo de demencia que se debe principalmente a un trastorno vascular, una circulación deteriorada de la sangre al cerebro que implica al colesterol elevado. Por otro lado, en personas que la padecen, se observa una acumulación de placa alrededor de algunas neuronas. Esa placa está formada por proteínas (placa amiloidea) que no deberían estar ahí. Tanto la acumulación de colesterol como la formación de placa, impiden que el cerebro trabaje de manera normal. Lo que puede ser perjudicial para el corazón, puede ser perjudicial para el cerebro.

MEJOR DIETA, MEJOR CEREBRO

Investigadores de Argentina, México y Uruguay, hicieron pruebas con roedores para recrear formas tempranas del Alzheimer, y compararon su evolución con la de otros roedores controles, para probar si la dieta podía reducir el riesgo de desarrollar esa enfermedad.

La mitad de los animales de cada grupo fue alimentada desde el destete hasta los seis meses con una dieta estándar, y la otra mitad con una dieta rica en grasas y azúcares, conocida como “dieta occidental”. Los roedores pasaron por pruebas de comportamiento que implicaban la memoria y el aprendizaje. Asimismo, los científicos estudiaron el hipocampo, principal zona afectada en este padecimiento y encargada de la memoria.

Foto: Behance / Lucía Reynoso

De acuerdo con la doctora Laura Morelli, la dieta rica en grasa y calorías alteró los mecanismos de defensa de las neuronas de todos los animales y empeoró el aprendizaje y la memoria de muy corto plazo en los que tenían la enfermedad.

La dieta alta en grasas y en azúcares, en combinación con el deterioro causado por el Alzheimer, provocaron que un gen regulador del metabolismo energético no se expresara, es decir, no pudo hacer bien su trabajo para quemar esa energía. Además, se apagó la actividad de otro gen, encargado de la función antioxidante que protege al cerebro y mantiene su buen funcionamiento.

Pese a que la evidencia científica basada en experimentos con animales tiene un bajo nivel de confiabilidad, hay razones importantes para adoptar una dieta balanceada, baja en grasas y azúcares, como una estrategia no farmacológica relevante. El tejido nervioso, debido a su gran contenido de ácidos grasos poliinsaturados, y el hierro, además de ser pobre en enzimas antioxidantes, es blanco fácil de las sustancias prooxidantes. Debido a lo anterior, el Parkinson y otras enfermedades del sistema nervioso, como el Alzheimer, se han relacionado con los radicales libres.

Algunos alimentos que previenen el deterioro cognitivo son:

Aguacate. Es rico en antioxidantes, los cuales suprimen a los radicales libres; contiene ácidos grasos monoinsaturados y folato que previenen el daño neuronal.

Moras azules. Son ricas en bioflavonoides y antocianinas que han demostrado mejorar los procesos cognitivos.

Vegetales de hoja verde. Su consumo retarda el envejecimiento cerebral hasta por 11 años (kale o col rizada, espinaca, lechuga, berro, acelga).

Cacao oscuro u 80 por ciento puro. Es una rica fuente de bioflavonoides, que favorece el crecimiento de neuronas y estimula la circulación sanguínea cerebral.

Té verde o Matcha. Contiene flavonoides que evitan la formación de placa amiloide.

Foto: José Díaz

Té blanco, negro y de hierbabuena. Poseen polifenoles que reducen el riesgo de enfermedades degenerativas.

Café. Sus efectos antiinflamatorios y antioxidantes protegen al cerebro. La cafeína y otros componentes desarrollan mecanismos que promueven el control de la insulina.

Leguminosas. Son ricas en proteína y fibra (lenteja, haba, frijol, garbanzo); se les atribuyen propiedades de longevidad. Consumirlas al menos tres veces a la semana favorece una óptima salud cerebral.

Nueces y semillas. Tienen propiedades antiinflamatorias, son ricas en esteroles y estanoles (reducen el colesterol) y vitamina E. Algunos ejemplos son las semillas de linaza, chía, nuez, cacahuate, semilla de girasol y almendras.

Cereales enteros e integrales. Proporcionan fibra y vitamina E (avena, amaranto, quinoa), asociados con la disminución del daño cognitivo.

Pescado. Ayuda al mantenimiento cerebral debido a la presencia de ácidos grasos omega tres. Algunas fuentes son: el atún blanco, arenque, anchoas, sardinas, trucha y salmón.

Tras seis años de investigación, un equipo de científicos de la Universidad Rush, de Chicago, concluyó que quienes comen pescado al menos una vez por semana presentan un riesgo atenuado de deterioro cognitivo en la vejez. Los resultados de este estudio indican que la tasa de deterioro cognitivo puede llegar a reducirse en un 10 a 13 por ciento en las personas que consumen pescado o mariscos más de una vez por semana, frente a quienes prácticamente nunca los comen.

Cada vez son más las ventajas de tener un estilo de vida que incluya una alimentación saludable. Las necesidades nutrimentales pueden variar de una persona a otra, por ello, es importante consultar con un médico o un nutriólogo antes de hacer cambios radicales en la dieta. Es elemental conocer la historia familiar de demencia y acercarse a un profesional de la salud para un diagnóstico oportuno. La alimentación es uno de los pilares de la salud y cada vez existen más pruebas de ello.

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