Responsabilidad afectiva
Sexualidad

Responsabilidad afectiva

Pensar en el otro y comunicar

Ilustración de portada: Foto: behance / Eunho Lee

Comunicar las emociones de manera asertiva, evitar la agresividad y el chantaje emocional, ser empáticos, entre otras características de una relación saludable, pueden parecer lógicas y darse por sentado.

Una vez que se menciona el concepto de responsabilidad afectiva, da la sensación de que se ha comprendido por completo de qué se trata. Parece explicarse por sí mismo, pero, ¿por qué entonces es un término nuevo? Se entiende como algo importante para las relaciones afectivas, pero su aparente simplicidad excluye lo difícil que ha resultado el aprendizaje a este respecto.

REALISMO AFECTIVO Y RESPONSABILIDAD

La manera en que se perciben las relaciones y lo que se espera de ellas tiene que ver con cómo fuimos educados. El aprendizaje a lo largo de la vida sobre las experiencias afectivas va añadiendo nuevas expectativas.

El afecto es una característica evolutiva dentro del comportamiento humano que está ligada, precisamente, a las maneras en que se forman las relaciones y cómo se mantienen para colaborar y sobrevivir, pero también para generar bienestar psicológico y ofrecer cuidados a los demás.

El humano, como ser social, está intrínsicamente ligado al afecto, a buscarlo, a comportarse de manera respetuosa para ser tomado en cuenta dentro de un grupo. No es casualidad que las personas más sociables sean percibidas como las más confiables (dentro de ciertos estándares, por supuesto).

Es por eso que se requiere una herramienta para “medir” o, por lo menos, tener una referencia respecto a la importante labor del afecto. El realismo afectivo es el fenómeno mediante el cual éste se integra a la experiencia entera de vivir en el mundo. Constantemente el entorno se percibe de modo diferente dependiendo de las experiencias propias del afecto. Si se obtuvo cariño, entonces el mundo parece más benevolente y se tiene la sensación de que el camino no está del todo cuesta arriba.

Según Erika Siegel y Jolie Wormwood, en un artículo de investigación para la Asociación de Ciencias de la Psicología (APS por sus siglas en inglés), el cerebro recibe la información del mundo externo y la traduce en sensaciones del cuerpo. De este modo también se genera la percepción del afecto. Es decir, se percibe el entorno y se generan emociones a partir de él.

Foto: Behance / Emily Wren

Esta percepción se vincula con lo que más interesa ahora: la responsabilidad. Algunos valores importantes para las sociedades de todo el mundo son la honestidad, el respeto y la responsabilidad, mismos que se esperan dentro de una relación amorosa.

DIFICULTADES DEL AFECTO

Comunicar los sentimientos, discutir de manera respetuosa para tomar decisiones, tomar en cuenta al otro, son sólo algunas de las responsabilidades y habilidades sociales que ponen en práctica las personas funcionales y sanas.

La responsabilidad afectiva aparece como un concepto novedoso que merece nuestra atención, pero ¿por qué razón?, si en realidad se habla de comportamientos que forman la base de cualquier relación. De hecho, las ideas expuestas hasta el momento parecen englobar algo bastante simple: no ser un idiota con quien aprecias.

En realidad, la aparición de este término no implica algo nuevo, pero sí señala que no se está tomando en cuenta como debiera, o que siguen siendo muchas las dificultades para llevar a cabo una vida relacional sana.

El componente que trata de poner el dedo en la llaga es la idea de que un vínculo, más que un gusto y un deseo de estar juntos, conlleva la responsabilidad de mantenerlo estable y saludable.

Todo lo anterior se relaciona cercanamente con la autocrítica, ya que una persona carente de ella intentará justificar sus acciones antes de cuestionarlas. Por lo tanto, caerá en más errores que debiliten su relación, y además le será más difícil reconocerlos, pedir disculpas y resolverlos en próximas ocasiones.

Una persona demasiado ególatra, egoísta o narcisista, difícilmente expondrá sus propios errores para discutirlos y mejorar sus vínculos afectivos. Este tipo de personalidades tienden a justificar sus fallas mientras la otra parte de la relación prefiere no abordarlas para no incomodar o causar enojo; siendo que cualquier tema, puesto sobre la mesa con la suficiente claridad y asertividad, puede ser de provecho para que ambos mejoren individualmente y en pareja.

Foto: Behance / Marina González Eme

Por esta razón el célebre sociólogo, psicólogo y filósofo Erich Fromm, advierte en El arte de amar (1956) que la condición fundamental para el logro del amor es la superación del narcisismo.

RESPONSABILIDAD EMOCIONAL

Quienes no se han desarrollado en un entorno saludable ni han cuestionado o desaprendido las conductas que dificultan las relaciones sanas, difícilmente dejarán esos comportamientos.

Lo anterior también se conecta, en buena parte, con los aprendizajes sociales y los roles de género; mismos que suelen, por ejemplo, estigmatizar la separación de un matrimonio que hiere a sus integrantes. Por otra parte, la soledad podría no estar bien vista dependiendo de la edad o el sexo de la persona.

Las relaciones afectivas son vistas como una meta a cumplir, un fin ideal que resuelve los problemas, siendo que, de hecho, con ellas se adquieren nuevas responsabilidades y retos para los que hay que estar listos. Una salud mental mínima es necesaria en el individuo para añadir a su vida una nueva relación.

La responsabilidad emocional atañe a comportamientos, acciones, pensamientos y sentimientos con los cuales es necesario estar en contacto y que involucran a las personas que nos rodean.

La forma de expresar las emociones y la consciencia de cómo pueden afectar a los demás es, precisamente, el inicio de una responsabilidad afectiva. Un término que exige un mayor respeto a aquellos con quienes nos relacionamos, sin importar si se trata de una relación pasajera.

La comunicación es la base de esa responsabilidad. Es pues, una actitud empática que se toma ante las relaciones. Mediante esta se reconoce que las demás personas sienten de la misma manera en que uno lo hace y que se puede dejar huella emocional en cualquiera que forma un vínculo afectivo; que existen formas conscientes y responsables, incluso para terminar una relación de cualquier tipo.

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